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Fangio, Colin Chapman y Gilles Villeneuve. Siempre en la memoria.

Fangio, Colin Chapman y Gilles Villeneuve. Siempre en la memoria.
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Bueno, si ya hemos hecho balance de lo que ha sido 2007, tampoco me gustaría pasar definitivamente página sin tener un último recuerdo a tres aniversarios especiales que se han cumplido en este año, y que forman parte de la historia más emotiva de la Fórmula 1. Y vaya tres nombres para presentar este post: Juan Manuel Fangio, Colin Chapman y Gilles Villeneuve. Casi nada.

En primer lugar, en 2007 se han celebrado 50 años desde aquel mítico Gran Premio de Alemania de 1957 disputado en el Nurburgring (el de verdad, el de 22,8 km), carrera que para muchos ha sido la mejor de todos los tiempos. Ese 4 de agosto del 57, Fangio dio la que está considerada como la lección de pilotaje más magistral de la historia, saliendo de cada curva derrapando con las cuatro ruedas, comiéndose con su Maserati 250F (para mí, uno de los coches más bonitos de la historia de la F1) a los más potentes Lancia-Ferarri de Mike Hawthorn y Peter Collins a un ritmo infernal, tras haber estado parado en boxes más de un minuto por un problema en el repostaje. El mismo Fangio lo describe así en su autobiografía: "Hoy he corrido riesgos que nunca antes había corrido y que nunca más volveré a correr. Pero esta tenía que ganarla".

Colin Chapman con su inseparable Jim Clark

El segundo aniversario, es el de los 25 años desde la muerte del gran Colin Chapman. Afirmaría sin ir muy desencaminado que, Enzo Ferrari aparte, nunca un ingeniero/jefe de equipo ha logrado alzar su nombre al de leyenda, como si de un piloto se tratase, como lo ha hecho Chapman. El ingeniero de chasis más innovador y grande que ha dado nunca este deporte, ha estado siempre vinculado a su Lotus, y los "inventos" que llenan su currículum serían la envidia de cualquier ingeniero: el primer chasis monocasco (Lotus 25), primeros experimentos con la tracción total (Lotus 63), el famoso efecto suelo (Lotus 77), el doble chasis (Lotus 88), el primer F1 con suspensión activa... ¡Hasta fue el primero en introducir publicidad en los monoplazas!

Pero si hay algo que siempre me ha impactado de Chapman, es que además de ver ganar en sus Lotus a Jim Clark, Graham Hill, Jochen Rindt, Ronnie Peterson, Emerson Fittipaldi o Mario Andretti, tuvo la desgracia de ver cómo varios de estos nombres perdían la vida en las pistas. Tras el accidente de Peterson en Monza 78, Colin respondió a Peter Windsor cuando éste le dijo que Ronnie hacía gestos y estaba incorporado en la camilla: "Menos mal. No podría soportar otro (en referencia a las muertes de Clark en el 68 y de Rindt en el 70, ésta última también en Monza)". Lamentablemente, Ronnie Peterson falleció en el hospital al día después por una trombosis.

Gilles Villeneuve, un símbolo de Ferrari

Y el último aniversario, y no por ello menos importante, es el de los 25 años de la trágica muerte de Gilles Villeneuve. Hace 25 años, en el circuito belga de Zolder, Gilles Villeneuve perdió la vida en los entrenamientos oficiales intentando marcar el mejor registro, para superar a su rival (y compañero) Didier Pironi. Un impacto a la trasera del March de Johen Mass hizo que Villeneuve saliera despedido por los aires, chocando contra las vallas de seguridad y muriendo pocas horas después en el hospital. Como ya hablamos de esta efeméride en su día, no me extenderé demasiado en comentarla, pero tan sólo me gustaría afirmar que hay pocos pilotos que hayan llegado a ser tan queridos como lo era Gilles, sin haber ganado nunca un título mundial.

Por eso me alegré enormemente cuando Jacques Villeneuve se alzó Campeón del Mundo en 1997. El apellido Villeneuve tenía que estar entre los campeones del mundo, y en esa carrera disputada en Jerez me alegré muchísimo de que, de algún modo, se hiciera justicia. Acabaré con una frase de Gilles que lo dice todo: "Si alguien me hubiera pedido que le confesase tres deseos, el primero hubiera sido ser piloto, el segundo, ser piloto de Fórmula 1 y el tercero, correr para Ferrari". Ferraristas, toca limpieza de babas. ¡Qué grande! No es de extrañar que Gilles tenga su propio monumento en Maranello.

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