La Guerra Fría fue una carrera armamentística sin cuartel, lo que incluyó a los carros de combate: EEUU fabricó casi 16.000 unidades de su tanque estrella entonces: el M60 Patton y sus respectivas variantes y evoluciones. Cuando cayó el Telón de Acero, y con los M1 Abrams ya empezando a sustituirlo, el Ejército estadounidense se encontró con un problema: cómo deshacerse de su inmensa legión de los M60.
Una de las soluciones fue especialmente llamativa: hundirlos en el Golfo de México, frente a la costa de Alabama. Y aunque puede parecer un atentado medioambiental, en realidad fue todo lo contrario: el centenar de M60 Patton que acabaron en el fondo marino ahora son exuberantes arrecifes artificiales.
De chatarra militar a arrecife artificial
Que hoy Alabama tenga uno de los mayores arrecifes artificiales de EEUU es, en gran parte, gracias a estos obsoletos tanques M60. A principios de los años 90, tras el fin de la Guerra Fría. El Ejército de EEUU se encontró con un problema de inventario: necesitaba deshacerse de miles de carros de combate. En el caso de los desplegados en Europa, el Tratado sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE), firmado en París en 1990, le obligó a reducirlos. De ahí que EEUU regalara a España 260 de estos M60 Patton: algunas de estas unidades fueron convertidas en grúas militares por nuestro Ejército de Tierra.
Pero la gran mayoría de este excedente estaba en tierras estadounidenses. Y así nació el programa REEF-EX, que básicamente se centró en reciclar 100 de los viejos tanques M60 creando arrecifes artificiales. Obviamente, no suponía tirarlos al mar y punto: el proceso debía cumplir con la legislación y el protocolo, y contar con la autorización de la Agencia de Protección Ambiental, además de la supervisión de la Guardia Costera.
El hundimiento de los M60 comenzó con seis tanques, que se sumergieron el 1 de junio de 1994. Entre el 25 y el 29 de junio se hundieron otros 58 y, el 26 de septiembre de ese mismo año, las 36 restantes, llegando así al centenar de estos Patton bajo las aguas del Golfo de México.
Previamente todas estas unidades fueron descontaminadas para que no representaran una amenaza ambiental: se eliminaron materiales potencialmente tóxicos como aceites, fluidos hidráulicos o diferentes combustibles. También todo el equipamiento militar, municiones y materiales radiactivos. Estas tareas fueron validadas y supervisadas por la Agencia de Protección Ambiental, además del Departamento de Gestión Ambiental de Alabama o el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos, entre otros.
Reciclar tanques de guerra para crear vida marina
Ese centenar de tanques M60 Patton sigue hoy a entre 21 y 33 m de profundidad frente a la costa de Alabama, en una de las zonas de arrecifes artificiales Hugh Swingle y Don Kelly North, que forman parte de un área de más de 2.500 km². Y que se hayan convertido en un prolífico hogar de fauna marina tiene base científica.
En esa zona, el lecho marino es liso y arenoso, por lo que ofrece pocos refugios para los peces y había poca población. Pero al poner elementos de relieve, en este caso tanques, estos se integran en el hábitat: primero se adhieren corales y esponjas, luego se suman invertebrados como cangrejos, escondiéndose entre sus huecos, para terminar con los peces, atraídos por este alimento. En definitiva, crear hábitats mediante estructuras artificiales.
Estos tanques junto a otras estructuras han aumentado la población de peces en la zona, como por ejemplo el pargo rojo y el pez ballesta gris: son reconocidos por el NOAA como una herramienta de gestión pesquera siendo refugio de alevines y clave para el desove. Alabama ha recurrido mucho a ellos: se estima que su costa acoge más de 10.000 arrecifes artificiales. El Departamento de Conservación y Recursos Naturales de Alabama calcula que este centenar de carros de combate sumergidos cumplirán esta función durante 50 años, así que pueden permanecer allí hasta 2044.
Gigantes militares obsoletos con segunda vida bajo el mar. Estos hundimientos controlados de vehículos militares para convertirlos en refugios para la fauna marina no se limita a tanques: también se han llevado a cabo con gigantes como el inmenso portaaviones USS Oriskany, también nacido en los 60. Fue sumergido en 2006 para crear un inmenso arrecife artificial de más de 260 m de largo frente a la costa de Florida.
No obstante, que las estructuras se limpien y descontaminen antes de hundirlas es esencial para que sirvan como arrecifes y no acaben siendo bombas ecológicas. Sirve de ejemplo el portaaviones São Paulo, antiguo Foch francés y posteriormente vendido a Brasil, que acabó en el fondo del Atlántico en 2023 después de que nadie se atreviera a desmantelarlo: fue sumergido con 9,6 toneladas de amianto y 644 toneladas de pinturas y otros materiales peligrosos. Su hundimiento fue calificado de "desastre medioambiental".
Imágenes | Alabama Department of Conservation and Natural Resources
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