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Escucha esto y verás que no sólo un V8 suena a gloria

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El viaje, el tránsito de un lugar a otro, ha sido una de las principales fuentes de aspiración artística a lo largo de la Historia. Con la llegada del siglo XX y la revolución industrial, gracias al descubrimiento del motor de explosión y a la progresiva proliferación de vehículos de tracción motora, la preocupación por el viaje, por el tránsito, se desplazó bruscamente hacia la velocidad y la modernidad. El progreso y la fábrica, el humo y los neumáticos, desplazarían así al camino y a los animales como método de desplazamiento. El estallido a mediados de los sesenta de la música Pop colocaría al coche, al avión y al tren al frente de la vanguardia poética, artística y musical.

Es natural, por lo tanto, que el coche y sus componentes, su mitología y sus motores, hayan tenido cierto protagonismo durante el último medio siglo de producción musical. Son muchas las canciones que hablan de los automóviles como forma de vida, de su simbolismo espiritual, y también son muchas las que directamente utilizan sus sonidos, su propia música, como samples o como elementos retóricos. Son tantas, de hecho, que es del todo imposible realizar en este artículo un esbozo de todas ellas. De modo que lo que se presenta a continuación es una travesía por algunas de las composiciones más célebres que hablaron del automóvil y por aquellas donde el motor, el ruido del contacto o de la aceleración, las terminaron por definir para siempre.

Surf y coches: bendito tesoro

Hablar de coches y música contemporánea es hablar, de manera prácticamente inevitable, de Surf Rock. Más adelante veremos como ni siquiera el grupo bandera del género escapó a la obsesión por los automóviles de la época, pero antes es menester citar a algunos de los grupos que hicieron de las carreras, la velocidad y las cuatro ruedas algo mucho más que un elemento simbólico en su música. The Darts, por ejemplo, legaron para la posteridad el disco Hollywood Drag (1963), en el que muchas de las canciones estaban dominadas no sólo por pasajes instrumentales de Surf Rock canónico de los sesenta sino también por constantes pasadas de coches y aceleraciones, especialmente notorias en la homónima 'Hollywood Drag', pero también en 'Alky Burner'.

En su propia portada aparecía un bólido de la época —Hollywood Drag apareció en 1963—, algo que también se puede decir de un grupo muy cercano a The Darts, The De-Fenders, grupo instrumental compuesto por varios músicos de estudios de Del-Fi Records, discográfica dirigida por Bob Keane que también editó a The Darts. The De-Fenders titularon su primer disco Drag Beat, basado, al igual que Hollywood Drag, en las carreras de automóviles de la época que tanto fascinaban a la juventud de California a principios de los años sesenta. Algunos ejemplos destacables son canciones como 'Deuces Wild' y 'Four Banger'.

Otros grupos Surf utilizaron sonidos de vehículos para dar más sabor a sus canciones instrumentales. La canción 'RPM' de The Four Speeds intercala ruidos de motor entre melodías pegadizas —en dicho grupo, que sólo editó un single en el que se incluían dos canciones más, tocaba la batería Dennis Wilson, de los Beach Boys—. 'Inertia' de The Hustlers, 'Hanging One' de The Ramblers o 'Beach Buggy' de The Shut Downs son otros ejemplos de cómo la cultura del motor estaba muy presente en la cultura surf de la época.

Una de las canciones más célebres de The Beach Boys es 'Little Deuce Coupe'. La portada de su álbum no podía ser otra más que el Ford Model B, cuyo modelo de 1932 fue bautizado como Deuce Coupe.

Pero sin duda, hablar del Surf Rock es hablar de The Beach Boys, padres del movimiento social, del género musical y el grupo más talentoso que salió de toda aquella hornada de grupos californianos. Ellos también hablaron de coches y de motos. Una de sus canciones más célebres al respecto es 'Little Deuce Coupe' (1963), incluida en el álbum conceptual del mismo nombre publicado el mismo año. La portada no podía ser otra más que el Ford Model B, cuyo modelo de 1932 fue bautizado como Deuce Coupe. La cosa no quedó ahí: en aquel mismo álbum incluyeron '409', inspirada en un Chevrolet 409 con motor V8.

Un año más tarde, Brian Wilson rendiría tributo a otro de sus vehículos favoritos: una Honda Super Cub. 'Little Honda' sería a partir de entonces una de las señas de identidad de The Beach Boys. Incluida en el álbum All Summer Long, 'Little Honda' ha sido versionada en múltiples ocasiones, destacando por encima de todas ellas, incluso por encima de la propia canción original, la interpretación que Yo La Tengo hicieron de la composición de Wilson.

Motores rugiendo: un recurrente inicio

La decadencia posterior del sonido Surf tras la progresiva decadencia de The Beach Boys no supuso el final del automóvil en la cultura Pop. A partir de entonces, multitud de grupos de toda clase utilizarían sonidos de motores para iniciar sus canciones, ejemplificando de un modo sonoro totalmente reconocible la idea del viaje y el transporte. No era extraño por entonces que grupos tan populares como The Kinks utilizaran el rugido de los motores de los automóviles de ciudad para dar mayor sentido a su relato sobre la opresión que la ciudad ejercía sobre el hombre en 'Apeman'. O que hicieran lo propio, esta vez con motores de avión, en 'This Time Tomorrow', que bien podría pasar por su mejor canción —ambas fueron incluidas en Lola Versus Powerman and the Moneygoround, Part One, publicado en 1970—.

Sobre aviones también quisieron volar The Byrds en '2-4-2 Fox Trot (The Lear Jet Song)' (1966), poniendo a punto los motores de un avión a reacción. De aquella época también data 'Country Honk' (1969), de The Rolling Stones, inconfundiblemente Country e incluida en su célebre disco Let It Bleed. Entre banjos y guitarras acústicas podemos escuchar, al inicio del tema, un leve sonido de automóviles circulando y un claxon sonando. Brigitte Bardot optaría por una Harley Davidson para edulcorar su canción, claro, 'Harley Davidson', publicada en 1967.

Paul McCartney utilizaría, al igual que The Byrds y The Kinks, el recurso del motor de aeronave para introducir la primera canción del White Album, 'Back in the URSS'.

Paul McCartney utilizaría, al igual que The Byrds y The Kinks, el recurso del motor de aeronave para introducir la primera canción del White Album, 'Back in the URSS' (1968). El caso de The Beatles y los coches es especialmente célebre y, en particular, el de McCartney: en una de las composiciones más legendarias del Pop, John Lennon, escribió "he blew his mind out in a car", en supuesta referencia a la supuesta muerte de McCartney en un accidente de tráfico en 1966. 'A Day In The Life' (1967), publicada como última canción de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, sería un homenaje póstumo, de este modo, al miembro perdido. Lejos de teorías conspirativas, lo cierto es que Lennon/McCartney entraron en la historia de "coches y Pop" por la puerta grande gracias a 'Drive My Car'.

Otros grandes de la psicodelia de la época, The Doors, emplearon el rugido de un motor para introducir los primeros acordes de 'L.A. Woman' (1971), además de emplear la idea del viaje por los confines de Estados Unidos para su videoclip. El arranque de un poderoso automóvil sería la base perfecta sobre la que Roxy Music construirían 'Love is The Drug' (1975) y, pocos años después, David Bowie partiría del traqueteo de un tren para desarrollar los diez apoteósicos minutos de 'Station to Station' (1976), en coherente simbolismo con el título de su disco homónimo, distorsionando el ruido de la locomotora hasta engarzarlo con las primeras notas de guitarra y teclado.

El automóvil y el viaje como concepto

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Hemos hablado de sonidos pero no de ideas. Resulta innegable que si ha habido un grupo en la historia profundamente interesado en todo lo relativo a los nuevos retos a los que la humanidad ha hecho frente a raíz de la mecanización y la evolución tecnológica ese ha sido Kraftwerk. Antes de que editaran un homenaje al ajado y viejo continente europeo a través de sus líneas ferroviarias en Trans Europa Express (1977), antes de que reflexionaran sobre la deshumanización del hombre en Die Mensch-Maschine (1978), mucho antes de que la belleza cinética de la Grande Bouclé les fascinara en Tour de France (1983), el grupo de Düsseldorf había explorado las autovías de su Alemania natal en Autobahn (1974).

En los primitivos sonidos electrónicos y evocaciones ambientales de Autobahn, de Kraftwerk, se esconde parte de la belleza del viaje sobre cuatro ruedas.

El inicio del viaje progresivo y plagado de sintetizadores e instrumentos de nuevo cuño, ideados por ellos mismos, se sitúa en el arranque de un motor, a buen seguro alemán, para desplazarse majestuosamente por la primera red de autopistas de Europa. Autobahn bien puede ser un viaje por las carreteras que nosotros mismos queramos imaginar, porque en sus primitivos sonidos electrónicos y evocaciones ambientales se esconde parte de la belleza del viaje sobre cuatro ruedas. Kraftwerk homenajearon al automóvil y a las vías sobre las que se desplaza como ningún otro grupo había logrado antes y como ningún otro grupo ha logrado después.

La idea de la carretera como hilo conductor de un álbum, o al menos como parte indispensable de él para entender su inspiración y su temática musical, es recurrente a lo largo de la historia de la música Pop. Uno de los discos más célebres de todos los tiempos, de hecho, tiene en su título el nombre de una autovía: el mismo sobre el que se cimenta la leyenda de Robert Johnson y la venta de su alma al diablo. Highway 61 Revisited (1965), de Bob Dylan, acudió a la tradición musical sobre tan enigmático punto y, en general, sobre el Country y el Folk, dos géneros ligados al automóvil y al viaje.

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Lo mismo se puede decir de Nebraska (1982), de Bruce Springsteen, cuya portada se tomó desde el interior de un coche y cuyos sonidos son los paisajes nevados, vacíos e inhóspitos de la América profunda, cuyo ser y huella de identidad moderna se resumen, en gran medida, al automóvil. Las reminiscencias del Folk que se va de viaje alcanzan también al siglo XXI. Recientemente, en 2010, The Tallest Man On Earth, utilizó los paisajes de España, desde el coche, para representar gráficamente el espíritu de sus canciones, siempre en rumbo hacia alguna parte, aunque dicho lugar jamás se certero.

Goodsped You! Black Emperor, la enigmática y maravillosa banda canadiense de Post-rock, Ambient, Drone y muchas cosas más, iniciaron su carrera discográfica en larga duración con un relato sobre coches en llamas y conductores ausentes. Sobre una portada que también inspiraba reminiscencias de viaje y carretera, F♯ A♯ ∞ (1997) es posibemente uno de los mejores discos para viajar a través de la España inexistente y de cuantos lugares queráis alcanzar sobre cuatro ruedas, sonidos ambientales de máquinas ferroviarias incluidos.

La juerga, el amor, la evocación

No todo debe ser tan profundo, en cualquier caso. Otro de los géneros inevitablemente ligado al automóvil y al motor es el Metal, y más concretamente las variantes más horteras y estereotipadas del Metal. El Glam Metal, aquel desenfreno constante que atrajo a miles de varones blancos del interior americano hacia las costas del Océano Pacífico, recurrió a las motos, a las chicas y a los coches como forma de plasmar su aspecto juerguista y en absoluto preocupado por las cosas menos triviales de la existencia. Mötley Crüe, acaso la banda mas arquetípica del género, lo dejó claro en 'Girls, Girls, Girls' (1987): chicas y motos rugiendo.

Tiempo atrás, parte de la inspiración remota de los posteriores grupos californianos de Glam Metal ya utilizaba el motor de un automóvil para desarrollar sus canciones. Con el mismo ánimo de celebración y riffs alegres, Mott The Hopple hablaban sobre conducir, quizá huir, ante todo disfrutar de la vida sobre un coche en 'Drivin' Sister' (1973). Madness, el grupo británico de Ska, fingieron interpretar en 'Driving in My Car' una canción utilizando los distintos elementos de un coche, en ritmo tan adictivo como desenfadado. Billy Ocean lo tenía tan claro como Mötley Crüe más o menos por la misma época: 'Get Outta My Dreams, Get Into My Car' (1988) es tan obvia en su título como extremadamente ochentera.

El Hip Hop tampoco ha sido lejano al automóvil: como símbolo de poder o meramente como sample para las bases de las canciones, el coche es parte de la subcultura negra en las zonas más deprimidas de las grandes ciudades de Estados Unidos. Public Enemy (1987), uno de los padres del movimiento y de los grupos del género más relevantes de todos los tiempos, se basaron en derrapes y aceleraciones para construir la base de 'You're Gonna Get Yours', canción dedicada o protagonizada, según como lo quiera ver cada uno, por un Oldsmobile 98.

Public Enemy se basaron en derrapes y aceleraciones para construir la base de 'You're Gonna Get Yours', canción dedicada o protagonizada, según como lo quiera ver cada uno, por un Oldsmobile 98.

Al igual que Krafwerk, Daft Punk también introdujeron el automóvil en la electrónica, aunque en su caso 'Da Funk' optara por evocar paisajes urbanos. Durante los últimos años ha habido otros artistas que han incluido sonidos de motor en sus canciones. Uno de los casos más reseñable, por su evocación psicodélica y su espíritu repetitivo, es el de Panda Bear, miembro de Animal Collective, que utilizó el sonido de un Fórmula 1 para añadir más texturas, capas y detalles a 'Comfy in Nautica' (2007), el tema que abría Person Pitch. El año pasado, Deerhunter hizo de la motocicleta una forma de vida en 'Monomania', la canción excesiva de su álbum homónimo tan divertida como apta para un corazón destrozado.

Las canciones y grupos aquí citados son un resumen, una mera compilación arbitraria en torno a la música Pop y el automóvil. Hay muchos más discos y temas por descubrir en torno a los motores, los neumáticos y la carrocería de un coche, y muchos de ellos serán fantásticos, seguramente. Un repaso a todos ellos es una buena forma de observar el impacto que el coche ha tenido en la cultura moderna, incluyendo también a la música Pop. Una huella indeleble y muy prolífica.

Andrés P. Mohorte
Sobre el autor
Andrés P. Mohorte. Periodista. En mis ratos libres, para reconciliarme con la sociedad, vendo droga en las puertas de los colegios. No sería demasiado productivo introducir aquí mis gustos musicales. Lo resumiré con brevedad: suelo vivir muy a gusto en mis propias contradicciones. Por lo demás, pertenezco al lobby garagero-psicodélico (sempervirens) de Hipersónica, siempre en guardia frente a la invasión progresiva-metalera que pretende erradicar la diversión y la juventud de este mundo.
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