Uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los habitantes de las ciudades -y los animales- es el calor. Por desgracia el denominado efecto isla de calor se extiende cada vez durante más meses a lo largo de los años, y no olvidemos que las altas temperaturas matan.
Kevin Müller, un estudiante alemán de Diseño Industrial ha dado con una buena solución a los toldos tradicionales y a la falta de árboles: una sombra fabricada a partir de tejido orgánico que emula las sensaciones que nos dan los árboles.
Un toldo que engaña a nuestro cerebro
El invento ha sido bautizado como 'Sense of Shade', y ha sido el exitoso trabajo de fin de grado de Müller: ha convencido tanto que en Kiel hay una plaza que lleva desde julio cubierta con 100 metros de este toldo natural. Está fabricado con dos capas de tejido orgánico, cortado a láser y siguiendo un patrón que permite imitar la sombra de un árbol.
Porque a diferencia de los toldos tradicionales que atrapan el aire caliente, este emula las hojas de un árbol: genera sombras irregulares que se mueven con el viento, permitiendo que éste pase a través del toldo y que también lo haga la lluvia.
A pesar de que este toldo puede hasta emular el susurro de las hojas de los árboles, no transmite olor ni tiene el poder de capturar CO2 de la atmósfera, por eso es tan importante la presencia de vegetación en las ciudades. Para hacernos una idea, la temperatura de la tierra bajo un árbol puede ser de 28ºC mientras que justo al lado, el asfalto a pleno sol está a 40ºC.
De momento el invento de Müller está en fase de despegue: está creando una empresa para comercializarlo y que su producción sea más asequible, e incluso para que la tela sea enrollable y plegable, de modo que el sistema se pueda adaptar a sombrillas, persianas interiores y exteriores y lámparas.
Imágenes | Sense of Shade
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