
De niño tenía en casa unos libros de cuentos que me encantaban. Uno de ellos se titulaba ‘Pedro y el lobo’, y venía a decir que como se te fuera mucho la olla con las mentiras que dijeras, en el momento que tuvieras la necesidad de ser creído la gente pasaría de ti tres pueblos y una farmacia. La falta de credibilidad, como origen de muchos problemas.
Por lo visto, ese cuento no lo conocen algunos (soy benevolente) responsables de señalizar las zonas de obras de nuestro país. Sucede que en los últimos días me he recorrido unos cuantos kilómetros por carreteras que hacía tiempo que no transitaba, y me he encontrado con que absolutamente todo estaba patas arriba, y no sólo por la presencia de excavadoras, que también, sino por la curiosa señalización que lo inundaba todo.
Era como si al Pedro del cuento lo hubieran lobotomizado y le hubiesen implantado un chip para hacer de la señalización más surrealista un arma de destrucción masiva cuyo fin último fuera cargarse los cimientos del conductor más respetuoso con las normas que encontrara obras a su paso.

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