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Renault Laguna

Hay gente que desconfía del regulador de velocidad, y después de lo que vais a leer, seguro que habrá más desconfiados. Hace unos días, un señor conducía un Renault Laguna III con adaptación para discapacitados. Se trataba de un viaje de corta distancia pero acabó siendo una pesadilla.

El control de velocidad se activó automáticamente al poco de salir de casa y se quedó fijado en 100 km/h. La reacción lógica de Frank Lecerf fue desconectarlo y frenar (mediante botón), pero lejos de reducir la velocidad del coche, solo consiguió aumentarla. Al final el coche se quedó “atascado” a 200 km/h.

Tras desistir por la vía de los frenos llamó a emergencias. Al ir circulando por autopista evitó una tragedia, consiguió escolta policial y que le abrieran tres barreras de peaje. Al no conseguir ni con asesoramiento técnico que el coche se parase, decidieron esperar a que agotase el combustible.

Renault Laguna volante Control de velocidad en el Renault Laguna III (versión sin adaptar)

Eso ocurrió ya en Alveringem (Bélgica), tras patearse la autopista A-16 desde Pont-de-Metz. La distancia entre ambos puntos es de 226 kilómetros, bordeando la costa de Normandía. Aunque el consumo del coche a esa velocidad es muy elevado, fue un trago bastante amargo mientras duró, le habría gustado ir más justito de carburante.

Pasada la frontera el motor se acabó parando y detuvo el coche en una zanja, resultando herido leve y provocando daños de consideración al coche. De momento se cree que el problema está relacionado con la adaptación hecha al coche para un conductor que no puede usar las piernas.

El regulador de velocidad del coche se desactiva con el pedal del freno —que no usó por razones evidentes— con tan solo acariciarlo, así como con los botones en el volante, pero evidentemente algo no funcionó bien. No se sabe si intentó apagar el motor en marcha, es mediante botón y habría bloqueado la dirección asistida. Quizá ni se intentó esa opción.


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Entonces yo me pregunto, con gran perplejidad, por qué no se le ocurrió a nadie insertar el punto muerto de la transmisión, partiendo de la base de que es un automático y que esa posibilidad la permite cualquier caja de cambios moderna.

Eso no es todo, no es la primera vez que tiene un problema de este tipo (no tan escandaloso) y fue revisado en la casa, donde no encontraron ningún problema. Ahora Frank ha puesto una demanda contra Renault por poner en peligro su vida, aunque la responsabilidad del fabricante del coche está por demostrar.

Afortunadamente, no pasó nada, tuvo la serenidad suficiente para circular a una velocidad a la que nunca iría durante un buen rato sin matarse. De todo lo que pudo salir mal esa vez, se evitó la parte más gorda. La pregunta del millón es, ¿cuál es la causa? ¿La adaptación o el coche?

En Motorpasión | Hay gente con mucha suerte

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