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Eco-rally, el hypermiling hecho competición

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Ya hace tiempo que en el mundo del automóvil pega fuerte la afición de sacarle millas al depósito de combustible, tal y como acuñó el término hypermiling el rey de la conducción económica Wayne Gerdes, y esta afición se está revelando como una práctica que engancha y que puede convertirse en poco tiempo en un divertimento más de los que ya forman parte del mundo del Motor y la competición.

Carreras como la Toyota Prius Eco Fun celebrada en 2005 en España, la organizada este año en Reino Unido o el reciente Eco Rally Vasco Navarro son varios ejemplos de esta tendencia al alza, y todo apunta a que en los próximos años los rallies de conducción eficiente serán un elemento más para promover la introducción de los vehículos que consumen menos carburante.

Si tradicionalmente y desde hace más de cien años el reto en competición era llegar el primero consiguiendo un gran registro de tiempo, ahora se añade una variable esencial: reducir el consumo de carburante de forma extrema, y para eso todas las técnicas de conducción eficiente cobran una renovada importancia.

Esto añade un plus de emoción a la carrera. Ya no se trata de llegar a destino, como sucedía a principios del siglo XX. Ya no es tampoco sólo cuestión de llegar el primero, como estamos acostumbrados. Y ni siquiera estamos hablando de hacer buenos tiempos para cada recorrido. Se trata de llegar, llegar el primero, hacer un buen tiempo... y todo eso con la técnica suficiente como para gastar menos que un mechero. Suena difícil, ¿eh?

Display multifunción Toyota Prius

Lógicamente y como en toda competición, el papel de la máquina es relevante, pero también lo es la capacidad técnica del piloto. Y más, cuando hablamos de coches híbridos en los que el papel del conductor no se limita a conocer el comportamiento físico del vehículo o el funcionamiento del motor térmico y del motor eléctrico.

La gracia de los eco-rallies está en saber conjugar todos estos aspectos y sacar el mayor partido posible a la máquina. Va un ejemplo: de cómo conozca el piloto los procesos de carga y descarga de las baterías, e incluso de cómo las someta al trabajo, puede depender que su consumo varíe en algunas décimas de litro por 100 kilómetros.

Y es que ahora ya no hablamos sólo de velocidad, aunque haya que llegar cuanto antes. Y no se trata de dormirse al volante, pero hay que saber ser eficiente. Atrás quedan los estruendos del motor térmico y los malos humos. En el siglo XXI, las carreras se van a llevar a cabo con la misma pasión... pero con parámetros aún más sofisticados. ¿Os lo vais a perder?

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