Desorientación (o lo que sea) nivel: hice caso al GPS y me llevó sin querer de Bruselas a Zagreb

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Satélite GPS

Actualización [17/01/13 16:55]

La historia resultaba tan rocambolesca que no podía ser como nos la habían contado. Realmente, Sabine Moreau padece una demencia senil leve que hace que le pasen cosas como esta. Pero no llegó hasta Zagreb, ni siquiera se sabe si llego hasta Croacia. No fue tanto un despiste sino el resultado de su enfermedad. Los hechos los han averiguado y publicado en Gizmodo.

Es una noticia publicada en El Mundo. No en El Mundo Today, aunque pudiera parecerlo. Nuestra protagonista se llama Sabine Moreau, tiene 67 años y es belga. Y está muy mal. Tanto, que cuenta que quiso ir de Erquelinnes a la Estación del Norte de Bruselas y acabó en Zagreb, en Croacia.

A ver… De su pueblo hasta Bruselas hay 95 km todo lo más, según Google, aunque en la noticia original digan que median 150 km. Para el caso, tanto da, porque hasta Croacia son como 1.328 km. 12 horas de despiste, vamos. Porque eso es lo que argumenta la buena señora: que se despistó.


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He visto todo tipo de señales, primero en francés, luego en alemán y finalmente en croata, pero yo continué conduciendo porque iba distraída.

Sí, claro, y yo he visto atacar naves en llamas más allá de Orión. La mujer tenía que ir a recoger a un amigo en la estación del tren de Bruselas, pero por lo visto el amigo no debía de serlo tanto, porque ella fue tirando millas sin reparar en el ligero detalle de tener que repostar dos veces. Mientras, su hijo denunció la desaparición de Sabine Moreau y la Policía se lió a buscarla. No quiero ni pensar en las caras de circunstancias de todos los implicados al resolverse el follón.


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Lo mejor es leer cómo la señora se dio cuenta de que por ahí no iba bien encaminada:

De repente aparecí en Zagreb y entonces caí en que ya no estaba en Bélgica.

¿En serio? Yo ya me habría esperado un poco para confirmar, que a veces con las prisas nos precipitamos y… Nada, sólo lo justo para conseguir llegar hasta el Mar Adriático y meterme dentro con el coche. Claro, que a la buena mujer lo mismo le habría parecido que estaba entrando en un túnel de lavado… ¡Ah, qué grande era Francisco Ibáñez con su Rompetechos! Todo un precursor.

En fin, cuidado con los GPS, que los carga el Diablo… y también con las señoras que se pierden y de pronto aparecen en Zagreb.

Vía | El Mundo, La Vanguardia
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