Italia se ha puesto seria con el gravísimo problema del consumo del alcohol y la conducción. El Gobierno del país transalpino llevaba mucho tiempo queriendo introducir una medida muy dura para evitar que sus ciudadanos cojan el coche después de beber alcohol.
Ahora, esa medida ha entrado en vigor y es un palazo para el bolsillo de las personas a las que la policía cace conduciendo bajo los efectos del alcohol.
La amenaza al bolsillo es la más dura
Italia se ha propuesto cortar por lo sano el problema del consumo de alcohol al volante. Cada año, unas 200 personas mueren en las carreteras italianas por esta cuestión, así que el Gobierno, con el ministro Matteo Salvini al frente, ha decidido endurecer la normativa con el objetivo de disuadir a los conductores de coger el coche después de beber alcohol.
A finales de 2024, el Gobierno hizo una propuesta de ley para modificar el Codice della Strada (su Reglamento General de Circulación) y el Código Penal e introducir la obligación de instalar un alcoholímetro homologado en el coche de las personas que hayan sido pilladas conduciendo bajo los efectos del alcohol. Pues bien, el pasado 24 de febrero, esa medida entró en vigor, quedando excluidas las motos.
Esa infracción ya conlleva una multa y, dependiendo del nivel de alcohol, también la retirada del carnet, pero ahora el palo es todavía más gordo porque, en caso de ser pillado al volante con un nivel de alcohol de más de 0,8 gramos por litro de sangre, el Gobierno italiano te obliga a instalar un alcoholímetro en tu vehículo y el coste del dispositivo y de su instalación lo asumes tú.
Ojo, se trata de un Alcolock, es decir, un alcoholímetro conectado al sistema de encendido del vehículo que solo deja arrancarlo si el nivel de alcohol es cero. Hay que soplar, por lo tanto, cada vez que se quiere arrancar el vehículo.
Cuando el infractor recupera el carnet de conducir tras el periodo de retirada, lo recibe con una indicación de que solo puede conducir vehículos con un alcoholímetro instalado.
Si fue pillado con una tasa de alcohol superior a 0,8 gramos por litro de sangre, estará obligado a conducir vehículos con alcoholímetro durante dos años. Si la tasa superó los 1,5 gramos de alcohol por litro de sangre, ese periodo se amplía a tres años.
Ese alcoholímetro tiene que ser un dispositivo aprobado por el Gobierno. De momento, solo hay dos permitidos, aunque próximamente habrá más modelos. La lista de alcoholímetros homologados se puede consultar en la página web del Il Portale dell’Automobilista y también la lista de instaladores autorizados, así como la lista de modelos de vehículos compatibles con la instalación de cada dispositivo.
Cuando se instala el dispositivo en un instalador autorizado se le pone un sello especial para evitar su manipulación. Si la policía lleva a cabo un control, el conductor tiene que mostrar el documento de instalación original y un certificado de que la calibración del dispositivo es válida.
Además, el Gobierno exige controles periódicos de calibración del alcoholímetro para garantizar la fiabilidad de las mediciones. Esas calibraciones también tienen un coste que debe asumir el conductor infractor.
Ojo, si pillan a una persona que está obligada a instalar este dispositivo sin él, se enfrente a una multa de entre 158 euros y 638 euros, así como a una nueva retirada del carnet de conducir de uno a seis meses. También hay multa por manipular el alcoholímetro y, en caso de ser pillado al volante nuevamente bajo los efectos del alcohol, las sanciones se multiplican por tres.
Imágenes | Unsplash, Fesvial y Volvo
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