
Los fabricantes europeos (excepto los que producen poco) tienen la obligación de recortar las emisiones de dióxido de carbono medias de su flota. El cálculo se hace multiplicando las emisiones de cada modelo por las unidades vendidas, dividiendo entre el total de lo que venda el fabricante.
Para 2015 se quiere llegar a una media de 130 gramos/km a nivel de flota. Más de un fabricante ya lo ha conseguido o está muy cerca. Pero para recompensar las innovaciones que reduzcan el consumo, se ha pensado en una bonificación. Esto se acerca más a las posturas de los fabricantes, porque les beneficia.
Por ejemplo, la instalación de unos paneles solares o una microhibridación (Stop&Start) computaría como 7 gramos menos de media a nivel de flota, lo que facilitaría a muchos llegar a ese nivel. Recordemos que los fabricantes que se pasen del límite de 130 tendrán que pagar cuantiosas multas, que ninguno quiere pagar.

La Unión Europea, además de las normas Euro, tiene otro mecanismo para reducir las emisiones de los turismos y vehículos industriales, los topes de CO₂ por flota. Las normas Euro no controlan este gas, sino emisiones más nocias como NOx, CO, partículas e hidrocarburos sin quemar.








