Manuel Carrasco, experto en limpieza de coches: "limpiar el parabrisas por dentro como si fuera una ventana de casa es un error"

El método correcto: parabrisas seco, usar limpiacristales y una bayeta de carbono.

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Daniel Murias

Manuel Carrasco lleva años al frente de Wash Car, su centro de lavado y detailing en Palma de Mallorca, y hay un fallo que ve repetirse cada semana. Y soy uno de los que cometía ese error...hasta hoy. Básicamente, limpiaba el parabrisas por dentro igual que limpiaba una ventana de casa. 

El resultado, asegura el experto, es el contrario al buscado. Veladuras, cercos circulares y una pátina grasienta que reaparece en cuanto el sol pega de frente. 

Un parabrisas no es una ventana

No es una cuestión estética. Es que con el sol de frente, lo que hace el astro rey es iluminar la grasa que hemos dejado en el interior del parabrisas. Y esa capa de grasa dificulta la visibilidad, la cual ya no era muy boyante con el sol de frente. 

Se estima que en torno al 90% de la información que maneja un conductor le llega por la vista, así que un cristal sucio no resta solo nitidez, resta segundos de reacción. Y el parabrisas interior es, con diferencia, el cristal que más rápido se ensucia, porque el aire que mueve la ventilación arrastra hacia el habitáculo partículas contaminantes del exterior que van depositándose capa a capa. En invierno, con la calefacción encendida de forma constante, el proceso se acelera.

limpieza coche parabrisas

¿Y cuál es el error? Carrasco señala directamente al paño de microfibra, el gran aliado de la limpieza doméstica y del coche, como responsable de buena parte de esas marcas que no se van ni insistiendo. 

El motivo no está en el tejido en sí, sino en cómo acaba tratado en casa. Suele lavarse junto al resto de la colada y absorbe restos de suavizante, que luego transfiere al cristal en forma de halo. Por eso su recomendación pasa por una herramienta menos habitual en el maletero, la bayeta de carbono, que deja un acabado sin residuos.

El método que aplica en su centro empieza retirando en seco el polvo y la grasa adheridos a la superficie, antes de aplicar cualquier líquido. Sólo entonces entra el limpiacristales, que se remata con la bayeta de carbono para evitar que quede película.

Carrasco añade además un producto antivaho específico, distinto del limpiacristales convencional que se encuentra en cualquier supermercado. Su función no es solo dejar brillo, retrasa la reaparición de la grasa y evita el empañado, lo que se traduce en visibilidad sostenida en el tiempo, no solo en el momento de la limpieza. Si no se dispone de él, Carrasco admite que el amoníaco diluido funciona como remedio casero para desengrasar, aunque insiste en que el antivaho da mejor resultado.

Sobre la frecuencia de limpieza, recomienda repetir la operación cada dos semanas, siempre en seco y con el cristal templado por el sol, condición que facilita que la suciedad se despegue mejor. Según su experiencia, el contraste que perciben los clientes al volver a conducir con el parabrisas bien tratado es inmediato, especialmente cuando el sol incide de lleno sobre el cristal.

Imágenes | Karola G, Kagan Karatay

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