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Nosotros también podemos ser una fuente de distracción para otros conductores

Nosotros también podemos ser una fuente de distracción para otros conductores
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Como sabemos, las distracciones son la primera causa de accidentes mortales en las carreteras españolas. Por lo general, nosotros mismos somos culpables de nuestras distracciones, por manipular algún dispositivo electrónico, hablar por teléfono o ponernos al volante sin haber descansado lo suficiente.

Pero también podemos ser una fuente de distracción para otros conductores, que sin tener culpa de nada, pueden sufrir algún percance por nuestro propio comportamiento.

Un reciente estudio británico ha querido profundizar en este problema, desgranando cuáles son las situaciones más frecuentes. El estudio en cuestión ha sido publicado por IAM RoadSmart, la principal entidad benéfica de seguridad vial de Reino Unido, y se basa en una encuesta realizada entre más de 1.000 conductores británicos.

El estudio ha tratado de analizar una serie de situaciones comunes en nuestro día al volante, y determinar hasta qué punto son molestos o suponen una fuente de distracción.

Ir demasiado pegado al coche de delante, el comportamiento que más distrae

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Los resultados del estudio señalan que seguir demasiado cerca a otros vehículos es el comportamiento que más distrae a sus conductores en dicho país. En concreto, el 32% de los encuestados afirmaron que ser seguido muy de cerca por otro vehículo les puede llegar a distraer de la circulación. Y es que, según afirman los autores del estudio, tener la imagen del espejo retrovisor ocupada por otro vehículo puede llegar a ser muy desconcertante.

Estas cifras van en la línea de las estadísticas de la institución National Highways, que revelaron que circular demasiado cerca de otro vehículo es un factor presente en uno de cada ocho accidentes de tráfico en Reino Unido.

La institución estima que cuando se viaja a la máxima velocidad por autovía (70 millas por hora, unos 112 km/h), se recorren unos 30 metros por segundo, por lo que se necesitan en torno a 96 metros para poder detenernos sin colisionar con el vehículo que nos precede.

Circular demasiado cerca de otro vehículo está presente en uno de cada ocho accidentes

Esta cifra no es caprichosa. Recordemos que la distancia de seguridad entre vehículos se compone de la suma de la distancia de reacción (la que recorremos mientras tardamos en pisar el freno) y la de frenada (la que necesita el propio vehículo para detenerse).

La distancia de reacción está en torno a unos 25 metros (nuestro tiempo de reacción se estima en 0,75 segundos en condiciones normales), mientras que la de frenada puede estar entre los 65 y 75 metros, según el vehículo. Ambas cosas suman en torno a 100 metros, que es precisamente la distancia que marcan los chevrones de seguridad que vemos en algunas autovías.

No mantener la distancia de seguridad es un feo hábito que cada vez es más fácil de evitar. Los sistemas de control de crucero adaptativos, como el que incluye en Toyota de serie en sus vehículos, nos permiten mantener la distancia de seguridad de manera automática. Podemos escoger nosotros la distancia que queramos y el sistema frenará o acelerará para adecuarse al tráfico.

Acompañantes y niños como fuentes de distracción

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Por su parte, el estudio británico revela que el comportamiento de otros pasajeros (incluyendo niños) es el segundo motivo de distracción al volante por incidencia humana. En concreto, el 26% de los encuestados afirmaron que la presencia de otras personas en el automóvil les puede afectar a su capacidad para concentrarse.

No en vano, desde hace unos años se les denomina “conductores pasivos” a los acompañantes por su capacidad de influir (para bien o para mal) en la circulación.

se les denomina “conductores pasivos” a los acompañantes por su capacidad de influir

Sin duda, el peor comportamiento que puede tomar un pasajero es discutir con el conductor. Ya vimos en este artículo que producir enojo, irritación o crispación en el conductor puede provocar que este desvíe la atención de la carretera o incluso que suelte el volante para realizar gestos y aspavientos.

Con todo, y según el estudio Zen Driving de Prevensis, esta discusión puede reducir la capacidad de atención en un 26% (¡lo mismo que beber alcohol!), y hasta un 41% si es a través del teléfono.

Realmente cualquier tipo de interacción con el conductor puede ser una fuente de distracción, y ya se ha empezado a multar por ello si son acciones innecesarias para la conducción (aunque nos resulte sorprendente).

Hablar en un tono elevado, producir ruidos molestos o reiterados o simplemente realizar indicaciones o correcciones constantes al conductor pueden ser suficientes para reducir su atención.

Los bebés y niños que lloran, gritan o reclaman la atención del conductor pueden tener también una importante influencia. Incluso ir ligero de ropa (o directamente desnudo) puede suponer una distracción a nosotros y a otros conductores, por lo que se han dado casos en los que los “nudistas” han sido multados.

Cualquier interacción innecesaria con el conductor puede ser fuente de distracción

Por supuesto, esto no quiere decir que un conductor vaya a circular más seguro en solitario, y que la mera presencia de un acompañante multiplique las posibilidades de tener un accidente.

Un acompañante responsable puede ser de gran ayuda, manejando el sistema multimedia, comprobando la ruta, buscando aparcamiento o simplemente evitando que nos durmamos al volante.

El tráfico y la conducción agresiva

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El podio de comportamientos que más nos pueden distraer al volante lo cierran los propios de la circulación. En concreto, el 21% de los encuestados señalaron que el tráfico en sí mismo puede ser un factor de distracción, especialmente cuando se ralentiza o interrumpe nuestra marcha por algún motivo inesperado.

Nosotros mismos podemos ser ese motivo inesperado, bien porque provoquemos un atasco, realicemos alguna maniobra incorrecta o, como peatones, crucemos la carretera indebidamente.

Por lo general, los malos comportamientos propios de una conducción agresiva (también llamado “violencia vial”) introducen un factor de distracción en el tráfico.

Discutir con otros conductores o peatones, tocar el claxon insistentemente o conducir de forma intimidatoria pueden generar impaciencia, estrés o enfado en otros usuarios del tráfico. Las situaciones conflictivas en el tráfico se van retroalimentando, multiplicándose las posibilidades de sufrir un accidente.

Según el instituto INTRAS de la Universidad de Valencia, la conducción agresiva multiplica por 10 el riesgo de accidentes con víctimas, y por 30 las posibilidades de sufrir heridas graves. Un problema de violencia vial que, si bien es grave en nuestro país, a nivel global se ha enquistado como la primera causa de muerte violenta en el mundo.

Como vemos, son muchos los casos en lo que nosotros, como conductores, pasajeros o simples peatones, podemos convertirnos en fuente de distracción y, por tanto, de accidente en la carretera. En todos estos casos, lo mejor que podemos hacer para paliar estos efectos es permanecer atentos al tráfico y tratar de tener el control de nuestra circulación.

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