EEUU construyó una guillotina gigante para cortar bombarderos nucleares. Era para demostrar desde el espacio que la Guerra Fría había terminado

Un cementerio de bombarderos cortados en cachitos a vista de satélite: así demostró EEUU que cumplía el tratado START I

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Alejandra Otero

Un sistema de destrucción de centenares de bombarderos "del día del juicio final", diseñado para convertir su eliminación en un espectáculo visible para los satélites. No es la trama de una película, sino uno de los episodios más locos del tratado que firmaron EEUU y la URSS justo al acabar la Guerra Fría. Tras décadas de carrera armamentística con un inmenso arsenal nuclear como protagonista, ambas potencias tenían que demostrar que realmente estaban destruyendo vehículos de lanzamiento, ojivas y misiles.

La imagen que mejor retrata este acuerdo fue la destrucción de más de 300 bombarderos B-52, diseñados para lanzar bombas nucleares y símbolo del poder militar de EEUU durante aquellas tensas décadas. Una gigantesca guillotina cortaba estos letales aviones en cachitos, dejándolos durante meses en el desierto para que los satélites de los ya ex soviéticos comprobaran que los estadounidenses cumplían el acuerdo.

El acuerdo que convirtió el desarme nuclear en espectáculo

El 31 de julio de 1991, George H. W. Bush, entonces presidente de EEUU, y Mijaíl Gorbachov firmaron el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START I por sus siglas en inglés). En el mismo, ambas potencias se comprometían a limitar sus armas nucleares, destruyendo gran parte de su arsenal atómico. Y, a su vez, exigía que ambas naciones pudieran comprobar que la otra estaba cumpliendo con la eliminación: esencialmente, mediante inspecciones y fotografías tomadas por satélites de reconocimiento

Este primer acuerdo, al que luego sucedió el New START tras el fallido START II, se dividió en tres fases a lo largo de siete años a partir de la entrada en vigor del tratado. En total, la URSS debía eliminar un 36 % de sus vehículos estratégicos y un 42 % de sus ojivas contabilizadas, mientras que EEUU debía hacer lo propio en un 29 % y un 43 % respectivamente. 

Entre el material que ambas potencias acordaron destruir se encontraban 1.600 vehículos de lanzamiento nuclear, 6.000 ojivas contabilizadas o 154 misiles balísticos intercontinentales pesados ​​(ICBM), entre otros. Y dentro de esos 1.600 vehículos estratégicos entraron los más de 300 bombarderos Boeing B-52 Stratofortress destruidos tan espectacularmente.

Una guillotina colosal para cortar aviones

Casi dos años después del acuerdo, en junio de 1993, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) autorizó la destrucción de un total de 365 bombarderos B-52. El lugar para tan titánico cometido fue el Aerospace Maintenance and Regeneration Center (AMARC) de la base Davis-Monthan, en Arizona. La eliminación de estos letales aviones comenzó en agosto. 

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¿Y cómo se destruye un inmenso bombardero de casi 50 m de largo y 56 m de envergadura? Pues con una especie de guillotina gigantesca. Colocaron una enorme cuchilla de acero de casi 6 toneladas (5.900 kg) colgada de una grúa a más de 36 m de altura. Como con la que Robespierre cortó cabezas indiscriminadamente durante el Terror de la Revolución Francesa, la cuchilla se dejaba caer sobre cada avión.

El procedimiento consistía en retirar primero los componentes que podían reutilizarse, para después cercenar el bombardero en cinco grandes piezas: las dos alas, el conjunto de cola y el fuselaje, dividido en dos partes. Uno por uno, hasta culminar en esos más de 300 B-52.

Un cementerio de bombarderos B-52 vigilado por satélites

Como se había estipulado en el tratado START 1, EEUU no solo debía achatarrar los bombarderos, sino también demostrar a Rusia y al resto de estados sucesores de la URSS que los había destruido. Y esta es la razón por la que los B-52, o más concretamente sus pedazos, se dejaban durante al menos 90 días en la campa de la base de Arizona. Así, podían ser chequeados con satélites de reconocimiento, demostrando que los estadounidenses estaban haciendo los deberes.

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Esta imagen de satélite publicada por Bulletin of the Atomic Scientists nos muestra cómo quedaron aquellos B-52 en el desierto de Arizona: decenas de piezas gigantescas, en una suerte de LEGO inmenso esperando a ser montado. Algo que no ocurriría jamás. Transcurridos los tres meses, y una vez identificados desde el espacio, las piezas se retiraban y se vendían como chatarra. Y vuelta a empezar con aquel espectáculo a vista de satélite. Como legado, algunos restos han quedado allí, como demuestran estas fotografías tomadas en 2017.

Tras aquella hornada de bombarderos B-52, se destruyeron más, ya bajo el tratado New START (o START III) firmado en 2010, con la eliminación de un total de 39 B-52G. El último fue cercenado en cachitos en diciembre de 2013. Aunque el método utilizado fue mucho menos espectacular: dos operarios lo cortaron con una sierra para separar la cola del fuselaje.

Imágenes | U.S. Force, Google Maps and Maxar Technologies

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