
Según se va acercando la comercialización de coches híbridos o eléctricos los fabricantes se apresuran a recordarnos que la propulsión alternativa les interesa desde hace años (sea o no sea cierto). En el caso de Volkswagen, nos tenemos que remitir a los años 70, cuando sacaron una versión transformada de la Transporter T2.
En el año 76 se decidieron a probar con un Volkswagen Golf, de la primera generación, que tenía un motor de 25 CV y baterías de plomo-gel. Alcanzaba 80 km/h y podía hacer unos 70 kilómetros de autonomía, cifras ridículas para el peor coche eléctrico actual. Fue utilizado como conejillo de indias hasta 1986.
Unos años después, aprovechando esta experiencia, se lanzaron a la producción en serie del Volkswagen Golf CityStromer en 1989. Esta vez estaba basado en un Golf de segunda generación, con un motor algo menos potente y transmisión automática. Podía desarrollar 100 km/h, una velocidad decente para circular, aunque no para Autobahn precisamente.





