Las imágenes por satélite tomadas por Copernicus no dejan lugar a dudas: la sequía de los últimos años está cambiando el paisaje y hasta el curso de ríos como el Danubio, uno de los más importantes de Europa. Pero este verano las temperaturas extremas han llevado su nivel de agua a mínimos históricos en algunos puntos y han dejado al descubierto desde restos de la II Guerra Mundial hasta huesos de un mamut lanudo.
El problema es que esta exposición del pasado no es la única consecuencia de la falta de agua: el drástico descenso del caudal está complicando el transporte por uno de los grandes corredores fluviales del continente y está poniendo bajo presión a instalaciones que necesitan agua para funcionar. Mientras las autoridades se enfrentan a ese problema, historiadores, arqueólogos y curiosos han encontrado una inesperada cápsula del tiempo.
Ochenta años después, los barcos de Hitler siguen siendo un problema para el río
En la localidad serbia de Prahovo se encuentra uno de los capítulos más inquietantes de esta historia: allí se han hallado los restos de unos 200 barcos alemanes hundidos en 1944, cuando la Kriegsmarine se retiraba ante el avance soviético. Entonces, los propios alemanes decidieron echarlos al agua para impedir que sus embarcaciones y suministros acabaran en manos del enemigo y dificultar de paso el uso de esta importante vía fluvial.
El paso del tiempo hizo que el problema se olvidase en parte, pero no que se solucionase: cuando el Danubio pierde profundidad, los pecios sobresalen de nuevo y se convierten en un obstáculo para los barcos. Además, algunos todavía contienen munición y otros materiales peligrosos, lo que hace especialmente complicada su retirada. Serbia y el Banco Europeo de Inversiones trabajan desde 2024 en la extracción de parte de estos buques, pero ahora la operación requiere extremar las precauciones.
En Budapest, el hallazgo de una bomba llevó a acordonar el puente Margarita para poder retirarla, mientras que en Eslovaquia apareció un proyectil británico de unos 700 kilos que tuvo que ser transportado y posteriormente destruido. En total, los problemas que generan estos restos suponen para Serbia unos 5,75 millones de dólares al año en pérdidas relacionadas con el transporte y el comercio.
Y los hallazgos de guerra no se limitan a los grandes barcos: recientemente, también en Budapest, el fango del Danubio ha permitido recuperar los restos de dos soldados alemanes junto a varias minas Tellermine 35, empleadas contra carros de combate.
El lodo mezclado con gasóleo ha contribuido a conservar los restos en unas condiciones sorprendentes y las placas de identificación de los soldados todavía pueden leerse con claridad. Tras su identificación, ambos serán enterrados en el cementerio de guerra de Budaörs. Junto a ellos también apareció una motocicleta militar alemana (DKW NZ 350-1), un bidón de combustible y unas medallas.
Pero el Danubio también ha retrocedido miles de años
Y si estos hallazgos ya son de por si sorprendentes, en Bulgaria, la bajada del río permitió encontrar una mandíbula, dos colmillos y otros huesos pertenecientes a un mamut lanudo. Los arqueólogos identificaron los restos como pertenecientes a un ejemplar joven de Mammuthus primigenius. Nikolay Nenov, director del Museo Regional de Historia de la zona, señaló a Reuters que “no se trata de un descubrimiento extraordinario, pero sí de un hallazgo relevante para la investigación científica”.
El mamut lanudo vivió en amplias zonas de Europa, Asia septentrional y Norteamérica durante el Pleistoceno y compartió territorio con los primeros humanos. Su desaparición se produjo después de la última glaciación, cuando el aumento de las temperaturas y la transformación del entorno redujeron los espacios adecuados para esta especie.
En otras palabras, el mismo río que ahora está devolviendo motocicletas y barcos hundidos en 1944 también está sacando a la superficie restos de animales que desaparecieron hace unos 10.000 años.
Imágenes | BBC, Reuters
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