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Subaru BRZ

Después de conocer en detalle como es el envoltorio y el caramelito que esconde dentro el Subaru BRZ, comienza la segunda parte de la prueba en la que lo probamos en todo tipo de circunstancias, lo ponemos a fondo y sacamos el máximo partido del conjunto.

Esta parte siempre es la más divertida en todas las pruebas de Motorpasión, pero más si cabe en el caso del Subaru BRZ. Sobre el papel, el pequeño deportivo japonés tiene todo lo necesario para brindar grandes dosis de diversión al volante.

Poco más de 1.200 kilos de peso, 4,24 metros de largo y escondido bajo el capó un motor bóxer atmosférico de 1.998 centímetros cúbicos que entrega 200 caballos que van directos a las ruedas traseras cuando llega a 7.400 RPM. Y todo esto unido a una caja de cambios manual de seis velocidades que es una auténtica delicia. ¿Arrancamos?

Subaru BRZ

La llave de contacto brilla por su ausencia en el Subaru BRZ, lógico tratándose de un coche deportivo del Siglo XXI. Así que llevando el mando de apertura en el bolsillo, solo tendrás que pulsar el gran botón situado en la parte baja de la consola central, esperar a que la aguja del cuentarevoluciones llegue al máximo mientras hace el correspondiente check control y a continuación se pone en marcha el motor.

El sonido del bóxer es discreto, nada de grandes rugidos cuando cobra vida. Las vibraciones también brillan por su ausencia y la suavidad de ese primer momento nada tiene que ver con lo que viene después.

El motor tiene un tacto bastante perezoso en la zona baja del cuentarevoluciones, pero dispone de suficiente par abajo como para permitirte rodar en marchas largas por ciudad sin tener que estar constantemente estirando las marchas para tener potencia.

Subaru BRZ

En cuanto haces dos o tres giros con él te das cuenta de que tiene una de las direcciones más directas y rápidas del mercado, algo que se agradece para circular por ciudad y cuando ruedas buscando los límites.

El tacto de la palanca de marchas manual que llevaba la unidad de pruebas (opcionalmente hay otra automática con convertidor de par y levas en el volante) es sencillamente excelente. Los movimientos que hay que hacer son mínimos y es casi imposible equivocarte de marcha tanto al subirlas como al bajarlas.

Así pues hay que reconocer que los ingenieros de Toyota, Subaru y Aisin Al que trabajaron en el desarrollo de la caja manual hicieron lo correcto al decidir rediseñar el 85% de las piezas de la misma tras tomar como base la transmisión manual ya conocida en Toyota.

Subaru BRZ

Al límite es como realmente se disfruta

Ese carácter dócil y manso marcado por el motor atmosférico sin grandes dosis de adrenalina se olvida rápidamente en cuanto comienzas a mantener el pedal derecho bien pisado a fondo a medida que engranas una marcha tras otra.

Sus 200 caballos de potencia no permiten que te pegues al asiento como en otros superdeportivos mucho más potentes, ni te permiten dejar los neumáticos marcados sobre el asfalto a la salida de un semáforo.

En cambio la linealidad y constancia con que los 200 caballos van llegando a medida que la aguja se acerca a la zona roja es excelente e incita a pisarle una y otra vez. Si a esto unimos que el sonido del motor en admisión está debidamente amaestrado para que llegue al habitáculo a través de un manguito de resonancia, tenemos motivos más que de sobra para pisarle a fondo siempre que podemos.

Subaru BRZ

En una carretera de curvas con buen firme, os aseguro que es difícil resistirse a la tentación. Es una delicia pisarle a fondo a medida que metes marchas hacia arriba y ves como esa enorme paellera de izquierdas se acerca.

Gracias a unas suspensiones muy firmes y a un equipo de frenos que encaja a la perfección con las aspiraciones del coche (discos de 294 mm. de diámetro en el eje delantero y 290 mm. en el trasero), las apuradas de frenada son una constante también adictiva. El coche por muy fuerte que pises el pedal de freno mantiene la compostura y te permite encarar las curvas con confianza.

Las suspensiones (MacPherson delante y doble triángulo detrás) son muy firmes y eso le penaliza un poco en cuanto a confort cuando ruedas en carretera o haces muchos kilómetros al volante, pero al mismo tiempo te permite trazar las curvas a una velocidad alta.

Subaru BRZ

Marcas la trazada con la dirección, buscas el vértice de la curva y el coche va directo a dónde le indicas mientras unos leves desplazamientos de la carrocería hacen que la adrenalina suba de forma exponencial.

Esos movimientos de los que hablo son parte de la esencia del coche, pero en cuanto te acostumbras a ese comportamiento juguetón lo convierten en uno de los coches más divertidos de conducir de cuantos he tenido entre mis manos en los últimos tiempos.

Es un coche que te incita, cuando ruedas por una carretera divertida, a buscar el límite constantemente. Pero lo mejor es que lo haces sin ponerte nervioso porque sabes que todo está bajo control y no necesitas unas manos demasiado expertas para pasártelo en grande y que se esboce una sonrisa en tu cara.

Subaru BRZ

La tracción trasera es una de las claves de que sea un coche tan divertido, de eso no me cabe duda. A pesar de que la potencia y que esta se entregue tan arriba no hacen de él un coche perfecto para hacer deslizar la trasera a la salida de las curvas, cuando llueve todo cambia por completo.

Estarás deseando que llueva

En configuración normal el Subaru BRZ rueda con los controles de tracción y estabilidad activados. Estos están tarados de forma que es casi imposible que actúen por exceso de ganas del conductor excepto cuando es estrictamente necesario.

Pero el control de estabilidad VSC tiene dos modos más para aquellos que quieren forzar derrapadas. Pulsando levemente el botón VSC Sport situado en la consola central, los controles de estabilidad y tracción adquieren un rango de actuación mucho más permisivo, perfecto para cuando ruedas haciendo tandas.

Subaru BRZ

Casualmente durante la prueba, estaba conduciendo por una de mis carreteras de curvas favoritas de las afueras de Madrid cuando una tormenta casi perfecta hizo que anocheciese antes de lo previsto sobre mi. Justo estaba probando hasta que punto ese modo deportivo del VSC te permite pasártelo bien cuando las primeras gotas comenzaron a humedecer la carretera.

Os aseguro que hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien con un coche en carretera. Las derrapadas controladas a base de gas y contravolante son lo habitual cuando la carretera está mojada. No hace falta forzar las situaciones, sino que ellas mismas llegan solas.

Fue entonces cuando el Subaru BRZ me convenció por completo de que es un coche desarrollado íntegramente para que sus propietarios disfruten de la conducción pura que parecían haber perdido el resto de sus compañeros de gama por la incursión de la electrónica. Y lo mejor de todo es que esta se puede desactivar casi por completo pulsando el botón VSC durante tres segundos.

Continuará…

En Motorpasión | Subaru BRZ, prueba (exterior e interior)

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