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Conducir con alergia, un calvario que se puede mitigar

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En España, las alergias afectan a unos diez millones de personas, de las cuales la mitad aproximadamente conducen un vehículo. Hablamos de unas cifras que impresionan si tenemos en cuenta que cada año mueren en nuestro país unas cien personas en accidentes de tráfico con una alergia de tipo respiratorio como factor concurrente.

¿Es como para asustarse? Hombre, no es eso, pero sí hay que ser consciente de lo que significa sufrir al volante, por ejemplo, una alergia al polen o los ácaros... y de cómo nos ayudan las tecnologías del automóvil a evitar que los síntomas de la enfermedad nos lleven por la calle de la amargura. Algunas opciones en este sentido son más que curiosas.

Los efectos sobre la conducción de las alergias por inhalantes son variados, pero tienen el denominador común de la distracción. En algunos casos, una persona alérgica al polen, a los ácaros, a la piel de los animales o a determinados hongos puede encadenar estornudos hasta perder el control del vehículo. Sin llegar a tanto, la segregación de mucosidad y el lagrimeo reducen la concentración necesaria para llevar un coche entre manos.

Además, se estima que tan solo uno de cada cuatro alérgicos recibe tratamiento por parte de un médico, y si bien los antiguos fármacos causaban efectos secundarios poco deseables, como la merma de las capacidades para conducir, hoy en día la desloratadina es un potente antihistamínico que apenas deja rastro (en lo negativo, se entiende).

Como consejo estándar, se recomienda elevar la protección del alérgico dentro del habitáculo del coche. Conducir con las ventanas subidas, evitar chorros de aire acondicionado directo a los ojos o a la nariz, emplear gafas de sol... La idea es aislar al alérgico del exterior y, así, evitar la entrada de alérgenos en el interior del vehículo.

Alergia a bordo

Ácaro

Y vosotros diréis que los coches hoy en día llevan filtros HEPA para prevenir este problema, y es cierto: los filtros antipolen evitan que entren alérgenos en el habitáculo por los conductos de ventilación... pero poco pueden hacer con los alérgenos que transportamos nosotros mismos en la ropa... o en la piel.

Los alérgicos a los ácaros del polvo y también los asmáticos tienen que combatir contra un ejército de ácaros muertos y también contra sus diminutos excrementos. Sí, da un poco de asquillo, pero en realidad los ácaros del polvo no son más que arañas microscópicas que viven entre nosotros, en la piel humana y en la de los animales, en el sofá, en la silla, en el colchón de la cama... en todo nuestro entorno, vaya.

Se alimentan de las escamas de piel que vamos perdiendo cada día, y por eso nos cogen tanto cariño que no nos dejan ni a sol ni a sombra. Bueno, sí. En realidad los ácaros no viven cómodamente a más de 1.100 metros de altitud, y por eso las altas montañas les van tan bien a los alérgicos y los asmáticos.

En cualquier caso, los ácaros pasan de nuestra piel y nuestra ropa a los asientos de los coches, donde se acumulan hasta que alguien o algo los hace saltar. ¿Y quién o qué los hace saltar? Pues los mismos ocupantes del vehículo cuando se mueven en el asiento, por ejemplo al recolocarse para evitar dolores de espalda o hasta cuando aporrean la tapicería en un intento de seguir el ritmo de la música que suena.

Por eso, hay que felicitarse por las tapicerías que incluyen en sus tejidos potentes agentes antialergénicos que se encargan de erradicar este problema con una eficacia que en ocasiones ronda el 98 %. Además, estos agentes no afectan ni al color ni a la textura de la tapicería del asiento. Su funcionamiento se explica gráficamente así:

Antiácaros en la tapicería, de Toyota

En este sentido, otras propuestas para la mejora del confort dentro del coche son los asientos tapizados con fibras revestidas de sericina, que es una proteína de la seda que reduce la irritación de la piel y las tecnologías relacionadas con la aireación del habitáculo, como el aire acondicionado que suprime el desplazamiento aéreo de las bacterias del moho o el que regula los niveles de oxígeno que entran en el vehículo.

Medidas estándar de prevención contra la alergia

Pero si en nuestro coche no disponemos de todos estos avances tecnológicos contra las alergias, siempre podemos echar mano de los consejos más habituales:

  • ventilar el habitáculo para evitar la concentración de alérgenos en los asientos,
  • pero conducir con las ventanillas subidas,
  • no poner fuerte el aire acondicionado para evitar crisis por el chorro de aire directo,
  • limpieza a fondo de las tapicerías, los guarnecidos y en general todo el interior del vehículo,
  • aspirado frecuente de las tapicerías y las alfombrillas, si es posible usando aspiradoras con filtro de agua,
  • limpieza de los conductos de ventilación y mantenimiento de los filtros antipolen,
  • evitar conducir al amanecer y por zonas húmedas,
  • emplear gafas de sol para evitar lagrimeos y otras molestias,
  • estar atento a los síntomas y detener el vehículo en caso necesario.
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