A finales de los años noventa, Scott Tucker era un empresario desconocido en EEUU con una obsesión: convertirse en una figura del automovilismo y competir al máximo nivel. Para cumplir su sueño no tenía una gran fortuna, pero sí un extraordinario olfato para los negocios y muy pocos escrúpulos: gracias a eso, levantó un negocio que llegó a generar 3.500 millones de dólares en ingresos en 15 años.
El problema es que buena parte de ese dinero procedía de uno de los mayores fraudes financieros que se han dado en el país: concedía préstamos, cobraba intereses de hasta el 1.000 %, ocultaba el coste real de los créditos a millones de clientes y utilizó un complejo entramado de empresas y tribus nativas americanas para esquivar la ley.
La historia fue tan llamativa que llegó a Nextlix, con el episodio ‘Payday’ de la primera temporada de la serie documental ‘Dirty Money’. Su caso terminó con el decomiso de buena parte de los beneficios obtenidos y una condena de 16 años y ocho meses de prisión, que sigue cumpliendo.
El hombre que financió un exitoso equipo de carreras con préstamos abusivos
En 1997, con el apoyo de sus familiares y allegados, Tucker creó una red de empresas de préstamos payday, o créditos de pequeña cuantía dirigidos a personas con dificultades económicas. El negocio llegó a conceder préstamos a más de 4,5 millones de estadounidenses y empleó a unas 1.500 personas, convirtiéndose en una monstruosa industria.
El funcionamiento era retorcido: aunque la documentación hacía creer al cliente que un préstamo de 500 dólares (unos 435 euros) acabaría costándole 650, el sistema seguía cobrando automáticamente los intereses durante meses antes de empezar siquiera a reducir la deuda. Al final, esos 500 dólares podían convertirse fácilmente en una factura cercana a los 2.000 (unos 1.700 euros), con intereses efectivos que en algunos casos alcanzaban el 1.000 %.
Cuando varios estados comenzaron a investigar sus prácticas, Tucker ideó un nuevo plan, que pasaba por firmar acuerdos con varias tribus nativas americanas para aparentar que ellas eran las propietarias del negocio y así poder acogerse a su inmunidad soberana. En realidad, aquellas tribus apenas recibían alrededor del 1 % de los ingresos, mientras que Tucker seguía controlándolo todo desde Kansas mediante un complejo entramado de empresas, cuentas bancarias y un ejército de abogados.
El dinero sirvió para financiar una vida a todo lujo, incluyendo una mansión en Aspen, un avión privado y una colección de Ferrari y Porsche… pero sobre todo permitió a Tucker crear Level 5 Motorsports: un equipo que llegó a ganar campeonatos en la American Le Mans Series y competir en las 24 Horas de Le Mans con varios de los mejores pilotos y prototipos del momento. Según la Fiscalía estadounidense, Tucker llegó a desviar más de 380 millones de dólares (unos 323 millones de euros) para mantener ese nivel de vida y su proyecto deportivo.
El imperio cayó y también su sueño en los circuitos
La investigación del Departamento de Justicia, el FBI, el IRS y la Comisión Federal de Comercio (FTC) acabó desmontando el entramado: en 2017, Scott Tucker y su abogado Timothy Muir fueron declarados culpables de asociación ilícita, fraude electrónico, blanqueo de capitales y violaciones de la Ley de Veracidad en los Préstamos.
Al dictar sentencia, el juez P. Kevin Castel definió el caso como “un cruel plan para extraer dinero de personas que se encontraban en situaciones desesperadas”. A día de hoy, Tucker continúa cumpliendo la condena después de que sus principales recursos no hayan prosperado. Su equipo de competición desapareció. El dinero que lo llevó hasta Le Mans también acabó llevándolo a prisión.
Imágenes | FIA
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