Dos misteriosos rectángulos han sido detectados en mitad del desierto del Gobi, en Mongolia Interior. No en un lugar cualquiera: se han construido en la base china de Jilantai, una instalación clave para la fuerza militar de China, pues es su principal centro de pruebas de su nueva generación de silos para misiles balísticos intercontinentales.
Retratados por imágenes de satélite, no hay comunicación oficial sobre su función. Lo que ha generado un enorme interés entre los analistas es que en nada se parecen, por diseño y tamaño, a los silos de misiles de largo alcance que Pekín ha construido durante los últimos años. Las principales hipótesis apuntan a que podrían formar parte de una nueva capacidad de ataque más rápida y flexible de China. Y las miradas se dirigen a Taiwán.
Estructuras que no se parecen a ningún silo chino conocido
El Instituto de Estudios Aeroespaciales de China (CASI), que pertenece a la Universidad del Aire de la Fuerza Aérea de EEUU, ha sido el primero en alertar sobre estas dos nuevas estructuras equipadas con techo retráctil. En un informe recién publicado se recogen sus características y conclusiones, firmadas por el analista Eli Tirk. "La Fuerza de Cohetes del Ejército Popular de Liberación (PLARF) ha construido un sistema de lanzamiento fijo de tipo desconocido en el primer Distrito de Pruebas y Entrenamiento en Jilantai, que parece capaz de lanzar múltiples misiles".
El análisis muestra su evolución desde 2022, cuando fueron primeramente captados desde el espacio. Las últimas corresponden a enero de 2026, con ambas estructuras ya equipadas con techo retráctil. También pueden verse desde Google Maps.
Tirk afirma que son demasiado pequeñas y poco profundas para albergar misiles balísticos intercontinentales como los DF-31 o DF-41. "Las escasas imágenes disponibles de la estructura terminada antes de la instalación de la puerta de cierre del lanzador limitan una medición más precisa, pero esta estructura parece tener entre 6,4 y 11,8 m de profundidad".
Analistas de la publicación especializada TWZ, en base a otras imágenes de satélite de PlanetLabs, sostienen que los techos escamoteables miden cerca de 20 m de largo y 6,5 m de ancho. Se abren deslizándose lateralmente a lo largo de tres grandes rieles.
Ocultos, protegidos y preparados para atacar más rápido
Con estas características en la mano, la evaluación de Tirk concluye que estas nuevas instalaciones apuntan a tener una profundidad menor que las de los misiles de largo alcance ICBM. Indica que encajarían más con armas de menor tamaño, como misiles balísticos de corto y medio alcance (SRBM y MRBM), misiles de crucero o incluso sistemas hipersónicos como el DF-17. En todo caso, por el diseño de la cubierta y su configuración, son diferentes a los nuevos silos nucleares presentes en Jilantai y en los que China lleva trabajando desde 2010.
Aparte del tipo de misil que puedan albergar, este diseño con techo retráctil refleja la tendencia en general que han adoptado las fuerzas armadas de China: mantener ocultos sus sistemas de lanzamiento hasta el último momento. Así dificultan su detención a la par de protegerlos de ataques de precisión o de drones.
Tirk señala que podrían formar parte de un sistema de lanzamiento vertical flexible, capaz de lanzar diferentes tipos de munición desde una misma plataforma, reduciendo el tiempo para ejecutar varios ataques sucesivos. "Un sistema de lanzamiento vertical permitiría concentrar el fuego para lograr un mayor impacto, reducir la firma radar y mantener la flexibilidad para emplear simultáneamente una variedad de municiones diferentes desde un solo lanzador, permitiendo a estas unidades realizar ataques rápidos contra numerosos tipos de objetivos".
Muchas incógnitas, pero una tendencia clara
Imágenes de satélite captadas por Vantor muestran el nuevo patrón de defensa aérea de China, con estructuras reforzadas y techos retráctiles
Pero la verdadera y gran incógnita es el propósito que tiene China con estas instalaciones. La principal hipótesis que maneja este investigador del CASI apunta hacia Taiwán: si este tipo de lanzadores se construyera en número suficiente, Pekín dispondría de una capacidad de ataque más rápida y masiva contra objetivos taiwaneses, bases estadounidenses en la primera cadena de islas o fuerzas navales desplegadas de EEUU en la región.
Si bien en el informe se reconoce que son muchas las dudas por responder, y que estas estructuras podrían tener una función diferente (como pruebas de nuevos sistemas o que oculten instalaciones subterráneas más profundas), lo que es evidente es la escalada militar desde la República Popular.
Y es que estas instalaciones se añaden a los centenares de nuevos silos para misiles nucleares, refugios reforzados para aviones y aeronaves o instalaciones protegidas tanto en el interior de China como en zonas estratégicas cercanas a la frontera con india o el tensionado mar de China Meridional. En definitiva, apunta a que el gobierno chino está dando forma a una nueva generación de instalaciones militares que, más allá de aumentar su arsenal, aceleran su capacidad de actuación ante un posible enfrentamiento armado.
Imágenes | China Aerospace Studies Institute, Vantor
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