Hace casi 100 años, España improvisó un carro de combate que hoy tiene un hueco especial en nuestra historia, pero no por su fiabilidad... o por su potencia de fuego

  • El Trubia Naval se fabricó a la desesperada en plena Guerra Civil Española

  • No tuvo nada de éxito, pero fue crucial

Trubia Naval
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Álvaro Ruiz

En la segunda mitad de los años 30, la Fábrica de Armas de Trubia, en Asturias, trabajaba en una evolución de los primeros tanques españoles, unos vehículos militares que aparecieron a finales de años años 20 y que, para entonces, se habían quedado desfasados, como el Trubia A4 de 1926 y el Trubia Modelo 75 HP.

Ese carro de combate mejorado que se estaba gestando en Asturias era el Trubia Modelo 1936, pero entonces estalló la Guerra Civil España y se interrumpió su desarrollo. Por necesidad, tuvo que empezar a fabricarse y acabó siendo un fracaso militar.

Tenía que eliminar la dependencia de los carros de combate extranjeros

Hay acontecimientos que cambian para siempre la historia y la Guerra Civil Española fue uno de ellos. Entre otras muchísimas cosas, este conflicto afectó directamente al desarrollo de un carro de combate español que estaba llamado a revolucionar la industria militar internacional: el Trubia Modelo 1936.

Gracias a la Guerra Civil, el Verdeja se convirtió en el mejor carro de combate español anterior a la Segunda Guerra Mundial, pero este vehículo blindado no hubiera sido un éxito sin el fracaso de otro carro de combate español: el Trubia Modelo 1936.

La compañía asturiana Fábrica de Armas de Trubia lo estaba desarrollando antes de que estallase la Guerra Civil Española y el conflicto truncó su puesta a punto y aceleró su puesta en marcha: a pesar de no estar listo para entrar en combate, la necesidad obligó a fabricarlo y utilizarlo. Acabó siendo un fracaso, pero ayudó a comprender qué funcionaba y qué debía mejorarse para aplicarlo en el Verdeja.

Pero, ¿por qué fue un fracaso el Trubia Modelo 1936? Para empezar, hay que entender que este carro de combate fue el primer intento serio de crear una industria nacional de carros de combate. Tras la Guerra del Rif, el Ejército español entendió que necesitaba vehículos blindados modernos y que no debía depender de carros franceses, como había sucedido hasta entonces con modelos como el Renault FT.

Los ingenieros de la Fábrica de Armas de Trubia se empeñaron en demostrar que España podía ser autosuficiente en esta industria y, además de diseñar carros de combate, podía fabricarlos sin ayuda de ningún otro país. 

Así comenzó el desarrollo del Trubia Modelo 1936, pero la Guerra Civil lo paralizó y el proyecto se trasladó a la Sociedad Española de Construcción Naval de Sestao (Vizcaya) para fabricarlo inmediatamente en el estado en el que estaba, es decir, sin acabar. Hacía falta para el conflicto, estuviera como estuviera, por lo que los ingenieros de ‘La Naval’ adaptaron rápidamente su diseño para poder fabricarlo con sus recursos, que eran limitados, precisamente, por culpa de la contienda.

En ese momento, este carro de combate pasó a ser el Trubia-Naval y lo cierto es que, incluso sin llegar a completarse su desarrollo, tenía un diseño ingenioso. Era muy pequeño y ligero porque solo pesaba unas 5,5 toneladas, por lo que era ágil. Además, tenía una solución interesante: blindaje espaciado. Incorporaba dos planchas de acero separadas entre ellas y eso reducía la eficacia de los proyectiles de fusil en caso de ataque.

El problema es que, como su desarrolló no se completó, tenía varios puntos débiles, como un escaso armamento. En lugar del cañón previsto para el proyecto original, montó dos ametralladoras de 7,62 mm: era insuficiente. También sufría importantes problemas de fiabilidad mecánica. 

Sin embargo, entró en combate por necesidad, principalmente, en el frente norte, apoyando a las fuerzas republicanas en Vizcaya y Santander. Ni tuvo tiempo de demostrar nada, porque el frente norte cayó muy rápido, ni tenía lo necesario para ayudar ese frente, de manera que las pocas unidades que se construyeron del Trubia-Naval fueron un fracaso militar. 

Se supone que se fabricaron entre cuatro y ocho prototipitos funcionales de este carro de combate y nunca llegó a producirse en serie porque su nulo éxito fue su sentencia de muerte.

En cualquier caso, representó el esfuerzo de la industria española por desarrollar vehículos militares propios, incluso en condiciones extremadamente difíciles. Y, como he dicho, ayudó a crear otros modelos que sí funcionaron bien, como el Verdeja (que tampoco llegó a producirse en serie), por eso tiene un hueco especial en la historia militar española.

Imágenes | YouTube (LtJos92)

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