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McLaren: 50 años de éxitos y conquistas

McLaren: 50 años de éxitos y conquistas
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En el día de hoy, McLaren celebra su quincuagésimo aniversario. Medio siglo desde que un jovencito Bruce McLaren decidió hacer un salto a la historia. Inspirado por su amigo y antiguo compañero de equipo Jack Brabham, el neozelandés fundó un equipo que ha marcado época. McLaren ha pasado a la historia por méritos propios. Primero con el propio Bruce McLaren, antes de pasar por las manos de Teddy Mayer y acabar con Ron Dennis al mando.

El legado que ha dejado McLaren en las carreras de coches en general y en la Fórmula 1 en particular es indeleble. El equipo podría cerrar hoy mismo y seguiría siendo una leyenda en los años venideros. Puede que nadie conciba la Fórmula 1 sin Ferrari. Pero McLaren "solo" se perdió los primeros 16 años. Desde entonces, el joven equipo fue subiendo escalón tras escalón hasta ganarse un lugar en el Olimpo de la Fórmula 1. Repasar la historia de McLaren de la forma tradicional es "fácil" y por ello proponemos algo un poco distinto; ver la historia de la marca desde un punto de vista "épico".

Escudero

McLaren Serenissima 1966

Cuando Bruce McLaren empezó la historia de su escudería personal, él era ya un reconocido "espadachín" a nivel mundial. Había ganado a ambos lados del Atlántico y entonces, inspirado por su buen amigo Jack Brabham, había decidido empezar una aventura digna de una epopeya. ¿Podrían, estos dos compañeros que venían desde las antípodas, triunfar en el duro mundo de las competición? Nosotros sabemos la respuesta, pero ellos no. En aquel entonces, sin importar su habilidad, Bruce McLaren era poco más que un escudero que aprendía del caballero Jack Brabham, que evidentemente llegaría a Sir.

Inicialmente, los proyectos de McLaren no estuvieron en la Fórmula 1, por lo que la diferencia de años entre 1963 y 1966, año del debut de la marca en dicha competición, confunde a la gente en cuanto al 50º aniversario. En esos primeros años aprendió todo lo necesario para luchar con los mejores a lomos de un caballo de su propio establo. Las cosas fueron complicadas, en los comienzos. Los caballos no eran todo lo rápidos que él habría deseado pero McLaren, siendo como era un hombre inquieto pero con muchos recursos, buscó siempre la mejor solución posible.

La acabaría encontrando, aunque solo después de probar varias durante año y medio. Sus establos tuvieron caballos criados en las granjas de Ford, Serenissima y BRM, y con los tres llegó a conseguir resultados dignos. Pero faltaba algo. Había algo que aún no funcionaba en la gestión de ese establo. Por fortuna, las semillas estaban plantadas, McLaren tenía experiencia en su nueva posición y todos sabemos que esto no puede ser nunca nada malo. Él también lo sabía y de cara a 1968, la revolución sería importante. De las armaduras blancas se pasaría a otras, bastante más relucientes, de un precioso color naranja.

Caballero

McLaren Ford 1968 Spa-Francorchamps

La armadura anaranjada sería conocida por todos, y pronto llegarían los primeros triunfos, como en Bélgica en 1968. Todo esto, mientras Bruce McLaren se daba cuenta que, mejor que estar solo, era tener compañeros con los que montar a caballo y dominar el mundo entero. Denny Hulme fue el primero en llegar, y se quedaría hasta el fin de sus días como caballero de la Fórmula 1, incluso más allá de la muerte de Bruce McLaren. Porque desafortunadamente, era algo que podía suceder y acabó por hacerlo.

Un desgraciado accidente en unas pruebas "sin importancia" nos robó a uno de los grandes. Para el recuerdo quedó la victoria de un caballero, esa única victoria con su propio caballo, en Bélgica. Aunque vivió para ver tres más de la mano su amigo Denny Hulme. Pero las leyendas sobreviven a su propia muerte cuando son lo suficientemente grandes. Puede que Bruce McLaren nunca llegara a coronarse, pero el legado del caballero inspiró las hazañas de grandes hombres del futuro.

Con los tiempos modernos, McLaren adoptó los colores rojo y blanco como sus nuevos estandartes de batalla y con un carismático brasileño a lomos de los siempre fieros caballos de origen neozelandés, dominaron el mundo por primera vez. Sería con otro piloto igual de carismático aunque bastante más juguetón, con quien lo conseguirían por segunda vez. Los nombres de Emerson Fittipaldi y Jame Hunt pasarían a la historia por méritos propios. Después de eso, parecía que el trabajo de McLaren estaba hecho y la llama empezó a apagarse.

Rey

McLaren 1985 Rio de Janeiro

Pero el sueño de Bruce McLaren no había sido nunca el de ganar una vez. El tiempo es limitado para todos, y especialmente lo había sido el suyo. Pero él nunca se habría parado con dos títulos. Por ello, la llegada de Ron Dennis, un hombre llamado a convertirse en el rey de la Fórmula 1 en los años 80, fue especial para el equipo. Dennis llegó con una idea muy específica en su cabeza y revolucionó la escuadra McLaren cuando la unió a la suya propia, la Project 4. De una unión así solo podían llegar cosas buenas.

Entre 1980 y 1989, McLaren consiguió volver a dominar el mundo en cinco ocasiones. Todas ellas en un espacio de seis años. ¿Qué les daban de comer, a esos caballos? Primero, una nueva comida alemana que mejoraba la fuerza de sus piernas, pero cuando todos los rivales descubrieron cómo igualar esa fuerza, tuvieron que recurrir a los japoneses, que les ayudaron a salir del apuro. Claro que no solo se gana con buenos caballos y buena alimentación. Hacen falta buenos jinetes, y podría decirse que McLaren consiguió los mejores.

Desde Niki Lauda (quien había perdido contra James Hunt en el pasado) hasta Ayrton Senna, con Alain Prost en medio. El francés hacía gala de su origen y como buen Napoleón (pequeño y cerebral), se las arregló para llevarse a casa tres títulos de estos cinco en la mejor época de la dinastía McLaren. Los colores rojo y blanco eran temidos en el mundo entero y todos envidiaban a esta escuadra, que había dado con la tecla adecuada para crear una música inigualable. ¿Por cuánto tiempo seguirían así?

Héroe

McLaren 1991 Interlagos

Lo cierto es que no fue por mucho tiempo, pero fue el suficiente para que McLaren pudiera ganarse el título de héroe. Lo hizo gracias a un tal Ayrton Senna, que parecía ser tan talentoso y técnico como el propio Bruce. Apasionado y apasionante, el brasileño fue casi el único artífice de dos nuevas conquistas del mundo por parte de la ya británica escuadra. Era el contrapunto latino a una organización que se habría vuelto más fría en pos de unos resultados que fueran dignos de su heróico fundador.

Pronto llegaron escuadras igual de fuertes con caballos más rápidos y a partir de entonces hubo que apelar a nuevas heroicidades. Pero incluso estas tienen un límite, y cuando Ayrton Senna se marchó de la escuadra, parecía que en McLaren estaban destinados a vagar sin rumbo por los páramos. Ni siquiera la llegada de un viejo caballero como era Nigel Mansell sirvió para recuperarse de todos estos problemas que empezaban a tener. ¿Sería el fin de McLaren? La lógica decía que no, pero la situación no era buena.

Por fortuna, en ese tiempo ya había dos elementos claves que acabarían por construir el nuevo imperio. Ante todo, la unión dinástica con un viejo reino alemán que buscaba renacer. De la misma forma, un jinete nórdico, duro como el acero, volvía de entre las garras de la muerte para renacer como el Ave Fénix. Mika Häkkinen, le llamaban, y su nombre, sinónimo de jinete capaz pero discreto, acabó por ganarse el respeto de las futuras generaciones. Era un nuevo héroe en la forja de McLaren.

Miembro del panteón

McLaren 1999

Llegó el momento de una nueva revolución. En McLaren lo eran conscientes de ello. Los colores rojo y blanco empezaban a verse desgastados. Ya no imbuían el miedo de antaño y había que buscar una nueva imagen que les representara, y ellos sabían qué camino tomar. Fue el camino más evidente. Las armaduras, como las viejas reliquias de sus nuevos aliados alemanes sin pintar, debían ser de color plateado. Pero algún toque de color rojo mantendría la fiereza de siempre. Con imagen renovada y con dos jóvenes jinetes sedientos de poder, la escuadra se lanzó de nuevo en pos de la conquista del mundo.

No solo una, sino dos veces, consiguió el Ave Fénix finlandesa llevarse la victoria a casa. Dos conquistas del mundo entero por las que nadie habría apostado. Pero gracias a ellas, McLaren estaba de nuevo en la cima del mundo, junto a los más grandes. Ya no cabía ninguna duda. McLaren había trascendido más allá de su posición de héroe. Bruce McLaren había conseguido ingresar en el panteón de los dioses de la Fórmula 1, del automovilismo, y su equipo con él, claro. Con esto, cualquiera habría pensado que su obra maestra estaba realmente completa.

Pero, tal y como dijo el propio fundador en su día, "hacer algo bien vale tanto la pena que morir por intentar hacerlo mejor no puede ser temerario". En efecto, McLaren aún volvió a reinar gracias a un nuevo británico, Lewis Hamilton, aunque este acabaría por liderar la revolución de los aliados alemanes de la escuadra. Puede que el futuro de McLaren pareciera oscuro pero es en estos momentos, cuando los viejos aliados acuden en la ayuda de sus amigos. El imperio Mercedes se alza de nuevo de forma independiente, pero Honda ya tiene fecha de llegada al lado de McLaren. Para rememorar viejos tiempos. Para volver a dominar el mundo. McLaren ha llegado a los cincuenta. Que nadie se extrañe de verlos dentro de cincuenta años más.

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