Hay infraestructuras industriales que, cuando dejan de ser útiles, acaban mimetizándose con el paisaje sin hacer apenas ruido, convertidas en fantasmas. Los antiguos silos de cereal que otrora fueron una pieza clave de la economía agrícola de muchos pueblos, son uno de los mejores ejemplos que encontramos en la España rural.
Especialmente en Extremadura, estos gigantes todavía sobresalen junto a carreteras y llanuras como enormes esqueletos de hormigón abandonados. Pero la transición energética les ha encontrado una segunda vida tan inesperada como interesante: convertirse en gigantescos almacenes de energía renovable.
El gran problema en España ya no es producir energía renovable: es guardarla
Esta idea nace como respuesta a uno de los grandes retos de las renovables: qué hacer con toda la energía limpia cuando la red no puede absorberla. En concreto, el proyecto transfronterizo ‘THESILO’ plantea una aprovechar estas enormes estructuras y convertirlas en baterías gigantes para guardar excedentes eléctricos en forma de calor utilizando arena y otros materiales granulares.
Para entender por qué proyectos como THESILO empiezan a ganar importancia, basta ver las cifras del sistema eléctrico español y entender cómo está evolucionando: Según Red Eléctrica de España (REE), durante el último año se instalaron cerca de 10.000 MW de nueva potencia renovable y más de la mitad de toda la electricidad generada en España ya procede de fuentes limpias.
El problema aparece cuando esa producción se concentra en determinadas horas del día, especialmente con la fotovoltaica. En regiones como Extremadura, donde sobra sol durante buena parte del año, hay momentos en los que la red eléctrica no puede absorber toda la energía disponible y surgen los llamados “vertidos”: plantas que tienen que reducir o parar producción porque no existe suficiente capacidad de transporte o almacenamiento. Y la energía se desperdicia.
Algunos análisis del sector eléctrico apuntan además a que gran parte de los nudos de evacuación de la red española empiezan a acercarse a niveles altos de saturación, especialmente en zonas con fuerte crecimiento de las renovables.
La idea: convertir un silo en una enorme batería térmica
Presentado este mismo año, THESILO está coordinado por el Centro Ibérico de Investigación en Almacenamiento Energético (CIIAE) y cuenta con financiación europea a través del programa Interreg España-Portugal. El proyecto manejará un presupuesto superior a 1,5 millones de euros y se desarrollará entre 2026 y 2028 en la región EUROACE, formada por Extremadura y varias zonas de Portugal.
En ese territorio (Alentejo, Centro de Portugal y Extremadura) existen alrededor de 1.050 silos de cereal abandonados; infraestructuras enormes, resistentes y ya construidas que ahora podrían reutilizarse para almacenar energía térmica en lugar de grano. La base tecnológica para ello utiliza sistemas ‘Power to Heat’.
Cuando hay exceso de producción renovable y la electricidad pierde valor en el mercado, parte de esa energía se emplea para generar calor mediante resistencias de alta eficiencia. Ese calor queda almacenado dentro del silo gracias a materiales baratos y muy resistentes a altas temperaturas, como arena o residuos reciclados procedentes de canteras y construcción.
La idea recuerda a las conocidas “baterías de arena” que Finlandia empezó a desarrollar hace unos años para calefacción urbana. En el caso extremeño, el calor almacenado podría utilizarse más tarde en viviendas, industrias o instalaciones agroalimentarias cercanas mediante sistemas de intercambio térmico.
Ahora toca demostrar que funciona a gran escala
El primer piloto real se pondrá en marcha en Torremocha, un pequeño municipio cacereño de menos de 1.000 habitantes, cuyo ayuntamiento ha cedido uno de los antiguos silos locales, abandonado desde hace décadas, para probar el sistema en condiciones reales.
Allí se analizará cuánto calor puede conservar la instalación durante días, cómo responde la estructura original del silo y si la inversión tiene sentido frente a otras soluciones de almacenamiento energético que están ganando terreno, como las baterías químicas o el bombeo hidráulico.
Silo en Mérida
Pero THESILO también tiene otra lectura importante para el mundo rural: reutilizar infraestructuras ya existentes reduce costes y evita nuevas construcciones, mientras que almacenar y consumir energía cerca de donde se produce ayuda a minimizar pérdidas eléctricas. Además, proyectos así pueden atraer inversión, empleo técnico y actividad industrial a zonas que llevan años perdiendo población.
Todavía quedan muchas incógnitas (y trámites) por resolver. Pero el proyecto resume bastante bien hacia dónde se dirige la transición energética en Europa: la necesidad de crear sistemas eficientes para gestionar toda la energía limpia que producimos.
Imágenes | THESILO, UFIvideo
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