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Esto no se hace. O sea… no se hace. Por dinero que tengas, aunque te rebosen las libras esterlinas por las aurículas, no puedes destrozar un Rolls-Royce Phantom dándole esas coloraciones, disfrazándolo de la bandera de El Vaticano como si fuera un taxi de Andorra y rematándolo con esos vivos en negro como si llevara puesto un twin set de Chanel. Que el glamour no es eso.

Y del capó, el techo y el maletero, ya mejor no hablamos, que parece el típico SEAT Málaga con un cacho de chapa recuperada de un desguace y sin repintar, que encarece. Ni la calandra en oro, como si fuera la piñata de un rapero barriobajero. Que no, hombre, que no. Si hasta el pobre Espíritu del éxtasis parece que se haya pillado una ictericia al ver el resultado de tu obra de arte.

Pero el encanto de este acto de herejía alcanza sus cotas máximas en el interior del vehículo, tras ese cristal de gafas de ir a la nieve. Si tú crees que ese interior y esos acabados son propios del que un día fue el culmen de la elegancia automovilística, para ti la perragorda, pero yo no lo veo normal. Dolorpasión™ ocurre en domingo. Menos mal que aún nos queda el humor británico, ¿no es cierto?

Vídeo | Munch997 (YouTube). Un saludo para Camilo.
Motorpasión | Dolorpasión™: Lamborghini Aventador de color rosa mate

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