No los vemos, están escondidos por todas partes a nuestro alrededor, lejos de las miradas, y solo son visibles desde el cielo. Son unos “códigos QR” gigantes cuya existencia es desconocida para la mayoría. Y sin embargo, cientos de ellos aparecieron a partir de los años 1930 en distintos puntos de nuestro viejo planeta.
Estos "códigos QR gigantes" que aparecen salpicando el planeta desde hace más de 80 años no son mensajes para extraterrestres ni una broma. Son la infraestructura silenciosa que permitió calibrar cámaras de aviones y satélites espía durante buena parte del siglo XX y que hoy en día siguen cumpliendo con esa función.
Figuras geométricas para constrastar
Google Earth los sacó a la luz a partir de 2011, cuando miles de usuarios empezaron a rastrear desiertos y bases militares en busca de figuras geométricas sin explicación aparente. Cruces de hormigón, rosas de los vientos kilométricas y cuadrículas blancas zigzagueantes aparecieron por todo el mundo, desde Arizona hasta el desierto de Gobi, y también en Europa.
La más fotografiada es la rosa de los vientos de la base Edwards, en California, pintada sobre el lecho seco de Rogers Dry Lake. Tiene 1,22 kilómetros de diámetro, está considerada la mayor del mundo, y sirve de referencia para que los pilotos puedan aterrizar incluso si fallan sus equipos de navegación.
Rosa de los vientos de la base Edwards, California.
La marca no data de los años treinta, como suele repetirse: la desviación magnética grabada en el símbolo coincide con el valor que tenía el campo magnético terrestre en aquel punto en 1956, año real de su construcción, según mediciones hechas con la propia herramienta de Google Earth. Fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1985.
En esa misma base aparecen otras marcas conocidas como "tri-bar". Son grupos de barras blancas de tamaño decreciente donde la barra más pequeña que el satélite lograba distinguir indicaba el límite de resolución del sistema.
El caso más citado, y más mal explicado, es el de las cruces de hormigón de Casa Grande, Arizona. Durante años se atribuyó su construcción a la calibración de los satélites espía Corona, pero el origen real es otro.
A la izquierda, uno de las pocas estructuras de calibración que utiliza colores. Está Shadnagar, India. Arriba a la derecha, en el Stennis Space Center de la NASA Mississippi. Abajo, derecha: el de la base Travis de la USAF.
Formaban parte del Casa Grande Photogrammetric Test Range, una cuadrícula de 272 marcadores de hormigón repartidos en un área de 26 por 26 kilómetros, levantada a mediados de los años sesenta por el Army Map Service estadounidense para calibrar cámaras aéreas de fotogrametría, no equipos orbitales.
En el otro extremo del planeta, en el desierto de Gobi, entre las provincias de Gansu y Xinjiang, aparecen rejillas de líneas blancas pintadas que sí cumplen la función que la leyenda urbana atribuye erróneamente a las cruces de Arizona: calibrar las cámaras de los satélites espía chinos, según el análisis del técnico Jonathon Hill, de la Mars Space Flight Facility de la Universidad Estatal de Arizona. El tamaño de estas rejillas, mayor de lo esperable, sugiere que la resolución de esas cámaras era entonces más limitada que la de sus equivalentes occidentales de la época.
En la actualidad, algunos de estos “códigos QR” gigantes se siguen utilizando. Y es que aunque la resolución de los satélites espías, y no espías, haya mejorado una enormidad en los últimos años, siguen necesitando una calibración.
Los cuadros en blanco y negro de la base de l'Armée de l'Air et de l'Espace de Salon de Provence, Francia.
Aunque estos satélites “están bien diseñados y calibrados antes del lanzamiento, requieren una calibración continua para compensar la degradación que pueden causar efectos mecánicos o eléctricos, o la exposición a radiación ultravioleta. La calibración exige una comparación entre el instrumento de medición y un patrón de referencia absoluto de precisión conocida”, explican desde el Servicio Geológico de los Estados Unidos.
Europa tiene su propio ejemplo, no muy lejos de casa. En la base aérea francesa de Salon-de-Provence, sede histórica de la Patrulla de Francia, un damier de casillas blancas y negras es visible desde el aire. Se trata de “un recurso fundamental para la calibración y validación de instrumentos de teledetección”, explican desde la plataforma del Centro de Excelencia de Calibración y Validación del EROS (ECCOE por sus siglas en inglés) del Servicio Geológico de los Estados Unidos.
Así, la base aérea “cuenta con un patrón de objetivo de cuatro cuadrados, cada uno de 30 metros de lado, con el eje general del objetivo girado tres grados al oeste respecto al norte verdadero. Esta configuración geométrica proporciona bordes de alto contraste esenciales para evaluar la resolución espacial y la precisión geométrica de los sensores de satélite”. Todo ello para evaluar la nitidez de la imagen y el rendimiento de los sistemas ópticos.
Todas estas marcas comparten una misma lógica. Antes de confiar en una imagen tomada a cientos de kilómetros de altura, ya sea por un satélite espía, por los satélites de navegación o de observación del clima, hace falta un punto fijo en tierra con el que contrastar las imágenes. Lo que en 2011 parecía un misterio de Google Earth era, en realidad, la letra pequeña de la carrera espacial y de la vigilancia por satélite del siglo XX y principios del XXI.
Imágenes | Google Earth
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