En la meseta castellana de los años 70 el invierno se combatía con paciencia...y con cartón. Los trayectos cortos, el motor frío y una calefacción que tardaba una eternidad en soltar aire caliente empujaron a toda una generación de conductores a una solución casera.
Un trozo de cartón colocado delante, en la calandra, u sujeto con dos gomas o metido a presión entre las lamas tapaba parte del paso de aire y obligaba al motor a calentarse antes. Funcionaba, y por eso se convirtió en gesto heredado de padres a hijos.
Forzar el calentamiento del motor
Con un bloque motor de hierro fundido, un termostato mecánico de apertura tardía y una gestión electrónica inexistente, el motor tardaba en llegar a temperatura. Cualquier ayuda, por rudimentaria que fuera, se agradecía. La ayuda, el truco consistía en restringir el flujo de aire frío, de esto modo se aceleraba el calentamiento sin mayor riesgo.
Ese contexto ha desaparecido por completo. Los motores actuales trabajan con termostatos electrónicos, gestionados por la centralita en función de la carga, la temperatura ambiente y el régimen.
@krugerconstruction Quick classic cardboard winter front for the crazy cold we are going through • A lot of the folks down south won’t know what this is but we are experiencing some down to -43°c (-45°f) without out the windchill this last week and using a cover or cardboard to block the front helps keep the warm air in which keeps things warmer • This really works great for highway driving, I put it in front of the radiator leaving as much room between the two as possible • Using the Makita 12v multi cutter to make quick work of this thick cardboard @makitatools @makita.ca
♬ original sound - Kruger Construction
El sistema ya decide cuándo y cuánto abrir el paso del líquido refrigerante para alcanzar la temperatura óptima en el menor tiempo posible, sin intervención humana y sin margen de mejora artesanal.
Tapar la calandra -o entrada de aire- hoy no adelanta nada, aunque algunos todavía lo siguen promocionando. Lo que hace es eliminar el margen de seguridad térmica que el fabricante calculó para el peor escenario, una autopista en verano o una retención con el aire acondicionado a tope. En un trayecto corto de invierno puede pasar inadvertido. El problema llega en cuanto ese mismo coche, con el cartón olvidado en su sitio, entra en una vía rápida.
Ahí el motor empieza a exigir un caudal de aire que no tiene. La temperatura sube por encima del rango de trabajo del termostato, la centralita entra en modo de protección y, si el aviso llega tarde, el resultado es un sobrecalentamiento real. En el peor de los casos, la junta de culata cede antes que ningún otro componente, y su sustitución en un motor moderno implica desmontaje de culata y mano de obra especializada, con una factura muy superior a la de una revisión rutinaria.
Los sensores térmicos, pensados para operar dentro de un rango estrecho y constante, tampoco perdonan el abuso continuado. Ciclos de calor excesivo repetidos degradan su lectura y terminan generando códigos de avería que antes no existían, con el coste añadido de diagnosticarlos.
El cartón fue una solución inteligente para un problema que ya no existe. Los mecánicos actuales lo saben bien, cuando ven la rejilla tapada en un coche con menos de quince años, no sonríen con nostalgia.
Imágenes | Kruger Construction
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