China lleva años demostrando ser una potencia a la vanguardia, levantando mastodónticas infraestructuras viales en tiempo récord. Pero también innovando en procedimientos de construcción: por ejemplo literalmente moviendo edificios históricos con robots para concebir un complejo subterráneo sin que sufran daño alguno.
Y siguiendo con los métodos revolucionarios e innovadores, están encapsulando obras enteras dentro de burbujas inflables gigantes. Estas futuristas cúpulas aíslan completamente los trabajos del exterior, para que ruido y polvo no afecten a los vecinos y la vida en la ciudad. Así pueden demoler edificios y reconstruirlos como si la obra no existiera.
Un 90 % menos de polvo y un 80 % menos de ruido
A esta novedosa técnica se recurrió hace unos meses en Jinan, capital de la provincia de Shandong, para construir un nuevo complejo de viviendas. Concretamente en el distrito de Licheng, una densa zona urbana. Además de residencias, la manzana que demolieron al completo estaba junto a una iglesia centenaria y la Universidad de Shandong.
Así, el conocido como Proyecto Honglou 1905 y que recurre a esta inmensa burbuja de quita y pon, protege las fachadas de estos edificios del polvo, el ruido y las vibraciones. Pero sobre todo las obras afectan lo menos posible a residentes y usuarios.
Una burbuja gigantesca y tecnológica, reutilizable. La enorme burbuja hinchable utilizada en Jinan es una membrana presurizada de tamaño gigantesco: de 50 m de alto, 195 m de largo y 108 m de ancho, cubría una zona de 20.000 m2. Se colocó durante la fase de demolición y excavación inicial, las que más afectan en términos de ruido y polvo.
Esta cúpula está concebida en poliéster recubierto de fluoruro de polivinilideno (PVDF): no requiere ni vigas ni columnas, sino que se mantiene en pie mediante un sistema de presión y ventilación continua. Queda anclada al suelo mediante casi 40 gruesos cables de acero. Esto permite que sea reutilizable y además resistente a posibles incendios, tanto por el material de recubrimiento como por su propia configuración estructural.
En el interior de esta mastodóntica burbuja, se equipan sensores de temperatura y presión. Su cometido es el de regular la circulación del aire. Se añaden sistemas de nebulización de agua en los puntos de salida de aire, lo que reduce las partículas en suspensión en comparación con las obras al aire libre.
Adiós al polvo, mucho menos ruido y obras más rápidas. Según las autoridades chinas, este novedoso sistema es capaz de capturar el 90 % de partículas finas de polvo, evitando que lleguen a las calles y fachadas circundantes, además al sistema respiratorio de residentes y viandantes. También aseguran que reduce la contaminación acústica en 40 decibelios (un 80 % respecto a las convencionales).
Si bien se tardan unas 10 horas en inflarla, este sistema permite acortar los tiempos de obra: sostienen que hasta un 20 % menos al poder mantener la actividad de forma continuada y en un entorno completamente controlado que no se ve afectado por las condiciones meteorológicas (lluvia, nieve, viento, etc.).
Un estándar en las obras de China. No solo han recurrido en Jinan a esta inmensa cúpula hinchable para aislar las obras. En Pekín también han utilizado este sistema en unas excavaciones recientes del distrito financiero de Lize. Aunque la burbuja era de menor tamaño, recurría a idéntica tecnología, evitando ruido y polvo en suspensión en las zonas circundantes.
De hecho, el gobierno de la ciudad pretende que esta avanzada y futurista solución sea habitual: ofrece incentivos a las constructoras que adopten esta tecnología para encapsular las obras con enormes membrabas presurizadas.
Imágenes | Gobierno de Jinan
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