Íñigo Mendia dejó su piso, su trabajo y gran parte de su vida anterior en San Sebastián hace ocho años para hacer realidad un sueño: convertir el viaje en su forma de vida. Ocho años después, sigue viviendo prácticamente todo el año en un camión camperizado y ha conseguido algo que al principio parecía mucho más complicado.
Así lo cuenta en una entrevista con Diego Revuelta para su canal de YouTube, donde enseña el interior del camión y explica cómo organiza su día a día. “Mi sueño era ganarme la vida mientras viajo por el mundo en una camper”, cuenta. Y aunque reconoce que “ahorrarte el alquiler viene muy bien”, deja claro que esa no fue la razón principal que le llevó a cambiar de vida: “Esto lo hago por vicio a viajar”.
De camión de flores a casa sobre ruedas por 35.000 euros
El punto de partida para Íñigo fue cuando compró de segunda mano un camión que se usaba para transportar flores en Murcia y aprovechó una característica que terminó siendo muy útil: “Está aislado para que las flores no se mueran dentro”. La inversión total, incluyendo el vehículo y la camperización, rondó los 35.000 euros.
La vivienda ocupa aproximadamente 4,30 metros de largo por dos de ancho y 2,20 de alto, dentro de un camión que mide unos 6 metros en total. Pero la sensación interior está muy alejada de la de un vehículo preparado únicamente para dormir: tiene cocina con fregadero de tamaño normal, nevera, horno y fuegos de gas, además de cajones y menaje convencional.
Todo, muy bien organizado con soluciones muy prácticas. Además, dispone de ducha, una pequeña chimenea de leña, proyector y una zona de trabajo.
Más de 100 litros de agua para diez días y una cocina como la de casa
Vivir permanentemente en un vehículo como este obliga a controlar recursos que en una vivienda convencional pasan desapercibidos, por eso Íñigo tiene un depósito de algo más de 100 lde agua, suficiente para unos diez días cuando está solo. Lo rellena en fuentes y gasolineras y ha aprendido a consumir lo justo: “Me mojo, cierro el agua, me enjabono y luego me quito el jabón volviendo a abrir el grifo”.
También utiliza el gas como una de las claves para reducir el consumo eléctrico. El horno y los fuegos funcionan con gas y, según explica, una bombona le dura “alrededor de dos meses, con un gasto de unos 3 euros mensuales”. Para el invierno cuenta además con una pequeña chimenea de leña que genera tanto calor que tiene que abrir las ventanas: “Esto es como una sauna”.
Un baño seco y una oficina que cabe dentro del camión
Otro de los elementos que mejor demuestra que este vehículo está pensado para vivir en él es el baño: Íñigo cuenta que no utiliza el tradicional WC químico de muchas autocaravanas, sino un baño seco que separa los residuos líquidos de los sólidos. Utiliza fibra de coco para cubrirlos y explica que, al no mezclarse ambos residuos, apenas genera olores. “Coges la bolsa y no huele realmente”, explica.
La zona de trabajo es “modular” e ingeniosa: puede trabajar directamente con el portátil desde el sofá, pero también montar una pequeña oficina conectando monitor, teclado, ratón y una silla de oficina, según lo necesite. Eso sí, el escenario cambia a su antojo: “¿Qué te parece mi oficina y sobre todo mis vistas?”, dice orgulloso.
Sus gastos básicos rondan los 15 euros, pero esa no es la factura de vivir en una camper
Las cifras que da Íñigo son llamativas, aunque conviene ponerlas en contexto. Él calcula que gasta unos 3 euros al mes de gas y alrededor de 10-12 euros de Internet, de modo que los gastos fijos básicos que cuantifica “rondan los 15 euros”. Pero ahí no están incluidos la comida, el seguro, el mantenimiento del camión, la ITV, los neumáticos, las reparaciones ni otros gastos personales, que no detalla en la entrevista.
El combustible es el otro gasto que sí pone en cifras: durante sus primeros años calculaba una media de unos 200 euros al mes, aunque depende completamente de cuánto se mueva. “En Noruega, por ejemplo, tardé tres meses enteros en hacerme todo el país. Entonces, claro, al conducir poco gastas poco”. Así que el ahorro frente a pagar un alquiler existe, pero los 15 euros no representan el coste real de su vida: son únicamente los consumos básicos que él sí cuantifica.
Primero vivió de sus ahorros y después convirtió el viaje en su trabajo
“Yo empecé de viaje con mis ahorros, pero a la vez que iba viajando, iba probando proyectos distintos para ganarme la vida viajando online”. Después de varios intentos consiguió desarrollar negocios que le permitieron mantener este estilo de vida y hoy su principal actividad está directamente relacionada con el mundo camper.
Su plataforma Camperizando ayuda a quienes quieren transformar un vehículo a encontrar talleres especializados. Además, escribió un libro sobre su experiencia, “Cómo vivir y viajar en furgoneta” que, según explica, ha vendido unas 8.000 copias y llegó a estar entre los más vendidos de Amazon. Después de probar numerosos proyectos, su consejo es bastante gráfico: “Si quieres que algo funcione, monta 10, porque alguno te funcionará”.
Ocho años después, lo que más echa de menos no es una casa más grande
Íñigo pasa aproximadamente diez meses al año en el camión y reserva otros dos para volver al País Vasco, visitar a su familia o hacer viajes de otro tipo. Durante estos años ha recorrido prácticamente toda Europa, además de Australia, el sudeste asiático y Norteamérica. Uno de los lugares que más le ha impresionado es Noruega, aunque ya piensa en el siguiente destino: “Me apetece mucho ir a Islandia”, dice.
Pero vivir así también tiene un precio que no aparece en ninguna factura. “Yo creo que la gente”, responde cuando le preguntan qué echa de menos de su antigua vida: estar con su familia y sus amigos durante todo el año. Aun así, ocho años después sigue sin saber cuándo volverá a una vivienda convencional. Cuando Diego le pregunta qué siente al vivir así, la respuesta resume toda la historia: “Libertad, yo creo que esa es la gran definición”.
Imágenes | Diego Revuelta
En Motorpasión | Vivir en una camper parecía la forma barata de llevar la casa a cuestas. Juanma hace cuentas y dice que gasta más de 1.000 euros al mes
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