Es uno de esos mitos que circulan desde hace décadas. Y es que nuestros coches funcionan gracias a los restos de dinosaurios que murieron hace millones de años. Pero no es así. Es tan falso como que los aditivos sirven para algo. Vamos, que el petróleo no es zumo de dinosaurio.
La realidad es bastante diferente, y es incluso más interesante que la leyenda.
Desmontando el mito de los dinosuarios y el petróleo
Sabiendo que un tercio de los gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático tienen su origen en la quema de petróleo y gas natural, tendría cierta ironía que fuesen los extintos dinosaurios los que nos ayudasen a extinguirnos. Pero no. No hay venganza póstuma ni poética.
Aun así, como en todo mito, hay una parte de realidad. Es verdad que el petróleo se forma a partir de organismos en descomposición, pero no de los grandes reptiles que dominaron la Tierra hace millones de años. Los verdaderos protagonistas son microorganismos marinos, principalmente microalgas y zooplancton, que al morir se hundían lentamente hasta el fondo del océano o de las zonas lacustres.
A lo largo de millones de años, sus restos se acumularon en capas sobre las que fue depositándose sedimento, generando unas condiciones específicas de presión y temperatura en las que las bacterias descomponían la materia orgánica. Como dato curioso, más de la mitad del petróleo atrapado en la corteza terrestre está entre rocas del período Jurásico y Cretácico, es decir, de la época en la que los dinosaurios dominaban la Tierra, pero no son sus restos los que crearon el petróleo.
Además, este proceso no produce siempre petróleo. Todo depende de una combinación muy precisa de condiciones conocida como la "ventana del petróleo".
El querógeno, los compuestos químicos orgánicos de las rocas sedimentarias, tiene una vertiente soluble, el bitumen, o betún. La profundidad idónea para que ese bitumen se convierta en petróleo ronda los tres kilómetros y a una temperatura de entre 60° a 120 °C. Si está sometido a mayor calor, entre 120° y 150 °C, el resultado es entonces gas natural. El petróleo líquido solo aparece en ese estrecho margen de temperatura, lo que explica por qué su extracción es tan compleja y costosa.
Entonces, de dónde viene el mito
No se sabe realmente, aunque dos teorías con las que parece hay consenso. La primera razón es puramente lingüística. Es posible que el concepto de combustibles fósiles lleve décadas confundiendo a la gente. Los dinosaurios son el fósil más famoso en la cultura popular, así que no es de extrañar que mucha gente hiciera la conexión.
Gasolinera Sinclair en Fairfield, California.
Pero en realidad, incluso si un gran dinosaurio marino hubiera muerto y caído al fondo del mar, carroñeros como peces y gusanos lo habrían consumido completamente antes de que pudiera contribuir a ningún yacimiento petrolífero.
La segunda teoría echa la culpa a una red de gasolineras estadounidense, la Sinclair Oil. En los años treinta, tuvo la ocurrencia de adoptar como mascota a un braquiosaurio verde al que bautizó "DINO".
El personaje se hizo enormemente popular, y la empresa terminó de forjar el vínculo entre dinosaurios y petróleo cuando patrocinó una gran exposición en la Feria Mundial de 1933, con réplicas a tamaño real de dinosaurios prehistóricos. Desde entonces, DINO sigue el emblema de la compañía. Es una marca y una mascota tan popular en EEUU que hasta se hizo un hueco en 'Cars', dando lugar a Dinoco.
Es plausible, al fin y al cabo, si Papá Noel viste de rojo y no de verde como la representación popular original de San Nicolás (el auténtico Papá Noel), se lo debemos a Coca-Cola. No sería la primera vez que una campaña de marketing tiene efectos insospechados sobre la cultura popular. Venga, va, aceptamos pulpo.
La próxima vez que alguien mencione que los coches funcionan con zumo de dinosaurio, puedes hacerte el pedante y decir que en realidad funcionan gracias a incontables generaciones de microalgas invisibles que dieron su vida para que podamos desplazarnos. Quizás, sea menos épico, pero no menos fascinante.
Imágenes | Public Domain, Sharon Hahn Darlin
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