El asfalto negro de Phoenix puede alcanzar 82 ºC en verano. La ciudad lleva años probando una solución: cubrirlo de gris

La ciudad estadounidense lleva años probando pavimentos reflectantes para combatir el efecto isla de calor y ya ha cubierto más de 225 km de calles

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Irene Mendoza

En Phoenix (Arizona, EEUU) el asfalto puede alcanzar temperaturas cercanas a los 82 ºC durante los episodios de calor más extremos, con todo lo que eso implica. Para combatirlo, la ciudad lleva años cubriendo sus calles con un pavimento reflectante y mucho más claro de lo normal que consigue bajar varios grados la temperatura del suelo. Y funciona, aunque los investigadores han descubierto que no para todos.

El pavimento especial consigue bajar hasta 6,7 ºC la temperatura del suelo

El asfalto convencional tiene una reflectividad muy baja y puede absorber hasta el 95 % de la radiación solar, que después libera progresivamente. El principal objetivo de esta solución, que también se está probando en otras ciudades estadounidenses como Los Ángeles, es reducir el efecto de isla de calor urbana, que hace que las ciudades acumulen más energía térmica debido, entre otras cosas, a la gran cantidad de superficies pavimentadas.

El tratamiento en cuestión, conocido como CoolSeal 2.0, es en esencia un recubrimiento de color gris claro (y más luminoso que el normal) que se aplica directamente sobre la calzada. Phoenix empezó a probarlo en 2020 y, tras el proyecto piloto, el pavimento fresco pasó a formar parte de su programa habitual de mantenimiento. Hasta hoy, la ciudad ya ha aplicado más de 225 km.

Los primeros resultados obtenidos por investigadores de la Universidad Estatal de Arizona (ASU) hace un par de años mostraron que el tratamiento cumplía su cometido. Al mediodía y durante las horas de la tarde, el pavimento fresco registraba entre 5,8 y 6,7 ºC menos que el asfalto tradicional. La diferencia era de 1,3 ºC al amanecer y, bajo la superficie, las temperaturas eran unos 2,7 ºC inferiores en las zonas tratadas.

Pero además de reducir la temperatura del pavimento durante el verano, los investigadores descubrieron que este asfalto gris podría disminuir las necesidades de mantenimiento de las carreteras a largo plazo, con el consiguiente ahorro económico y ambiental. También se observó un pequeño descenso de la temperatura del aire: durante la noche fue, de media, 0,3 ºC inferior sobre las superficies tratadas.

El problema aparece cuando se mide el calor que recibe una persona

Los investigadores quisieron comprobar también qué ocurría a la altura de los peatones. Para ello utilizaron MaRTy, una estación meteorológica móvil desarrollada por ASU cuyo nombre procede de Mean Radiant Temperature, temperatura radiante media. Concretamente, el dispositivo mide en tres dimensiones la radiación térmica que recibe el cuerpo, además de la temperatura del aire, la humedad relativa y la velocidad y dirección del viento.

El estudio también empleó sensores integrados en el pavimento, vehículos equipados para recoger datos y cámaras térmicas durante vuelos en helicóptero y descubrieron algo interesante: durante el mediodía y las horas de la tarde, la sensación térmica experimentada por las personas expuestas al calor era 3,1 ºC superior sobre el pavimento fresco.

Esto no significa que el cuerpo de los peatones aumentara 3,1 ºC de temperatura, sino que se trata de una medida de la carga térmica asociada a la radiación que recibe el cuerpo. Es decir, al reflejar una mayor cantidad de radiación solar, el pavimento puede dirigir parte de esa energía hacia las personas, las aceras o las fachadas. Así, el dato explica por qué una superficie más fría no garantiza por sí sola una calle más confortable.

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La sombra sigue teniendo una ventaja difícil de sustituir

Entre las conclusiones del estudio, los investigadores señalaron que este tipo de pavimento puede tener aplicaciones interesantes, pero que conviene poner especial atención a su uso en lugares con una elevada presencia de peatones, como plazas o parques infantiles. En grandes aparcamientos, determinadas carreteras u otras zonas donde resulta complicado introducir vegetación, el balance puede ser diferente.

En comparación, los árboles aportan además refrigeración mediante la evapotranspiración y bloquean la radiación antes de que llegue tanto al pavimento como a las personas. Los propios datos del programa muestran hasta qué punto la sombra puede cambiar las condiciones térmicas de una superficie.

De hecho, en una de las mediciones realizadas en Phoenix, una zona situada bajo una estructura de sombra estaba aproximadamente 9,4 ºC más fría que otra superficie cercana expuesta directamente al sol. En conclusión, el experimento de Phoenix o el de Los Ángeles dejan una lección que puede ser clave para otras ciudades: combatir el calor urbano no consiste solo en bajar la temperatura del asfalto, sino en conseguir que el espacio público sea realmente más habitable.

Imágenes | CoolSeal, MIT

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