Los barcos llevan cientos de años dañando los océanos con su ruido. Ahora Alemania trabaja en unas hélices silenciosas para solucionarlo

El objetivo es frenar la cavitación, el fenómeno físico que convierte las hélices de los barcos en una fuente de contaminación acústica para los océanos

Los Barcos Llevan Siglos Danando Los Oceanos Con Ruido Alemania Trabaja En Unas Helices Silenciosas Para Solucionarlo
1 comentario Facebook Twitter Flipboard E-mail
joel-calata

Joel Calata

Editor
joel-calata

Joel Calata

Editor

Colaborador de Lifestyle y de Trendencias Hombre. Soy ese al que todos le piden tomarles fotos porque me salen cool. Soy editor de moda, fotógrafo en proceso y periodista con diploma. Bebidas frías, días lluviosos y camisas a cuadros. Yep, that's me. Amante del arte y la cultura, me gustan los museos, recorrer la ciudad, los bosques y la música folk.

7 publicaciones de Joel Calata

Cada vez que un barco se abre paso en el mar, no lo hace en silencio. Bajo la superficie viaja un zumbido constante, el de sus hélices empujándolo hacia adelante. Este ruido en realidad tiene raíces mucho más antiguas: se trata de un fenómeno que lo provoca y que empezó a estudiarse nada menos que en 1893.

El problema es que, más de un siglo después, seguimos sin una solución clara para ese sonido grave que puede recorrer kilómetros y alterar la vida de peces, cetáceos y otros habitantes marinos. Ese culpable tiene nombre: cavitación. Y ahora, un equipo de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Kiel quiere cambiar el juego con su proyecto MinKav.

Para entender de qué va todo esto, hay que fijarse en lo que ocurre en las palas de una hélice cuando giran a toda velocidad: al moverse, generan una diferencia de presión entre sus caras: en la parte trasera, la presión cae tanto que el agua literalmente "hierve" sin calor, pasando de líquido a gas, dando como resultado miles de diminutas burbujas de vapor.

El verdadero problema llega justo después: cuando esas burbujas abandonan la zona de baja presión, implosionan de forma violenta y se vuelven un estado líquido, ese colapso genera ondas de presión que se disparan por el agua a gran velocidad. Si impactan contra una superficie, pueden desgastarla seriamente. Y además, todo ese proceso viene acompañado de vibraciones y un ruido muy particular, algo así como si alguien estuviera lanzando grava contra una máquina, un sonido amplio, con frecuencias bajas capaces de viajar largas distancias.

Entre todas las formas de contaminación en el océano, la acústica causada por el ser humano no suele estar en la conversación principal, pero sus efectos están más que probados. Para muchas especies marinas, el sonido no es un extra: es su forma de vivir. Las ballenas lo usan para comunicarse, orientarse y cazar; los peces, para detectar depredadores o reproducirse; y los crustáceos perciben vibraciones directamente en el fondo marino.

Y no es un problema menor. Según la Cámara Internacional de Navegación, hay alrededor de 50.000 buques mercantes operando constantemente en todo el mundo. Todos, sin excepción, generan este ruido como un murmullo global que nunca se apaga. Y aquí viene un giro interesante: reducir la cavitación no solo bajaría el volumen, también podría hacer las hélices más eficientes. 

En otras palabras, menos ruido y menos energía desperdiciada.

El hallazgo clave

El equipo de HAW Kiel ha dado con un detalle importante: el momento más ruidoso no es cuando se forma la burbuja, sino cuando colapsa. Ese "chasquido" final es el verdadero culpable del pico sonoro. Y hay más: cuanto más rápido ocurre ese colapso, más intenso es el ruido.

Para atacar este problema, están trabajando en el Laboratorio de Hidrodinámica Naval con una especie de acuario experimental que incluye una hélice en miniatura. Ahí pueden replicar las condiciones reales del agua alrededor de una hélice. Con micrófonos subacuáticos y cámaras de alta velocidad, están identificando exactamente dónde y cuándo se genera el ruido.

El siguiente paso pasa por simulaciones por computadora, donde prueban diferentes diseños de hélices para reducir la cavitación sin sacrificar rendimiento, eficiencia o durabilidad. Porque sí, la solución más obvia (bajar la velocidad de giro) simplemente no es viable: ningún barco comercial puede darse el lujo de ir más lento.

MinKav arrancó en enero, durará tres años y cuenta con un presupuesto de 390.000 euros. No está mal, pero tampoco es enorme si se piensa en la escala del problema. Y aunque logren una solución prometedora en laboratorio, todavía quedará el reto más complicado: llevarla al mundo real y aplicarla en barcos comerciales. 

Porque una cosa es hacerlo funcionar en pequeño… y otra muy distinta es hacerlo en medio del océano.

Foto de Pagie Page en Unsplash

En Motorpasión | Lo que empezó como un crucero tras jubilarse acabó en una nueva vida: ya han dado dos vueltas al mundo porque “sale más barato que una residencia”

En Motorpasión | China devora tantísimo pescado que ya tiene una solución drástica para ahorrar: dos “portaaviones” para criarlo en alta mar

Inicio