El Land Rover con mejores capacidades todoterreno que ha existido no fue cosa de Land Rover, sino de una empresa especializada en tractores y en maquinaria agrícola.
Nació a finales de los años 50 por una necesidad del gobierno de Reino Unido y Rover acabó dando su visto bueno al proyecto para que se comercializase y pudiera venderse a otros clientes, más allá del gobierno.
No había terreno que se le resistiera
Si piensas en un todoterreno, uno de los coches que más rápido te vendrá a la cabeza es el Land Rover Defender clásico. Es normal, desde que se lanzó en 1948, en ese momento sin el apellido Defender, el 4x4 británico se ganó a pulso una excelente fama en el campo porque era extraordinariamente capaz en cualquier terreno, por eso se vendió durante 70 años y ahora es un icono que no deja de revalorizarse.
No solo ha servido y sirve para llevar a cabo todo tipo de aventuras, incluida la mítica Camel Trophy, sino que también ha sido y es una herramienta fundamental para miles y miles de trabajadores en todo el mundo, de hecho, mucho antes de que el todoterreno se convirtiera en una actividad de ocio, el Land Rover se consideraba una herramienta de trabajo, como un tractor o cualquier otra maquinaria agrícola.
El problema es que el Land Rover no dejaba de ser un coche. Sí, era muy bueno en el campo, pero seguía siendo un coche, al fin y al cabo, por lo que tenía limitaciones cuando el trabajo requería capacidades todoterreno excepcionales.
Es lo que ocurrió a finales de los años 50 en Reino Unido. Después de utilizar durante unos años los primeros Land Rover, en la Comisión Forestal de Reino Unido, un departamento del Gobierno que se encarga de la gestión de los bosques de propiedad pública en Gran Bretaña, se dieron cuenta de que las capacidades del todoterreno británico eran limitadas para sus necesidades.
En ese momento, no existían preparadores todoterreno extremos, como la actual Arctic Trucks, que puede hacer coches para llegar, literalmente, al fin del mundo, así que Reino Unido decidió dejar este asunto en manos de una empresa especializada en maquinaria agrícola: Roadless Traction.
Esta compañía inglesa se fundó en 1919 y se especializó en fabricar tractores y maquinaria agrícola con eficaces sistemas de tracción para circular por cualquier sitio, incluyendo cadenas y semiorugas que se podían acoplar a tractores de varias marcas, además de comercializar sus propios modelos.
Con la ayuda de esta empresa, entre 1958 y 1959, la Comisión Forestal modificó varios Land Rover Serie I y Serie II con el objetivo de crear la herramienta de trabajo que verdaderamente necesitaban para moverse el campo, fuera cual fuera el terreno e hiciera el tiempo que hiciera.
El resultado fue lo que popularmente se conoce como Roadless Land Rover o ‘Forest Rover’, una rarísima versión del todoterreno inglés que parte de la base del Land Rover Series II 109 y que, casi 70 años después de fabricarse, sigue siendo el Land Rover más extremo que ha existido.
Las modificaciones respecto al coche original saltan a la vista: paneles planos en la carrocería que sustituyen a las aletas delanteras, guardabarros de tractor en la parte trasera, suspensiones específicas, ejes especiales de mayor anchura y lo más llamativo: neumáticos de tractor calzados en llantas de 28 pulgadas.
Da igual lo bruto que sea vea cualquier todoterreno preparado para hacer offroad extremo actualmente, este Land Rover es mucho más extremo. La altura libre al suelo creció considerablemente respecto a la del modelo original y con semejantes ruedas y neumáticos podía pasar por cualquier sitio.
Después de hacer un primer prototipo que se quedó la Comisión Forestal, Roadless hizo otro que se envió a la sede de Rover, en Solihull, para que la marca hiciera pruebas y diera su aprobación con el objetivo de que Roadless pudiera validar comercialmente el proyecto.
Las pruebas en Solihull duraron aproximadamente un año y medio, hasta que, en septiembre de 1961, Roadless presentó oficialmente el coche con la luz verde de Rover.
No se sabe cuántas unidades de este todoterreno construyó la empresa británica. Se dice que entre 9 y 20, y al parecer solo han sobrevivido hasta ahora cinco o seis unidades.
Algunos se utilizaron como vehículos de trabajo, como el que compró Central Electricity Generating Board y se utilizó durante años en Gales, otros acabaron y algunas colonias británicas, como las Malvinas e incluso uno llegó a Brasil.
No hubo más unidades porque no tuvo éxito a nivel comercial: era muy caro, era muy grande, tenía una maniobrabilidad complicada, apenas alcanzaba los 48 km/h y sus posibles aplicaciones eran limitadas, existiendo todoterrenos muy capaces, como el propio Land Rover.
Eso no quita que el Forest Rover sea una leyenda y, por supuesto, su cotización no deja de subir. El último que se vendió fue subastado por Tennants Auctioneers en 2022 por 110.000 libras, algo más de 130.000 euros al cambio actual. Si se vendiera algún ejemplar ahora, sería bastante más caro porque el mercado de clásicos y de coches especiales se ha disparado desde entonces.
Imágenes | Tennants Auctioneers
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