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Jesús Saiz en nuestro recuerdo 25 años después de su fallecimiento

Jesús Saiz en nuestro recuerdo 25 años después de su fallecimiento
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En la era de la información y de internet, es habitual ver cómo año tras año alguien recuerda a esos deportistas que han pasado por nuestras vidas y la han cambiado ya sea por su forma de entender la misma, su filosofía o su calidad. Durante estos años se ha convertido en una tradición rememorar la vida de pilotos como Ayrton Senna, Colin McRae o Richard Burns, haciendo honor a esa frase que dice que alguien sólo está muerto cuando nadie lo recuerda.

Mañana, día 7 de febrero de 2014, se cumplirán 25 años del fallecimiento de Jesús Saiz, posiblemente una de las figuras más prometedoras de nuestro panorama nacional. Cántabro de nacimiento, Jesús fue el último ganador de la famosa Copa Panda, monomarca de la que salió como vencedor en su primera edición otro joven talentoso llamado Carlos Sainz, que años más tarde se convertiría en nuestro único campeón del Mundo de Rallyes.

La pasión por la velocidad de Jesús le hizo buscar metas mayores, siempre para seguir aprendiendo y evolucionando mientras disfrutaba de su pasión por el automovilismo. Su paso por la Copa Corsa no fue todo lo bien que se esperaba, ya que no pudo luchar por el campeonato por problemas de presupuesto y un accidente en el año 1987 durante unos entrenamientos del Rallye Playa de Aro. Las lesiones sufridas no le impidieron regresar con la misma ambición, al volante del Peugeot 205 GTI, coche con el que competiría un año después en el Desafío Peugeot.

Saiz

Al igual que ya pasó con la Copa Panda, el gran rendimiento de Jesús en este trofeo monomarca le abrió muchas puertas, entre ellas la de la propia marca gala. Tras lograr un impresionante sexto puesto en el Campeonato de España, el subcampeonato del Grupo N y arrasar en el Desafío Peugeot, tanto él como su copiloto, Javier Robledano, se encontraron sobre la mesa la posibilidad de liderar el equipo oficial de la firma del león después de la marcha de Borja Moratal a Opel. Un sueño que lamentablemente nunca terminó de hacerse realidad.

A pesar de que tenían previsto utilizar un 309 GTI para la temporada de 1989, el equipo no llegó a tiempo para preparar el coche y Jesús Saiz tuvo que preparar el 205 GTI con el que había ganado el Desafío para poder competir en el primer rally de la temporada, el Costa Brava. Los entrenamientos en Fornells de la Selva (Girona) durante esa fría madrugada de febrero del 89 fue la última vez que el piloto cántabro se subía a un coche de competición. Fallecía en un accidente al volante de lo que más le hacía disfrutar en este mundo cuando regresaba valorando dichos test junto a su jefe de mecánicos, Pedro Cascales.

Hoy Motorpasión F1 se suma al resto de compañeros que lo conocían y que han querido homenajear a Jesús 25 años después de su fallecimiento, porque como he dicho al principio, sólo está muerto aquel a quién no se recuerda. Mañana, trataremos de rememorarle de la forma que se merece en las redes sociales utilizando el hashtag #JesúsSaiz o dejando un comentario en la web creada para este aniversario: Jesús Saiz 25º aniversario

Javier Robledano (copiloto de Jesús Saiz): Conocí a Chus una tarde en el taller de Julián Piedrafita, montando a última hora el motor de su Corsa para participar en uno de los rallyes de la Copa de 1986. Meses más tarde me llamó para correr con él el Rallye San Agustín. ¡Terminamos segundos! Y allí nació una unión inquebrantable. Jesús tenía algo que te atrapaba, una forma especial de entender la vida, una fuerza vital espectacular... Muchos lo señalaban entonces como el piloto con más futuro del momento, pero lo realmente increíble era su pasión por las carreras, su ansia infinita de aprender, de saberlo todo del coche. Trabajó y vivió para llegar a ser piloto oficial. Y lo consiguió, aunque el destino le tenía reservado otros campeonatos. Yo me quedo con ese algo especial que tenía, con su personalidad, con sus ganas de luchar para conseguir sus sueños. Creo que a todos los que lo conocimos nos hizo más fuertes y mejores. Es imposible olvidarse de él.
Carlos del Barrio (copiloto mundialista): Compartí con Jesús muchos momentos de la temporada 1988, la primera mía completa. Le recuerdo como un tío al que nadie le había regalado nada. Junto a Javier, fue pionero de un sistema de notas revolucionario, ya que, debido a sus limitaciones de tiempo y presupuesto, él sólo entrenaba el fin de semana anterior con un coche prestado, en una época en que lo normal era contar con muletos, los entrenos eran absolutamente libres y los rallyes, mucho más largos. Con sólo 2 ó 3 pasadas de reconocimientos, lo bordaba. Tuve el privilegio de entrenar con él un rallye en Cantabria y anotaba perfecto, con especial hincapié en la posición del coche en el vértice y a la salida de cada viraje. Pero el mayor y mejor recuerdo que tengo de Jesús era su arrolladora personalidad, su carisma. Era muy buena gente y su desaparición es una de las cosas más injustas que yo he vivido en esto de los rallyes. Realmente, todos los que tuvimos la suerte de compartir tiempo con él, nunca hemos llegado a asumir que ya no está.
Borja Moratal (ex-piloto oficial de Peugeot Talbot España y Opel España): Parece mentira, pero han pasado 25 años desde aquel fatídico día. Y a pesar del tiempo transcurrido todavía recuerdo la imagen del aquel chaval joven y espigado que era Jesús. Había ganado el Desafío Peugeot y tenía por delante un futuro esperanzador. Y digo esperanzador, porque para poder ser algo en la competición no solo tienes que ser bueno; también has de llegar en el momento oportuno al sitio adecuado. ¿Por qué digo esto? Porque yo había estado en el equipo Peugeot hasta ese mismo año en que me fichó Opel. Y con mi marcha, Jesús se encontró con todo un equipo oficial prácticamente para él solo. A esto había que sumar lo rápido que era y, sobre todo, las ganas que tenía. Me consta que Peugeot tenía muchas esperanzas depositadas en él y estoy seguro que juntos podían haber realizado una bonita temporada. En algún momento le comente que el equipo era bueno y lo que necesitaba era un piloto que les diera suficiente motivación. Jesús tenía calidad para proporcionársela. Nadie sabe exactamente qué ocurrió en Fornells. El caso es que por algún motivo, ese despiste, relajación o como lo queramos llamar, se tradujo en un accidente. Un pequeño error de los que todos hemos podido cometer. El problema es que, en el caso de Jesús, el precio que pagó fue demasiado caro.
Antonio Boto (copiloto de rallyes clásicos): Conocí a Jesús allá por los años ´80, en concreto en el año 85. Lo recuerdo como un muchacho muy jovial, simpático y, sobre todo, con una afición a los rallyes realmente desbordante. Por entonces, yo corría con Carlos Sainz y Jesús participaba en copas de promoción. A partir de entonces, empecé a seguir sus evoluciones como piloto y apuntaba muy buenas maneras. Cuando te lo encontrabas entrenando y parabas, siempre preguntaba lo típico de: ”Oye Carlos, ¿qué tipo de neumáticos serán los idóneos para este tramo?”. En fin, los comentarios propios de un piloto que quiere dar lo mejor de si mismo. Me alegré mucho cuando Jesús fichó por el equipo oficial Peugeot, donde por fin podría plasmar lo gran piloto que era. Pero, tristemente, un injusto accidente truncó su carrera profesional de manera trágica, cuando se auguraban muchos triunfos y reconocimientos. Querido Jesús, te deseo lo mejor, allá donde estés.
Julián Piedrafita (ex-preparador de vehículos de competición): Conocí a Jesús en 1985, cuando vino a verme para que le preparara el Corsa con el que competís en la copa y luego seguimos trabajando juntos con el Peugeot 205 GTI con el que ganó el Desafío. Recuerdo, sobre todo, que era una bellísima persona y siempre me sorprendió su carácter y su personalidad. Era un tío supereducado, respetuoso, tranquilo, equilibrado... Realmente, ¡no parecía un piloto de carreras! Y en los rallyes era igual, muy cuidadoso con la mecánica, muy fino. Quería saberlo todo del coche, tenerlo todo en orden, era como muy ortodoxo. Fue realmente injusto que aquel accidente truncara su carrera deportiva, justo cuando había conseguido un volante oficial que se había ganado a pulso.

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