Una cueva de Cantabria escondió durante 16.800 años una vivienda de la Edad de Piedra con más de 4.600 objetos

Todo quedó preservado en la cueva de La Garma, uno de los yacimientos prehistóricos más excepcionales de España

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Irene Mendoza

¿Cómo serían las casas hace casi 20.000 años? Es una buena pregunta que cualquiera podría hacerse, porque representa no solo una estancia, sino una forma de vida.

Pues la cueva de La Garma, situada en Omoño, en el municipio cántabro de Ribamontán al Monte, guarda una. Dentro, una vivienda construida hace 16.800 años, durante el Paleolítico superior, aguardan los secretos de toda una generación de cazadores y recolectores que vivían allí.

Una casa de cinco metros cuadrados escondida en una cueva

Su hallazgo es relativamente nuevo; los investigadores de la Universidad de Cantabria la documentaron en 2023. Lo que encontraron fue una cabaña que ocupa unos cinco metros cuadrados y tiene forma ovalada, sus habitantes utilizaron bloques de piedra y estalagmitas para sujetar una estructura de palos y pieles, apoyada contra un saliente de la pared de la cueva.

Justo en el centro de la vivienda hay una pequeña hoguera, alrededor de la cual se han conservado restos de numerosas actividades cotidianas: desde fabricar herramientas hasta procesar animales cazados, trabajos con pieles…

Vamos, que no se trata de una reconstrucción hipotética de cómo vivían los antepasados, sino que es un espacio arqueológico puro y duro en el que se conservan las evidencias materiales de todo este tipo de actividades.

Prueba de ello son los datos de la Universidad de Cantabria, cuyo equipo documentó un total de 4.614 objetos y restos; la mayoría huesos de ciervos, caballos y bisontes, pero el conjunto también incluye unas 600 piezas de sílex, puntas de armas arrojadizas, agujas, un protoarpón y conchas de moluscos marinos.

Todo ello ayuda a entender muy bien cómo se alimentaban, fabricaban las herramientas y aprovechaban los recursos de su entorno hasta el punto de que no solo se habla de supervivencia, sino que hay objetos que apuntan a la ornamentación y a otras formas de expresión simbólica.

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Por ejemplo, entre esos miles de objetos, hay una falange perforada de uro, un bovino salvaje hoy ya extinguido. Pero en ese hueso, alguien hace más de 15.000 años grabó una representación del propio animal y un rostro humano esquemático; pocas piezas así existen en el Paleolítico europeo, según los propios investigadores. Incluso encontraron colgantes que utilizaban como adornos; pequeños detalles que ayudan a imaginar cómo era la vida entonces.

La clave para que este conjunto haya llegado hasta nuestros días está en cómo quedó aislado; al parecer, un desprendimiento de rocas bloqueó el acceso a esta zona de la cueva, protegiendo el suelo y los objetos que había sobre él. Así, el yacimiento no se pudo descubrir hasta 1995.

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La Garma ha sido, desde entonces, lugar de referencia para la Prehistoria. Y todavía en la década en la que estamos, siguen descubriéndose cosas tan impresionantes como esta cabaña.

Imágenes | Universidad de Cantabria

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