Una obra en una vivienda particular de Mérida ha acabado abriendo una pequeña ventana al pasado: bajo el suelo de la casa, los arqueólogos han encontrado una necrópolis cristiana con varios enterramientos, restos de una antigua calzada romana y una lápida funeraria prácticamente intacta que ha resultado ser una auténtica rareza.
Esta lápida está dedicada a Pascentia, una niña de apenas diez años cuya muerte quedó registrada hace más de quince siglos: lo excepcional en este tipo de hallazgos no es que conserve su nombre, sino que permite conocer el día exacto en que falleció: el 18 de mayo del año 519.
Una lápida capaz de poner fecha a una vida de hace quince siglos
Como recoge RVE, el descubrimiento se produjo durante una excavación arqueológica de urgencia realizada antes de reformar una vivienda situada a sólo unos metros de la basílica de Santa Eulalia. Allí aparecieron entre siete y ocho enterramientos, además de una cloaca y una calzada romana que quedaron abandonadas antes de que el lugar pasara a convertirse en una necrópolis cristiana.
Pero todas las miradas las ha acaparado la lápida de mármol dedicada a Pascentia. Según el Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida, la inscripción se conserva en un estado excepcional y ha permitido identificar tanto a la menor como la fecha exacta de su fallecimiento. El texto utiliza el calendario romano y señala que murió “quince días antes de las calendas de junio”, una fórmula que los especialistas traducen al 18 de mayo del año 519.
La excavación arqueológica en una solar de Mérida ha permitido hallar entre siete y ocho enterramientos y, por primera vez en la ciudad, la lápida funeraria de Pascentia, una niña cristina de la época visigoda, con una inscripción completa en la que figura el día de su muerte pic.twitter.com/JzxS6eRFaP
— EFE Extremadura (@EfeExtremadura) July 23, 2026
Este tipo de hallazgos son muy poco habituales, pues más allá del magnífico estado de conservación de la pieza, las lápidas visigodas conservadas suelen pertenecer a obispos o personajes destacados. En este caso, la protagonista es una niña de diez años que, según los arqueólogos, probablemente pertenecía a una familia de alto rango. Su enterramiento junto a Santa Eulalia, la calidad del mármol y el trabajo realizado por un taller especializado apuntan en esa dirección.
La lápida también aporta información sobre las creencias de la época: está decorada con una corona de laurel, dos palomas enfrentadas y un posible crismón, uno de los primeros símbolos del cristianismo. Además, conserva expresiones habituales de la epigrafía paleocristiana, como famula Dei ("sierva de Dios") y requiescat in pace (“descanse en paz”), usadas para honrar a los difuntos.
Además, bajo la necrópolis aparecieron una antigua vía romana y su sistema de alcantarillado, mientras que sobre ella se construyó siglos después un barrio de época islámica. En apenas unos metros cuadrados, la excavación ha permitido reconstruir buena parte de la evolución urbana de Mérida desde el Alto Imperio romano hasta la Alta Edad Media. Y los trabajos todavía no han terminado.
Los restos óseos recuperados serán estudiados para conocer la edad, el estado de salud, la alimentación o las posibles causas de muerte de las personas allí enterradas. Quizá nunca pueda demostrarse si alguno de esos esqueletos pertenece realmente a Pascentia, pero su lápida ya ha conseguido algo extraordinario: devolver el nombre y la historia de una niña que permanecieron ocultos bajo tierra durante más de 1.500 años.
Imágenes | RTVE, EFE
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