Sacar un megayate de 80 metros de eslora y 200 millones de dólares (unos 184 millones de euros) del astillero donde ha sido construido a mar abierto no es tarea sencilla. Y menos cuando para ello se tienen que sortear canales que parecen minúsculos en comparación con su imponente tamaño.
Es lo que ocurrió con el yate de Lawrence Stroll, propietario de Aston Martin F1 y jefe de Fernando Alonso, que protagonizó un viaje realmente impresionante en los Países Bajos desde Aalsmeer hasta el mar, pasando por Rotterdam. El espectacular proceso fue grabado en vídeo y subido al canal de YouTube Dutch Yachting.
Una maniobra milimétrica, en vídeo: así sacaron el yate de Stroll al mar
La maestría con la que el capitán manejó el megayate a través de los estrechos canales holandeses es casi hipnótica, pero también su viaje por carretera.A lo largo de unos 70 km en total, el Faith de Lawrence Stroll avanzó con la ayuda de remolcadores en la proa y la popa, navegando con precisión quirúrgica para evitar cualquier daño en su casco de 80 metros de eslora y casi 14 metros de manga.
Durante el recorrido, el barco salió del astillero Feadship y recorrió primero en el pintoresco pueblo de Alphen, donde su colosal estructura eclipsó casas, iglesias y hasta molinos. Además, el tráfico tuvo que ser interrumpido varias veces para permitir su paso, como sucedió en un puente de carretera levadizo, en una maniobra milimétricamente calculada para que la embarcación no rozara la infraestructura.
Otro momento de alta tensión se vivió cuando el yate enfrentó una curva cerrada en el canal y un giro de 90 grados inmediatamente seguido por otro puente. Como se puede ver en las imágenes, el Faith, cuenta con cinco cubiertas, una piscina, varios bares y un helipuerto en la proa por si se quedan sin hielo.
Este nuevo barco reemplaza al que primero se llamaba Faith y luego pasó a llamarse Sophia, Lawrence Stroll se asegura una embarcación de lujo digna de los puertos más exclusivos del mundo.
Este espectacular traslado no es un caso aislado. Otros magnates, como Jeff Bezos, también protagonizaron escenas similares al llevar sus superyates a mar abierto. Sin embargo, mover una embarcación de casi 80 metros y 200 millones de dólares por canales diminutos, sin margen de error, es una prueba de precisión y nervios de acero que pocos se atreverían a afrontar.
Aunque se dice que ser controlador aéreo es uno de los trabajos más estresantes del mundo, dirigir una operación como esta, con cada maniobra calculada al milímetro y muchos millones en juego, bien podría disputarle el título.
Imágenes | canal de YouTube Dutch Yachting
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