Las marcas presumen de coches con control por voz, pero hace 40 años te ponían automáticamente el cinturón de seguridad

  • Era una medida de seguridad que permitía cumplir una normativa

  • Los airbags acabaron imponiéndose

Cinturon
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Álvaro Ruiz

A lo largo de la historia del automóvil, se han inventado todo tipo de cosas. Algunas llegaron para quedarse y otras se han perdido con el paso del tiempo. Entre estas últimas está el cinturón automático.

Fue una solución relativamente popular en Estados Unidos en los años 80. En parte, surgió para mejorar el confort del conductor, pero su objetivo principal era que los fabricantes cumplieran la ley sin gastar tanto dinero.

Con motor eléctrico o con mucho ingenio y sin motores

Durante los años 70 y 80 del siglo XX, la NHTSA estadounidense (un organismo similar a la DGT española) se dio cuenta de que demasiados conductores no utilizaban cinturón de seguridad, por lo que diseñó una normativa para intentar reducir las consecuencias de los accidentes en los que estaban implicados conductores sin el cinto puesto.

En 1984, el Gobierno de EEUU exigía que todos los coches nuevos tuvieran sistemas de protección automática y permitía elegir a los fabricantes entre montar airbags u otros sistemas de protección automática, como los cinturones automáticos. Por ley, los fabricantes debían implantar estas protecciones en todos sus coches progresivamente entre 1987 y 1990.

Esto es lo que provocó que muchos modelos que se vendían en el mercado estadounidense incorporasen cinturón automático durante esos años. No fue tanto por mejorar el confort del conductor, sino por cumplir con la normativa ahorrando dinero porque instalar un cinturón automático era más barato para los fabricantes que montar airbags.

Cada marca era libre de elegir cómo implantar este sistema, así que hubo tres tipos de cinturón automático: motorizado, sin motor y de hombro y cintura. El primero era el más llamativo porque un motor eléctrico se encargaba de mover la parte del cinturón del hombro por un carril y abrocharlo. 

Lo malo es que, en la mayoría de coches, la cinta abdominal seguía siendo manual y muchos conductores no se la abrochaban, por lo que la cadera seguía sin protección en caso de accidente.

En el caso del cinturón automático sin motor, el sistema era igual de ingenioso, aunque no había ningún motor que lo moviera. Sencillamente, estaba diseñado para que el cinturón se abrochase al cerrar la puerta; el propio movimiento de la puerta desplazaba el cinto, sin ayuda eléctrica.

Por último, estaba el cinturón automático más completo: el que abrochaba automáticamente las cintas del hombro y de la cintura. El inconveniente es que en algunos coches no era fácil sentarse en el asiento porque este cinto estorbaba.

Con el paso de los años, el airbag se popularizó e instalarlo en los coches nuevos era cada vez más barato para los fabricantes. Como era un sistema muy eficaz en caso de accidente y no estorbaba tanto como los cinturones automáticos, estos últimos fueron desapareciendo poco a poco para dejar paso a los airbags. A partir de 1998, todos los coches nuevos que se vendían en EEUU tenían que llevar airbags obligatoriamente.

Tampoco jugó a favor de los cinturones automáticos que muchos se rompiesen con relativa frecuencia o que pillaran el pelo de algunos conductores y conductoras.

Este sistema de cinturón automático no se popularizó en otros mercados, por lo que si te encuentras un coche con esta función, ya sabes de dónde viene. En España hay varias unidades de Volkswagen Corrado equipadas con este sistema que vinieron de EEUU.

Imágenes | YouTube

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