Es un pozo donde la lay de la gravedad parece suspendida. Coches lanzados a toda velocidad a 10 metros del suelo. Su piloto, solo al volante, sentado en la puerta. En la India, los pozos de la muerte son una atracción enormemente popular. "Estoy muy emocionado. Apenas puedo creerlo. Es peligroso, tan peligroso", explica uno de los asistentes a las cámaras de France24.
Muy popular hace un siglo en EEUU y en Europa, los espectáculos de los pozos de la muerte, o muros de la muerte, siguen muy vivos en India. Y cada vez atraen a más pilotos y aún más espectadores.
"Regreso prometiéndome cada vez que será la última"
En la década de 1910 y 1920, los estadounidenses acudían en masa a los motordromes para contemplar carreras de dos ruedas sobre pistas circulares de madera. Este espectáculo, abandonado hacia los años 1930, siguió siendo muy popular en Gran Bretaña y acabó encontrando su camino hasta la India.
Prácticamente ya no quedan espectáculos de este tipo en EEUU o Reino Unido, pero en la India, hombres y mujeres siguen desafiando las leyes de la gravedad circulando a 60 km/h, en coche o en moto, sobre un muro vertical hecho de tablones de madera. Estos pilotos extremos se sientan en las ventanillas, se agarran varios a la vez o saltan para impresionar al público que asiste a esta tradición de feria por 40 rupias (50 céntimos de euro).
Los pilotos deben lanzarse rápidamente en coche o en moto. La velocidad les permite mantenerse pegados a la pared. Allí encadenan figuras arriesgando su vida con la esperanza de encontrar al borde del pozo la recompensa del público.
Mustakim Kan lleva 25 años realizando sus acrobacias cada noche. Ahora también transmiten este arte a los más jóvenes y los preparan para enfrentarse al pozo, donde el menor error puede ser fatal. "Es muy difícil, muy peligroso. Hay que entrenarse todos los días. Cuando estás ahí arriba, acabas sintiendo vértigo, mareos, y con el miedo se puede uno caer."
Con todo, el riesgo no ahuyenta a nadie. Al contrario: cada vez más jóvenes indios ven en el pozo una vía hacia la fama, impulso que las redes sociales han multiplicado. El fenómeno se disparó el verano pasado cuando el videoclip de un rapero indio, Hanumankind, rodado en un pozo de la muerte con la estrella de la disciplina, Radha, superó las 230 millones de reproducciones. Radha, es una de las poquísimas mujeres que practican ese deporte. Y lleva haciéndolo desde los 13 años.
Y cada vez son más los que quieren su trozo de gloria. Faim es uno de esos jóvenes fascinado con los pozos de la muerte. Con solo 14 años abandonó su aldea y se unió a un grupo itinerante, contra la voluntad de los suyos. "Mi familia hizo todo lo posible para impedirme marchar. Cuando me ven, me dicen que lo deje, pero a pesar de eso, regreso prometiéndome cada vez que será la última", asegura. Entre 5 y 20 euros diarios, un sueldo por encima del salario medio del país, son suficientes para que la promesa nunca se cumpla.
Cuando cae la noche y las luces de la feria se encienden, el pozo concentra a la multitud como ninguna otra atracción. Cada media hora, hasta un centenar de personas se aprietan en las gradas. Faim no se permite pensar en ello: coge velocidad, roza los 50 km/h y tumba la moto hasta la horizontal.
Por unos instantes, la física parece doblegarse a su voluntad. Pero el margen es estrecho. Esa misma noche, otra moto pierde adherencia y el piloto queda tendido en el fondo del pozo; se levanta con dificultad y se va con algunos rasguños, que en este oficio es casi un final feliz.
Es precisamente esa tensión entre el control y el desastre lo que engancha al espectador. Año tras año, la lista de heridos graves en la India se alarga. Y año tras año, hay quienes deciden volver a bajar al pozo cuando anochece.
Imágenes | Koolcombibrazil
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