Costó 2.500 millones y acabó vendido por un centavo: el portaaviones de EEUU que un submarino chino puso en evidencia

En realidad la Armada estadounidense se ahorró millones de euros por su reciclaje

Uss Kitty Hawk
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Alejandra Otero

Un portaaviones, símbolo de poder y supremacía naval de los EEUU, que costó el equivalente a 2.500 millones de dólares actuales, y cientos de millones más en remodelarse, terminó vendido por un mísero 1 centavo. Ríete de la depreciación de los coches de lujo. 

Esta historia, digna de un guion de Netflix, fue real y ocurrió hace apenas cinco años. Y aunque parezca increíble, en realidad fue un buen negocio para la Armada estadounidense. Por si no fuera suficiente, este portaaviones también protagonizó un episodio en el que China le sacó los colores a EEUU.

Un gigante carísimo de 319 metros

El USS Kitty Hawk era un gigantesco portaaviones de 319 m de eslora, capaz de transportar a una tripulación de 4.500 personas y entre 80 y 90 aeronaves. Dio nombre a los de su clase: cuatro titanes concebidos en los años 60 que eran capaces de navegar a más de 55 km/h. Cuenta la leyenda que fue el escenario de rodaje de 'Top Gun', pero no fue así. Aunque este gigante sí que salió en varias producciones de Hollywood en la década de los 60 y de los 80.

Volviendo al plano real, el Kitty Hawk participó en varios despliegues durante la guerra de Vietnam. También estuvo presente en operaciones durante la Guerra de Afganistán. Y fue la pieza central de la presencia naval de EEUU en el Pacífico occidental: estuvo una década, entre 1998 y 2008, frente a la costa de Yokosuka, Japón.

Puesto en servicio en 1961, el USS Kitty Hawk costó 264 millones de dólares de la época, el equivalente a unos 2.500 millones de dólares hoy. Además, a finales de los años 80, EEUU invirtió 785 millones de dólares en su modernización. Una factura que supone una brecha enorme en comparación al precio por el que se vendió después.

USS Kitty Hawk

El día que un submarino chino pasó por delante de sus narices

Cuando rondaba por aguas asiáticas, concretamente realizando unos ejercicios en el Mar de China Oriental, el Kitty Hawk vivió posiblemente el día más vergonzoso de su historia: el 26 de octubre de 2006. Aquella fatídica jornada mostró una vulnerabilidad extrema: un submarino chino de la clase Song emergió a solo 8 km de distancia de este portaaviones, habiendo pasado delante de sus narices sin ser detectado.

En un escenario de batalla real habría quedado a merced de los torpedos del submarino de ser enemigo: un silencioso diésel-eléctrico había conseguido colarse delante de uno de los mayores símbolos del poder naval estadounidense. Tampoco dejó en buen lugar a sus escuderos: en las maniobras lo acompañaban varios buques de guerra, un submarino de ataque y helicópteros antisubmarinos. Ninguno detectó al sumergible chino.

Siendo justos, la vulnerabilidad de los veteranos portaaviones estadounidenses ya se había puesto de manifiesto en otras pruebas: durante unos ejercicios con el submarino sueco HSwMS Gotland ya había comprobado que un pequeño submarino convencional podría representar un riesgo para la seguridad para estos gigantes: el Gotland logró acercarse sin ser detectado y consiguió varios impactos simulados sobre el portaaviones.

Vendido por un solo centavo

Oficialmente, nada tuvo que ver aquel episodio con su retirada. Pero el caso es que tres años después del incidente del Mar de China Oriental, en 2009, el USS Kitty Hawk fue retirado de servicio. Al fin y al cabo, tenía casi 50 años de vida y pertenecía a la última generación de portaaviones convencionales de la Marina: EEUU ya contaba con portaaviones nucleares más avanzados.

USS Kitty Hawk

La Armada lo mantuvo almacenado en Bremerton, Washington y estuvo cerca de tener un honorable final: varios veteranos que estuvieron a bordo de este buque recaudaron fondos para convertirlo en museo en Long Beach, California, junto al Queen Mary. Desgraciadamente los 5 millones de dólares que consiguieron para la causa no eran suficientes: había que descontaminar a este gigante y acondicionarlo, siendo la factura mucho mayor.

La Armada terminó rechazando el proyecto relegándolo a un destino mucho más duro: el desguace. En 2021, se vendió a la firma International Shipbreaking Limited por ese precio que parece del todo inverosímil: un centavo. La misma cantidad pagaron por su hermano, el John F. Kennedy. Una cifra que pone de manifiesto la enorme depreciación de estos gigantes militares cuando llega el fin de su vida útil.

Negocio redondo. Pero, en realidad, fue estupendo negocio para la Marina de EEUU: el remolque y desguace de estos titánicos barcos es tremendamente caro. De hecho, la Armada pagó a esta misma empresa 3 millones de dólares por el desguace del USS Constellation, otro de los cuatro portaaviones de la clase Kitty Hawk. Y dado que ninguna nación estaba interesada en hacerse con los servicios de ambos colosos, obtener un centavo en vez de pagar millones por su reciclaje fue sin duda un buen trato.

En enero de 2022, el Kitty Hawk, ya sin motores operativos, fue remolcado dando un enorme rodeo del Pacífico al Atlántico, ya que era demasiado grande para atravesar el canal de Panamá: bajó por las costas latinoamericanas, rodeó el cabo de Hornos y subió por el Atlántico hasta Brownsville (Texas). Sus últimas 19.000 millas que recorrió en un lento viaje de cinco meses para dejar de existir para siempre.

Imágenes | Creative Commons, Wikimedia, US Navy

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