Este año, el deportivo japonés más puro y auténtico renace con todo lo que los superdeportivos actuales han abandonado

Pininfarina reimagina el Honda NSX con el proyecto Tensei: V6 atmosférico, caja de cambios manual y fiel al espíritu del modelo original

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Daniel Murias

El Honda NSX es uno de esos coches que no necesita presentación, sobre todo si te gustan los coches. Es probable que, como nosotros, te cueste imaginar cómo se podría mejorar un modelo que ya nació casi perfecto. Diseñado para demostrar la superioridad técnica de Honda y con Ayrton Senna poniendo el broche final a la puesta a punto, el NSX no solo desafió a Ferrari y Porsche a crear máquinas que fueran tan emocionantes como prácticas, sino que sentó las bases de lo que hoy entendemos por superdeportivo moderno. ¿Cómo se puede superar algo así? 

Eso mismo pensaba hasta que vi lo que Pininfarina y JAS Motorsport están preparando con este icono de los años 90. 

El antídoto contra los superdeportivos modernos

Presentado en la Milano Design Week, este restomod firmado por Pininfarina y JAS Motorsport, el Tensei toma como punto de partida uno de los grandes incomprendidos de la historia del automóvil. El Honda NSX de 1990 no era simplemente un muy buen deportivo japonés. Demostró que un superdeportivo podía ser exótico sin ser bruto, apasionante sin ser irracional. 

Tenía motor V6 atmosférico central trasero, chasis de aluminio, visibilidad digna de un utilitario y una ergonomía que no exigía una visita en el quiropráctico cada vez que uno se bajaba del coche. 

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Presentado en color rojo, apuntando directamente a Ferrari, el NSX llegó para incomodar, y lo consiguió. Treinta y cinco años después, Pininfarina ha decidido revisitar esa fórmula. No como un ejercicio de estilo, sino para demostrar que sigue siendo un concepto muy válido, incluso quizás más que nunca.

El Tensei parte de unidades originales de principios de los noventa, seleccionadas con criterio. Lo que Pininfarina ha hecho no es aplicar un kit de carrocería encima del original: ha replanteado las proporciones desde dentro hacia fuera. La batalla crece, las vías se abren, el voladizo trasero se recorta, el conjunto desciende y las ruedas ganan protagonismo. 

"Las proporciones son lo más importante para un diseñador. Una vez que entendimos la magnitud de los cambios posibles, el coche casi se diseñó solo", explica Dimitri Vicedomini, responsable del diseño exterior.

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El resultado es un NSX que se reconoce de inmediato, pero bonificado con el tiempo. Los faros escamotables siguen ahí. La toma de aire lateral rectangular, también. El alerón integrado se reinterpreta con contención. Nada falta, nada sobra. Y eso, en el universo del restomod, donde la tentación de exagerar es constante, es un mérito tan difícil de conseguir como de explicar.

Bajo la nueva carrocería de fibra de carbono late el mismo tipo de mecánica que hizo grande al original: un V6 atmosférico asociado a una caja de cambios manual de seis velocidades. Sin turbo. Sin hibridación. Sin promesas de potencias absurdas. En las antípodas, pues, de la segunda generación del NSX, ese ejercicio de ingeniería brillante que muchos admiraron, pero pocos amaron tanto como para comprar uno.

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El mensaje implícito resulta difícil de ignorar. En 2026, cuando los superdeportivos acumulan baterías, pantallas, transmisiones robotizadas y cifras de potencia que empiezan a carecer de significado real, hay quienes prefieren un motor que suba de vueltas, una palanca de cambios que se mueva con la mano y la sensación de que el coche no les lleva, sino que les obedece.

No es casualidad que sea Pininfarina quien firme este proyecto. La casa italiana tiene una historia con Honda que se remonta a 1984, cuando el concepto HP-X anticipó lo que acabaría siendo el NSX. El Tensei cierra ese vínculo con coherencia y sin artificios.

Ensamblado a mano en las instalaciones de JAS Motorsport, cerca de Milán, llegará en una serie ultralimitada que no pretende cambiar el mercado, porque no puede y probablemente tampoco quiere. 

Lo que sí hace es recordar algo que conviene no olvidar, que la emoción al volante no se mide en cifras de potencia ni en tiempo de carga. Que un superdeportivo puede dejar huella siendo equilibrado y que no hace falta ser piloto de pruebas para poder disfrutar a su volante.

Solo falta ver si los renders se convierten pronto en coches reales. La idea ya convence. Ahora toca que los coleccionistas, a los que les gusta conducir, le den la razón.

Imágenes | JAS Motorsport

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