Hace 71 años, Louis cumplió su sueño de comprar un deportivo. El elegido fue un Porsche 356 y decidió disfrutarlo en un viaje a través de Europa con toda su familia.
Acabó recorriendo 10.000 km acompañado de su mujer y sus dos hijos, la mayoría del trayecto por caminos de grava y tierra porque en 1955 muchas carreteras estaban sin asfaltar.
Acabaron en el norte de Europa y el coche no tuvo ningún problema de fiabilidad
Las redes sociales han popularizado mucho los viajes por carretera. Instagram, TikTok y YouTube se han llenado de vídeos de gente que hace “roadtrips” por todo el mundo y en todo tipo de vehículos, desde campers hasta el Fiat Marea de Fabio Belnome, más conocido como volatadipeluca.
Algunos de estos viajes tienen mérito, como el de Fabio, pero muchos otros son puro postureo y el objetivo al hacerlos tiene más que ver con los “likes” y las visualizaciones que con disfrutar realmente de la experiencia de viajar por carretera, a diferencia de lo que pasó con Louis Malavieille en los años 50.
Este arquitecto y empresario de la industria del vinilo que nació en 1907 y llegó a trabajar en Renault hizo un “roadtrip” espectacular hace más de 70 años, cuando las redes sociales y el postureo no existían, por lo que, lógicamente, hubo cero unidades de postureo en su aventura.
Malavieille era un apasionado de los coches y su sueño era comprarse un deportivo. En 1955 lo cumplió haciéndose con un Porsche 356 1500 S Coupé con matrícula francesa 1945CJ75. Louis también era un amante de la competición y en esa época estaban muy de moda las carreras de larga distancia por carretera, como la Targa Florio, la Mille Miglia o la Panamericana, así que se le ocurrió que la mejor forma de disfrutar de su nuevo Porsche era utilizarlo para hacer un viaje por carretera junto a su familia.
Su objetivo era conducir tan al norte como le fuera posible, saliendo desde la localidad donde vivían: París. Louis, su mujer y sus dos hijos, Patrice y Franc-Loup, de 11 y 13 años, se lanzaron a la aventura y acabaron llegando hasta Honningsvåg, en el norte de Noruega. En total, hicieron 10.000 km, buena parte de ellos por carreteras sin asfaltar.
Porsche ha sacado a la luz esta historia recientemente a raíz de una fotografía que encontró en un foro de Porsche un noruego apasionado de Porsche y Volkswagen que se dedica a restaurar coches de las dos marcas. Se trataba de una imagen en color de un niño posando junto a un Porsche 356 de color plateado a bordo de un ferry en un fiordo.
A este hombre le llamó tanto la atención la foto que quiso saber más. Se puso en contacto con la persona que había subido la foto y resultó ser Jean-Michel Malavieille, el nieto de Louis Malavieille, quien le explicó que el niño de la fotografía era su padre, Franc-Loup, que en ese momento tenía 13 años y estaba llevando a cabo un viaje por Europa junto a su familia en el Porsche 356 que llevaba el ferry.
La historia ha acabado llegando a Porsche y la marca ha aprovechado para entrevistar recientemente a Franc-Loup a través de su revista Christophorus. Ahora Franc-Loup tiene 83 años, pero guarda muy buenos recuerdos de ese viaje: “Eran otros tiempos; no necesitabas un SUV para irte de vacaciones con tu familia”, dice. La única modificación que tenía el coche era unos faros adicionales, como cuenta Franc-Loup: “Mi padre le instaló dos faros antiniebla amarillos para que pudiéramos ver bien durante la noche”.
“Fue nuestro primer gran viaje en familia y nunca nos aburrimos. Además, el 356 nos ayudaba a entablar conversación con la gente del lugar, porque aquel automóvil era una verdadera rareza en esas regiones”, explica Franc-Loup. También habla de la fiabilidad del coche: “Al final del viaje, el coche había recorrido más de 10.000 kilómetros y no se averió ni una sola vez”.
Eso sí, también asegura que hacer ese viaje con un coupé deportivo tuvo sus particularidades: “El asiento trasero había sido retirado para disponer de más espacio para nuestro equipaje y nuestra tienda de campaña. Patrice y yo teníamos que sentarnos sobre él. El calor del motor hacía que nuestro pequeño espacio fuera bastante acogedor, así que pronto olvidamos lo incómodo que era en realidad”.
Para ahorrar, porque los hoteles eran muy caros, pasaban la mayoría de las noches en una tienda de campaña, excepto cuando visitaban ciudades grandes. Parte del recorrido quedó documentado gracias a la cámara Kodak con película a color que llevaba Louis.
La aventura marcó tanto a la familia y el Porsche les dejó tan buen sabor de boca que Louis se compró otro 356 poco después de hacer ese viaje, concretamente un 356 A 1600 de color rojo.
Por su parte, Franc-Loup también es “porschista” y ahora tiene un 911 Carrera 4S 991, al igual que su hijo Jean-Michel (y nieto de Louis). El próximo objetivo de Jean-Michel es encontrar y comprar el Porsche 356 con el que viajaron su padre y su abuelo, pero la búsqueda todavía no ha tenido éxito.
Imágenes | Porsche
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