Rusia construyó en la Guerra Fría el barco de guerra más grande del mundo. Tras casi 30 años en el taller, está listo para sumarse a su ejército

El gigante de la Guerra Fría ya ha regresado a su base y se prepara para asumir de nuevo un papel clave en la Armada rusa

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Irene Mendoza

El inmenso buque ‘Almirante Najímov’ está de vuelta después de pasar 27 años en el “taller”, fuera de servicio. El gigantesco crucero de batalla de propulsión nuclear, construido en la Unión Soviética, acaba de completar una nueva fase de sus pruebas de mar y encara la recta final antes de incorporarse de nuevo a la Flota del Norte rusa.

El regreso llega después de una modernización que debía estar terminada en 2018 y que acabó convirtiéndose en una reconstrucción de enormes dimensiones: ahora, el resultado supera con creces el proyecto inicial. El buque, con 251 metros, está equipado con 80 celdas para misiles de crucero, 96 lanzadores de defensa aérea derivados del S-400 y capacidad para utilizar los misiles hipersónicos Tsirkon.

Un proyecto que debía acabar en 2018 y se convirtió en una reconstrucción

El ‘Almirante Najímov’ entró en servicio en 1988 y operó con la Flota del Norte hasta 1997. Dos años después fue remolcado hasta los astilleros Sevmash, en Severodvinsk, para iniciar una modernización que terminó complicándose mucho más de lo previsto. 

El calendario fue acumulando retrasos y la fecha de regreso pasó de 2018 a 2023, después a 2024 y finalmente a un horizonte todavía más tardío. La magnitud de los trabajos explica buena parte de la demora, pues el barco ha recibido nuevos radares, sensores, sistemas de comunicaciones, generación eléctrica, centros de mando y un sistema de combate completamente renovado. 

También se han sustituido los elementos combustibles de sus dos reactores nucleares: el primero volvió a funcionar a finales de diciembre de 2024 y el segundo a comienzos de febrero de 2025. Dichos reactores conservan su diseño básico de agua a presión de los años 80, pero ahora vuelven a alimentar unas turbinas de vapor capaces de generar aproximadamente 140.000 CV. El coste total estimado de la operación ronda los 5.000 millones de dólares.

Almirante Bis

El buque desplaza unas 28.000 toneladas y tiene una característica extraordinaria: es uno de los pocos grandes buques de combate de superficie con propulsión nuclear y está considerado el mayor buque de guerra de superficie del mundo, excluyendo los portaaviones. Sus 251 metros de eslora dejan espacio para un arsenal de misiles difícil de igualar en cualquier otro barco de superficie. 

El verdadero motivo por el que Rusia está tan interesada en recuperarlo

Para la actualización del ‘Almirante Najímov’ se ha sustituido buena parte del armamento original por lanzadores verticales capaces de emplear diferentes familias de misiles. Entre ellos, Kalibr, P-800 Oniks, y los Tsirkon, los misiles hipersónicos que Rusia ha convertido en una de sus principales armas de ataque naval.

El barco dispondrá además de 96 lanzadores de misiles tierra-aire de largo alcance derivados del S-400, junto con otros sistemas defensivos, torpedos, cañones y capacidad para operar helicópteros antisubmarinos. Su regreso ahora tampoco es casual, pues está destinado a operar principalmente al mar de Barents (entre Noruega y el Ártico), una zona especialmente sensible para Moscú porque allí se encuentra el llamado bastión de sus submarinos estratégicos.

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Desde Severomorsk, el crucero podrá integrarse en el dispositivo encargado de proteger esas fuerzas y reforzar la presencia rusa en una de las áreas marítimas más importantes para su estrategia nuclear. Así, con su vuelta, el ‘Almirante Najímov’ está llamado a sustituir al ‘Piotr Veliki’, su ex gemelo, como buque insignia de la Flota del Norte. De hecho, lleva atracado en Severomorsk desde 2022 y se espera que termine siendo retirado y desguazado.

A partir de entonces, Rusia conservará en activo al último gran representante de una clase de cruceros de batalla concebida durante la Guerra Fría, pero completamente adaptado sobre el papel al arsenal actual. 

Ahora queda la última parte del viaje: completar las últimas pruebas en el mar y realizar los lanzamientos de varios sistemas de misiles como ensayo antes de fijar su entrada oficial en servicio. Después de 27 años, el viejo gigante soviético está a punto de descubrir si toda esa espera ha servido para convertirlo realmente en uno de los buques de superficie más formidables del planeta.

Imágenes | Wikimedia, Shakalia Net Project

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