Jordi Miralles, conductor de camión de basura desde hace 35 años en Barcelona: "Me encuentro a gente defecando, orinando o teniendo sexo en medio de la calle"

"Hay personas ebrias que se intentan subir al camión"

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Victoria Fuentes

La figura del conductor del camión de la basura y la de los operarios de recogida es una de la más infravaloradas: su labor puede pasar desapercibida pero sin ellos nuestras ciudades serían un caos insalubre. Estos profesionales no gozan de unos salarios muy altos, pero gracias a los complementos como nocturnidad o peligrosidad pueden aumentar, sobre todo en ciudades conflictivas.

Una de ellas es Barcelona. Aquí, Jordi Molina, que trabaja de basurero desde hace 35 años, ha ido viendo cómo la noche se ha convertido en algo que no se veía hace unos años: "En el Raval o el Poblenou me encuentro a gente defecando, orinando o teniendo sexo en medio de la calle, drogándose delante mío y personas ebrias que se me intentan subir al camión".

Cuando sabes que en tu trabajo te encontrarás con problemas

En una entrevista a Crónica, Molina relata cómo el ambiente en Barcelona es cada vez más hostil y caótico, sobre todo los fines de semana. Sus condiciones laborales y los medios con los que trabaja han mejorado, pero en su rutina diaria -que comienza en Zona Franca- tiene que lidiar con el resto de usuarios de la vía, como los ciclistas, usuarios de patinetes eléctricos y VTC: "Van a su bola, tienen que parar y no paran, se te meten por en medio y esto no lo puedes frenar, es un camión. Nunca había visto nada igual", se queja en la entrevista.

Las cosas se ponen peor a medida que transita por los barrios más conflictivos de Barcelona, con lo peor en el Raval y Poblenou: "Me encuentro a gente defecando, orinando o teniendo sexo en medio de la calle, drogándose delante mío y personas ebrias que se me intentan subir al camión". Esta situación le ha provocado un estado de ansiedad ante la necesidad de estar siempre alerta mientras hace su trabajo, claro.

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Molina ha recogido el testigo de su padre, que también era conductor de camión de basura y tenía el camión en propiedad. Es conductor titular y tiene la misma ruta asignada día tras día, lo que dificulta que pueda evitar zonas especialmente conflictivas. 

Lo cierto es que Barcelona tiene un gran problema de seguridad desde hace años: según datos de una encuesta del Ayuntamiento, los ciudadanos se sienten más inseguros por el incremento de la delincuencia (31,5 %), seguido de la menor presencia de los cuerpos de seguridad (9,7 %). Además las víctimas de delitos han subido casi cinco puntos en los últimos cinco años hasta el 25,6 %.

Esta percepción de la ciudadanía contrasta con los datos de la Consejería de Interior: los delitos en la ciudad han bajado un 6% respecto a 2024, pero crece el tráfico de drogas (27%), los incidentes con arma blanca (23%) y las agresiones sexuales (4,4%).

"Nos hacen creer que somos los que estorbamos, pero estamos haciendo un servicio fundamental a la ciudad", reivindica este conductor. Y razón no le falta.

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