Madrid vuelve a abrir uno de esos debates incómodos que marcarán la transición energética: para fabricar tecnología limpia también hacen falta minas. En las lagunas de Ambroz (entre San Blas y Vicálvaro), donde hoy algunos vecinos pasean y otros se bañan cuando llega el calor, pese a que está prohibido expresamente, se esconde un recurso estratégico para el coche eléctrico y el futuro industrial de Europa.
Hablamos de la sepiolita, un mineral del que España es el único productor de toda la UE y que hoy se considera estratégico por sus aplicaciones en automoción, materiales avanzados y tecnologías ligadas a baterías. La concesión minera de Tolsadeco, en Vicálvaro, llevaba sin actividad desde 2007. Ahora, según Europa Press, la Comunidad de Madrid quiere prorrogar la concesión hasta 2037 para volver a extraerlo.
La laguna de Madrid que ha acabado en el tablero industrial de Europa
El peso industrial de este material ayuda a entender la magnitud del asunto. La planta de transformación situada en Vallecas procesa unas 400.000 toneladas anuales de sepiolita procedente de distintas explotaciones, sobre una producción mundial estimada en 600.000, según cifras trasladadas por la Consejería de Economía a Europa Press. Dicho de otra forma: una parte muy relevante del suministro global de sepiolita pasa por Madrid.
A eso se suma el interés creciente de fabricantes, centros tecnológicos y empresas químicas por la sepiolita, que se estudia por su capacidad para mejorar la estabilidad térmica y la seguridad de las baterías de nueva generación.
En la actualidad, la concesión minera de Vicálvaro ocupa 512 hectáreas y, según el Gobierno regional, conserva las últimas reservas conocidas de sepiolita de máxima pureza. Un detalle clave, porque se trata de la variedad más valiosa para usos industriales avanzados… Cuesta imaginar que durante décadas este mineral fue conocido sobre todo por usos domésticos como la arena para gatos.
Sepiolita, en roca
Hoy se emplea en aditivos retardantes de llama presentes en cableado, tuberías, construcción y componentes de automoción. También permite sustituir materias primas que Europa importa casi por completo de China, como el óxido de antimonio. Además, por su estructura porosa y su estabilidad térmica también se investiga para nuevas aplicaciones ligadas a baterías de coches eléctricos, como separadores más seguros o materiales avanzados para electrodos.
En un momento en el que Europa busca fabricar más baterías dentro de sus fronteras, disponer de minerales propios vale oro. Y sin la prórroga, sostiene la Administración, ese recurso quedaría inaccesible.
De cantera abandonada a choque entre industria y naturaleza
En esa carrera se encuadra MADBAT, un proyecto impulsado por la Comunidad de Madrid para desarrollar componentes de alto rendimiento para baterías junto a centros tecnológicos y empresas. La idea pasa por aprovechar la sepiolita para generar tecnología, industria local y productos de mayor valor añadido.
Los datos económicos que maneja el Ejecutivo regional hablan de 1.120 empleos entre directos e indirectos, 113 millones de euros de facturación y 53 millones ligados a exportación. Según la Comunidad, la actividad industrial asociada llega ya a más de cien países.
El conflicto enfrenta ahora a la Comunidad de Madrid con vecinos de la zona y colectivos ecologistas, que defienden la conservación de este espacio. Para ellos, es mucho más que una antigua mina: tras años sin actividad, la cantera se llenó de agua y acabó convertida en refugio de fauna y símbolo vecinal de renaturalización espontánea en el este de Madrid.
La Comunidad sostiene, sin embargo, que no se trata de una laguna natural, sino de una explotación vallada y señalizada como peligrosa por su profundidad y por terrenos arcillosos que pueden comportarse como arenas movedizas. Por lo que su plan oficial pasa por reactivar la extracción del mineral y restaurar después el entorno con nuevas lagunas permanentes.
El caso de Ambroz refleja una tensión cada vez más visible en Europa: la apuesta por el coche eléctrico choca a menudo con el debate sobre dónde y cómo obtener las materias primas necesarias.
Imágenes | Comunidad de Madrid, Wikimedia
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