La batería es el elemento crítico de un coche eléctrico si hablamos de vida útil: si es de segunda mano, el comprador se pregunta si está cerca de agotar sus ciclos; si es nuevo, si se depreciará demasiado rápido en caso de querer venderlo después. Esto ahora depende de la palabra del vendedor o de lo que prometa el fabricante. Europa lo quiere cambiar con el Pasaporte de Baterías o Battery Pass.
Esta suerte de DNI digital de la batería, que será obligatorio en pocos meses, llega para facilitar la vida a compradores o dueños de coches y vehículos enchufables. Simplemente con escanear un código QR, tendremos acceso a toda la información esencial de la batería: desde el origen de materiales a su rendimiento o degradación.
Un "DNI" para las baterías de coches eléctricos: así funciona el Battery Pass europeo
Este Battery Pass no es una mera recomendación de la UE: cualquier vehículo que lleve una batería con 2 kWh de capacidad o más, tendrá que disponer de este documento digital. Esto incluye pues a coches enchufables (eléctricos y PHEV), pero también furgonetas, motos, bicicletas o patinetes eléctricos. Lo recoge el nuevo Reglamento europeo de baterías, aprobado en 2023, y será obligatorio desde el 18 febrero de 2027. Desde esa fecha no se podrán comercializar vehículos que no dispongan de este pasaporte para baterías.
Este documento estará vinculado al bastidor del vehículo (VIN) y será accesible a través de un código QR ubicado tanto en la batería como en el vehículo (capó, tapa del puerto de carga o en la puerta del conductor). Así, se podrá conocer de primera mano todo lo relevante a la batería al comprar un coche. Pero también durante su uso y mantenimiento, ya sea para cargarlo correctamente para alargar su vida o para los talleres mecánicos de cara a reparaciones.
¿Qué datos mostrará este QR? En el Anexo XIII de esta normativa de la UE se recoge toda la información que debe recoger el Battery Pass, con información detallada de la batería. Se estructura en seis áreas clave, tanto para los dueños de los vehículos como para mecánicos o vendedores:
- Información general de la batería y fabricante. Quién la ha producido, el tipo de batería (modelo y categoría), el número de serie, fecha y lugar de fabricación, el peso del dispositivo y composición de la química.
- Composición de la batería. Lista detallada de los materiales utilizados (materias primas críticas como litio, cobalto o níquel), el porcentaje de materiales reciclados o si incluye sustancias peligrosas. El Reglamento estipula una cantidad máxima de sustancias nocivas en las baterías homologadas en Europa.
- Rendimiento y durabilidad. Capacidad nominal de la batería (amperios hora) y voltaje además de tensión mínima, nominal y máxima con rangos de temperatura. Vida útil prevista (en ciclos y años) y especificación de la prueba realizada, más el límite de capacidad del agotamiento de la batería. También su eficiencia energética (inicial y al 50 % de su ciclo de vida), ritmo de carga, el periodo de garantía comercial respecto a su vida útil y formas de comprobar el estado de salud (SoH) del dispositivo.
- Sostenibilidad e impacto ambiental. Información sobre la huella de carbono de la batería en su fabricación (si se recurrió a energía limpia o renovable o no) y cuanto carbono se generó en el proceso de producción (en g/CO₂). Asimismo información sobre su reparación y posibilidades de reutilización para una posible segunda vida.
- Seguridad. Reflejar todo lo relativo a normas de seguridad y transporte, instrucciones para un correcto y seguro almacenamiento y manipulación, historial de incidencias, averías o posibles defectos detectados durante su utilización.
- Gestión al final de la vida útil. Instrucciones para desmontar el dispositivo de forma segura (procedimiento paso a paso y herramientas necesarias), medidas de seguridad para su reciclaje (retirada y manipulación) o información para identificar componentes y materiales para facilitar el reciclaje.
¿Coches enchufables más caros? Implementar el Battery Pass exigirá costes añadidos para la gestión de datos y su trazabilidad. Dependerá de la tecnología utilizada, pero Circulator, firma especializada en la visibilidad de la cadena de suministro y en la creación de certificados de origen para baterías, estima que supondrá un sobrecoste de entre 8 y 15 euros por vehículo.
Los fabricantes repercutirán este importe en el precio final del coche pero, si esta estimación es cierta, no será excesivamente elevado a cambio de los beneficios que supone a nivel de transparencia y acceso a la información esencial para el uso y mantenimiento de una batería.
Economía circular. Gracias a este pasaporte de baterías, y más allá de todo lo necesario para conocer su estado, mantenimiento o uso, también sabremos qué ocurrirá con el dispositivo cuando el coche esté para el desguace. Desde cómo se reciclarán sus materiales, o dónde, a si se podrá ser reutilizada de alguna manera, por ejemplo en sistemas de almacenamiento energético en hogares, fábricas o puntos de carga.
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