¿Qué pasa si juntamos un coche híbrido y una buena nevada? En estas fechas tan invernales, encontrarnos un panorama frío, helado y con incómodas precipitaciones en la forma que sean (nieve, aguanieve o, simplemente, agua muy fría), tiene claras desventajas. Primero, por el estado de la calzada y la adherencia que podamos conseguir con nuestros neumáticos; segundo, porque hay que ambientar el habitáculo del coche, algo que a veces no es trivial porque podemos pasarnos en calorías (y conseguir viajar más incómodos).
El invierno afecta a los coches limitando su autonomía, y reduciendo su capacidad de tracción y su adherencia. Esto ocurre con todos los coches, da igual el tipo de motor que lleven, porque el frío hace siempre que las cosas sean más difíciles. En coches con motor de combustión, el frío hace que sea más difícil arrancar (a veces no es posible), que se consuma más combustible por el uso de calefacción, y a veces porque el firme ofrece más resistencia al avance o porque el viento afecta negativamente a ese mismo movimiento. Es de suponer que en un coche híbrido también notemos cierto descenso de la autonomía.