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La creencia de que se puede burlar un alcoholímetro con trucos absurdos

La creencia de que se puede burlar un alcoholímetro con trucos absurdos
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Lamer granos de café, hacer flexiones o mascar césped son algunos de los falsos remedios que podemos encontrar en las inmediaciones de los controles de alcoholemia de nuestro país. Hasta 2,6 millones de personas prueban trucos absurdos como esos para evitar dar positivo. Línea Directa Aseguradora se ha dedicado a estudiar el fenómeno y ha encontrado que 8 millones de conductores creen poder engañar un control de alcoholemia.

En los últimos tiempos se ha incrementado el número de controles del nivel de alcohol en sangre que presentan los conductores. Y, en paralelo, va en aumento el número de conductores que pretenden eludir la multa y la detracción de puntos como sea. Como sea... menos evitando mezclar alcohol y conducción, por lo que se ve.

Muchos datos numéricos aporta el estudio de Línea Directa, y también la constatación por la vía de la praxis de algo que se sabe perfectamente: que la tasa de alcoholemia no es más que el nivel de alcohol que una persona lleva en la sangre. Y ese nivel no desaparece automágicamente, sino porque el hígado va metabolizando el alcohol a su ritmo, hasta que la alcoholemia desciende.

Alcoholemia

Del estudio no hay mucho más que contar que sea realmente relevante o desconocido. Eso sí, nos regalan una recopilación de cosas que hace la gente cuando notan que van demasiado contentos y quieren coger el coche, y que no puedo evitar comentar a continuación. Agarraos, que vienen curvas:

  • Esperar una hora o más para conducir tras haber ingerido la última copa. Cada hígado es un mundo, y metaboliza el alcohol a un ritmo diferente. Eso no obstante, a partir de la última consumición el tiempo medio para lograr la mayor alcoholemia está entre los 30 y los 90 minutos. Esperar una hora para coger el coche supone esperar a estar a tope de alcoholemia. Ideal, vamos. Si esperamos "más", el problema está en que no sabemos exactamente cuánto "más" debe esperar cada uno de nosotros.
  • Dormir un rato. Cuando dormimos, nuestro organismo no sólo se repara sino que ralentiza muchas de las actividades para dar lugar a esa función recuperadora del sueño. ¿Y adivináis una cosa? Premio: el hígado también... duerme. Tras dormir la mona, es probable (no seguro, pero sí probable) que aún llevemos alcohol encima.
  • Hacer ejercicio. Por la vía de la sudoración y la orina se puede llegar a excretar alrededor de un 2 % del alcohol ingerido. Aunque un conductor ebrio corriera una maratón, no conseguiría los efectos perseguidos. Y aún tropezaría y se haría daño.
  • Beber agua o café. Estupendo para hidratarse lo primero, y un estimulante lo segundo. Hombre, sí: una cogorza deshidrata lo suyo y adormece, pero eso es simple sintomatología si lo comparamos con los problemas que da el alcohol que corre por la sangre cuando intentamos conducir. Aunque lo agüemos, molecularmente sigue siendo alcohol.
  • Chupar granos de café. Estupendo caramelo amargo, pero sin efecto alguno sobre el nivel de alcohol en sangre.
  • Tomarse un Almax o pasta de dientes. WTF?
  • Lamer baterías de litio, masticar césped, pegar la lengua al paladar o chupar monedas de cobre. Em... Hay gente con ganas de hacerse el faquir. Un consejo: que busquen fortuna en un circo.

¿Un truco que sí funciona? El de Stevie Wonder:

Más información | Línea Directa Aseguradora En Circula Seguro | ¿Por qué alcohol y conducción son incompatibles?

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