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La ciudad pide silencio al coche: cómo nos afecta la contaminación que oímos

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La contaminación acústica causada por el tráfico es el segundo problema ambiental de mayor gravedad en Europa, tras la polución, según la Organización Mundial de la Salud.

Hasta más bien hace poco tiempo la contaminación acústica no era tomada en serio como uno de los principales problemas medioambientales de nuestra sociedad. En otros tiempos el ruido era considerado símbolo de modernidad y dinamismo, ya que formaba parte de la vida social y la actividad económica.

La densidad del tráfico es la principal fuente de contaminación acústica por delante de la actividad industrial empresarial y el ruido nocturno

En la actualidad, la tendencia natural extiendo la migración de las zonas rurales hacia las ciudades, que lleva aparejado un incremento de las personas, la circulación de vehículos y como consecuencia de ello, un aumento de las congestiones de tráfico. De hecho, el Foro Mundial sobre Urbanización y Salud de Kobe (Japón) estima que en 2050 el 70% de la población vivirá en las zonas urbanas. También vaticina un incremento exponencial de la población mundial, que pasará de los 7.486 millones de personas a los 9.200 millones en 2050.

El aumento de la población y de la actividad frenética lleva aparejado un incremento proporcional del ruido generado por la densidad del tráfico, principal fuente de contaminación acústica por delante de la actividad industrial, la empresarial y la de ocio nocturno.

Ruido

Efectos del ruido

El ruido puede afectar a las personas en función del lugar, la duración del mismo e incluso en el momento en el que se produzca, llegando en algunos casos a alterar no sólo nuestro estado físico sino también el psíquico.

Uno de los efectos físicos relacionados con la contaminación acústica es la pérdida temporal, progresiva o irreversible, así como trastornos digestivos, desórdenes en el ritmo cardíaco y la presión arterial, entre otros. Sin ir más lejos, una encuesta realizada por la “Environment Agency of the CAM” señala que las personas expuestas a niveles de ruido superiores a 85dB aumentan en un 37% sus problemas neurológicos, en un 12% los musculares y en un 10% los problemas digestivos frente a personas expuestas a niveles inferiores.

Cada día, cerca de 70 millones de europeos, residentes en grandes ciudades, se ven expuestos a niveles de ruido superiores a los 55 decibelios generados por el tráfico

En cuanto a las consecuencias psicológicas que acarrea el ruido nos encontramos con el estrés y la concentración. También puede afectar negativamente a la productividad.

El ruido provocado por el tráfico rodado es un problema que va en aumento, siendo una de las principales fuentes de ruido en zonas urbanas. Cada día, cerca de 70 millones de europeos residentes en grandes ciudades se ven expuestos a niveles de ruido superiores a los 55 decibelios generados por el tráfico, según la Comisión Europea. Además, 50 millones de personas residentes en zonas urbanas sufren niveles excesivamente altos de ruido de tráfico nocturno, que tienen efectos perjudiciales para la salud de 20 millones.

¿Cuál es el nivel de ruido idóneo?

En este sentido cabe señalar, que el nivel permitido por la legislación en decibelios es de 35 al día y 30 a partir de las 11 de la noche. Desde ese punto, el sonido se hace perceptible. Sin embargo a partir de 75 dB, si el ruido es prolongado comienza a comprometer la salud, deteriorando la capacidad auditiva e iniciando en el cuerpo un proceso de desequilibrio, más físico que psicológico, sacando a relucir una mayor irritabilidad, falta de atención, estrés o ansiedad.

La alteración del ruido empieza a ser molesta a los 100 dB y dolorosa a 125dB. Este umbral implica modificaciones en el sistema cardiovascular con variación en el ritmo cardíaco e hipertensión e incluso del sistema digestivo. La mayoría de consecuencias tienen como principal factor el trastorno del sueño o desajustes de la alimentación que llevan a distorsiones oculares, obesidad o depresión.

La OMS ha fijado como objetivo un descenso significativo del ruido, que establece en 40 el tope de dB nocturnos

¿Qué dice la legislación?

La normativa europea cifra en 25 dB los decibelios soportables, mientras que en España la Ley 37/2003, de 17 de noviembre del Ruido dictaminó que los decibelios permitidos en estancias residenciales, administrativas o sanitarias ascienden a 40, siendo 35 el límite en centros educativos o culturales.

La OMS se ha fijado como objetivos para 2020 un descenso "significativo” del ruido, así como un establecimiento a 40 del tope de decibelios nocturnos en los espacios externos.

Madrid

Madrid, entre las ciudades más ruidosas

El hecho de estar expuestos a altos niveles de decibelios hace que los oídos envejezcan mucho mas rápido. Si efectuamos un mapa de ruido encontramos a ciudades como Bombay, una de las ciudades más pobladas del mundo, cuya enorme población y cantidad de tráfico hacen que se superen los 100 dB. El Cairo también tiene un grave problema del ruido con una media de 90dB y que no baja de 70dB, cuando lo aceptable sería situarse entre los 33 y los 55dB.

Madrid recoge niveles de ruido situados entre los 65 dB durante el día y los 70 dB por la noche

Entre las españolas Madrid es considerada una de las ciudades más ruidosas del mundo, a pesar de contar con 3,5 millones de habitantes, con límites de ruido situados entre los 65 dB durante el día y 70 dB por la noche.

Nueva York, la ciudad que nunca duerme, tampoco se queda atrás de la capital de España, todavía hay lugares donde el ruido excede de 85 dB e incluso algunas zonas de la ciudad, como la de Springfield Gardens en Queens, donde los aviones descienden a poca altura sobre las viviendas, exceden con frecuencia los 100 dB.

Buenos Aires también se encuentra en la pomada en lo que a contaminación acústica se refiere, alcanzando la cifra de 65 dB en zonas residenciales y 70 dB en zonas comerciales. Incluso se llegan a alcanzar niveles de polución sonora de 131 dB, que deben soportar los vecinos de Cabildo y Juramento.

Yaris

El Yaris, un ejemplo de silencio en la gran ciudad

La utilización de vehículos híbridos ayuda a disminuir la contaminación acústica, dado que son silenciosos, eficientes y presentan unas bajas emisiones. Tanto que la contaminación se reduce hasta en un 80 por ciento respecto a un coche tradicional.

Los modelos de Toyota son un buen ejemplo de ello, sobre todo el nuevo Yaris, que recientemente ha sido presentado en el Salón del Automóvil de Ginebra.

El nuevo Yaris presenta ahora una conducción mucho más silenciosa, gracias a la implantación de un amplio abanico de medidas, como la instalación de unos nuevos soportes del motor, unos nuevos ejes de transmisión delanteros, un bastidor auxiliar y un sistema de admisión modificado. Y eso no es todo, pues también se ha ajustado su sistema de escape con un nuevo silenciador auxiliar.

Fotos | taerocs2, Víctor Fernández

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