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La rebelión de los novatos

La rebelión de los novatos
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Cuando llueve en una sesión de entrenamientos oficiales de Fórmula 1, las cosas pueden cambiar. Al menos la teoría dice esto y la historia lo respalda. Pero en los tiempos recientes, incluso así es difícil encontrarse con que los pilotos que conducen los coches más lentos de la parrilla puedan dar la campanada. Giedo van der Garde lo hizo en Mónaco, aunque fue más una "tormenta perfecta" gracias a un error de Paul di Resta y a la no salida a pista de Felipe Massa. Hoy en Bélgica hemos visto a los novatos con los peores coches de la Fórmula 1 destacando de forma genuina a base de ingenio y talento.

Que nadie se engañe. No es tanto que llueva y hayan sabido pilotar sus coches mucho más al límite que los rivales. Ni siquiera es que la pista estuviera impracticable y ellos no hayan cometido errores mientras que los rivales sí. Es algo mucho más sencillo pero a la vez recuerda a lo que solía pasar en la Fórmula 1 de otros tiempos. Giedo van der Garde, Jules Bianchi y Max Chilton han tomado un riesgo con la estrategia y han pasado los tres a la Q2. Se trata de todos los novatos que pilotan coches para equipos que no han puntuado con ninguno de sus coches (ni en toda su historia).

La explicación es bastante simple. La primera parte de la sesión clasificatoria para el Gran Premio de Bélgica ha empezado con la pista mojada y con lluvia. Al cabo de unos minutos ha dejado de llover, pero la pista seguía empapada y era imposible marcar un tiempo bueno con neumáticos lisos. Ahí es donde entra en juego la valoración acertada de los equipos Caterham y Marussia. En situaciones normales, ocuparían las dos últimas filas de la parrilla de salida, y esto es lo que sucedería si seguían rodando con neumáticos intermedios.

Pero claro, ¿valía la pena mandar a sus pilotos con neumáticos lisos "porque sí"? Sería un riesgo tanto para la integridad física del piloto como para el estado del coche, que en caso de golpe podría necesitar ser reparado. Esto sin contar los posibles daños, siempre importantes, en el motor o caja de cambios. Pero el caso es que la jugada tenía más sentido del que podía parecer. A pocos minutos del final, era evidente que el neumático liso no era la mejor opción. Se rodaría más lento a causa del estado del asfalto e incluso si el asfalto estaba suficientemente seco, los neumáticos necesitarían calentarse (complicado con la pista fría).

Los equipos grandes no tomarían esta decisión. Un par de vueltas no eran suficientes. Pero tres o cuatro sí lo eran, para que la pista estuviera seca y para que cuando llegara ese momento, los pilotos de estos pequeños equipos tuvieran sus neumáticos en condiciones para atacar y dar la sorpresa. Primera y segunda vuelta, nada. La tercera, más de lo mismo. Pero cuando el tiempo ha llegado a cero, han empezado a sucederse las sorpresas. Entre los grandes que mejoraban, se ha colado un Caterham, el de Giedo van der Garde, ¡en tercera posición! Jules Bianchi undécimo y su compañero de equipo, Max Chilton, decimosexto.

Tres pilotos de los considerados "equipos nuevos" (aunque no lo son tanto, ya) en la Q2. Esto no lo habíamos visto nunca. ¿De qué serían capaces en la Q2? La lógica decía que no serían capaces de nada interesante a menos que lloviera lo suficiente o hubiera lluvia intermitente. No la ha habido y cuando Van der Garde ha marcado un tiempo que el equipo ha considerado que sería suficiente para superar a los Marussia, ha vuelto a boxes aunque quedaran casi diez minutos. Los Marussia no han podido con el Caterham y el holandés ha sido decimocuarto. La mejor clasificación de su carrera deportiva en la Fórmula 1, que llega en un buen momento puesto que hay rumores sobre su futuro. Bianchi ha sido decimoquinto y Chilton, decimosexto. No es una pole position pero por algo se empieza.

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