Hace tres años, Fernando y Ana decidieron hacer algo con lo que muchos sueñan, pero pocos se atreven a perseguir: vender su casa, dejar atrás la rutina y convertir una autocaravana en su único hogar. Desde entonces recorren España con una Fiat Ducato Maxi de 27 años a la que llaman ‘La Vaca’, convencidos de que el cambio les ha permitido estirar su pensión, disfrutar mucho más del tiempo y vivir con menos preocupaciones.
La pareja, muy activa en redes y protagonista de una entrevista publicada por COPE, asegura que no solo ha reducido sus gastos desde que vive sobre ruedas. Después de recorrer miles de kilómetros y encargarse ellos mismos del mantenimiento de su vehículo, también tiene una opinión muy clara sobre cómo ha cambiado el sector. Y no precisamente para bien.
“La Vaca”, una autocaravana de 27 años que les cambió la vida
Su casa sobre ruedas es una Fiat Ducato Maxi de siete metros y 27 años de antigüedad: cuando Fernando la compró tenía 84.000 kilómetros y hoy ya supera los 127.000. Lejos de ver esto como un inconveniente, ambos consideran que es una de sus grandes virtudes. “Está muy bien mantenida”, explica Ana, mientras Fernando destaca que conserva muebles de “madera, madera”, una construcción que, a su juicio, es mucho más sólida que la de muchas campers actuales.
De hecho, cree que la búsqueda de vehículos cada vez más ligeros ha cambiado la forma de fabricarlos. “El principal problema que tienen es el peso. Hoy en día les ponen tantos juguetitos, tantas luces y tantos gadgets que hay que aligerarlas”, explica. Según su experiencia, eso ha llevado a utilizar materiales más ligeros y muebles menos robustos. “Rebajan la calidad, hacen maderas más finas... Las modernas se desarman más fácil que las antiguas”, asegura.
Aunque esa es su opinión, la realidad es que la reducción de peso responde en gran medida a una necesidad del sector. La mayoría de las autocaravanas actuales buscan mantenerse por debajo de los 3.500 kilos de masa máxima autorizada para poder conducirse con el permiso B, lo que ha llevado a los fabricantes a apostar por materiales y soluciones constructivas más ligeras sin que ello implique necesariamente una menor seguridad o durabilidad.
“Le dijimos a la vida que se parara”
Fernando reconoce que su cambio de vida no fue una decisión impulsiva: siempre tuvieron la sensación de vivir atrapados en la rutina, con todo girando en torno al trabajo, la hipoteca y las obligaciones. “Estaba un poco harto de la rueda de hámster”, recuerda. Cuando llegó la jubilación, ambos entendieron que era el momento de tomar las riendas de su tiempo. “Le dijimos a la vida que se parara y empezamos nosotros a darle las vueltas que queríamos, no dejarnos llevar”.
Para Ana, el cambio también era una forma de recompensarse después de toda una vida de esfuerzo. “Ya hemos pasado más de la mitad de nuestra vida. Ese pedacito que nos queda queríamos dedicarlo a nosotros”, explica. Desde entonces, aseguran que han descubierto que la felicidad está mucho más cerca de un sendero, un pequeño pueblo o un paisaje que de acumular cosas materiales. “Nos hemos dado cuenta de que menos es más”.
La libertad es, para ambos, el mayor lujo de esta forma de viajar. Si un lugar no les convence, basta con arrancar el motor y buscar otro destino. Suelen evitar las aglomeraciones del verano, prefieren perderse por pueblos pequeños y consumir en los comercios de cada zona que visitan. "Tenemos que comprar comida, butano o cualquier otra cosa, y ese dinero lo dejamos allí", explica Ana, reivindicando además el impacto económico positivo que, a su juicio, genera el turismo itinerante en muchos municipios.
Una forma de vivir que también les ha permitido ahorrar
Más allá de la libertad, Fernando y Ana reconocen que el cambio también ha supuesto un alivio para su economía: Ambos viven de una pensión y aseguran que eliminar gastos fijos como la comunidad, el garaje o muchos de los suministros de una vivienda convencional ha cambiado por completo sus cuentas. “Antes, el día 15 o 17 ya estábamos esperando cobrar la pensión. Ahora nos queda dinero a final de mes”, resume Fernando.
Eso no significa que vivir en una autocaravana sea gratis: el combustible, el mantenimiento o las averías siguen formando parte del presupuesto, y ellos lo saben bien. De hecho, invirtieron cinco meses en reparar una filtración que apareció en una de las paredes de ‘La Vaca’.
Hicieron todo el trabajo ellos mismos y gastaron 1.631 euros, una cifra muy inferior a los presupuestos que habían recibido. Más allá del ahorro, dicen que aquella experiencia les permitió conocer su autocaravana “por dentro y por fuera”, algo que consideran casi imprescindible cuando tu vehículo es también tu hogar.
Tres años después de dar el paso, Fernando y Ana no parecen tener dudas. Cambiar una casa de ladrillo por una autocaravana no solo les ha permitido viajar más o reducir gastos. También les ha dado una forma diferente de entender el tiempo, el dinero y la libertad. Para ellos, el verdadero lujo no está en tener más, sino en poder elegir dónde despertar cada mañana.
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