Los psicólogos coinciden: montar en moto es terapéutico. La explicación está en lo que pasa en tu cerebro tras una ruta

La exigencia cognitiva de la moto produce un efecto que se parece más a la meditación que a una descarga de adrenalina

Moto Gas A Fondo
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Daniel Murias

Estudiante, tenían un compañero de piso motero. Yamaha, Honda, Ducati…cambiaba de moto cada año. Y hay algo que decía siempre: "Nunca verás una moto aparcada en la puerta de un psicólogo”. Y no era el único en decirlo, es un dicho muy común en el mundillo de las dos ruedas. 

Entiendo que salir en moto relaja, como nos puede relajar el haber hecho un tramo de montaña o unas tandas en circuito a los enlatados que vamos con cuatro ruedas. Sin embargo, lo que sí se sabe ahora es que tiene más veracidad de lo que parece.

Focus, la moto te obliga a centrarte

Investigadores de la UCLA, en colaboración con Harley-Davidson, midieron qué ocurre en el cuerpo durante una ruta en moto. Los resultados apuntan a una reducción de ciertos biomarcadores hormonales del estrés de alrededor del 28%, mientras que la frecuencia cardíaca sube un 11% y los niveles de adrenalina aumentan cerca de un 27%, valores comparables a los de una actividad física ligera. Es decir, mientras el cuerpo se activa; la cabeza se descarga. 

Conducir una moto es objetivamente más exigente que conducir un coche. Hay que leer el asfalto, anticipar el tráfico, gestionar el peso, decidir trazadas y las consecuencias de una frenada de emergencia mal efectuada en motor no son las mismas que en coche. 

Tomando curva en moto

Todo ello es una tarea cognitiva de alta demanda. Vamos, que en moto hay que ir realmente concentrado, no como en coche donde podemos, por ejemplo, poner música o estar hablando con el pasajero. Y aun así, la mayoría de los motoristas llegan a casa más tranquilos de lo que salieron.

Se podría pensar que la explicación más probable es por la velocidad (siempre más alta que en coche, seamos honestos) y la adrenalina. Pero no, tiene que ver con la atención, la concentración que exige. El mismo estudio observó mejoras en el enfoque sensorial entre los participantes, similares a las que se aprecian en personas que practican meditación o atención plena de forma habitual. 

Conduciendo una moto.

Encima de una moto, el cerebro no puede estar en dos sitios a la vez. No puedes repasar mentalmente una conversación mientras negocias una curva cerrada. No puedes quedarte atrapado en una preocupación si tienes que vigilar ese coche que se va a incorporar y probablemente no te haya visto llegar.

Esta lectura encaja con lo que plantea la investigadora de psicología de la Universidad de Aberystwyth Judith Roberts en un artículo publicado en ‘The Conversation’: la concentración intensa que exige la moto deja poco espacio para la rumiación, ese bucle mental en el que repasamos problemas sin resolverlos.

Según su análisis de la literatura sobre atención plena, el efecto es comparable al que se observa en otras actividades de alta demanda cognitiva, como la escalada. No es que seamos conscientes de ello, pero con el estrés diario de notificaciones, tareas pendientes, conversaciones inconclusas y pantallas encendidas hasta para comer, el cerebro lleva horas procesando estímulos sin resolver ninguno. 

La moto interrumpe este ciclo de forma bastante radical, obliga a estar en un único lugar, en un único momento, haciendo una única cosa. Sólo cuenta el aquí y ahora, de lo contrario no vamos a durar mucho encima de la moto. Para una mente acostumbrada a vivir fragmentada, eso tiene un efecto que varios psicólogos ya describen abiertamente como terapéutico. No es que la moto cure nada, no por ir en moto van a desaparecer los problemas por arte de magia. Es que ocupa el espacio mental de una forma que pocas actividades cotidianas consiguen.

Vale la pena ser preciso: ningún estudio serio plantea la moto como sustituto de tratamiento psicológico. Lo que sí queda bastante claro es que el efecto no es placebo ni romanticismo de motero. Hay ciencia detrás, y los datos empiezan a respaldarlo.

Imágenes | Motorpasión, Jus de Voyage, Gijs Coolen

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